Opinión

Una batalla tras otra

Redacción local

El grito de Nico Williams en un partido en San Mamés
El grito de Nico Williams en un partido en San Mamés de los leones de Ernesto Valverde. (Foto: Athletic Club)
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BilbaoEs el pensamiento único de un aficionado del Athletic Club… ¿Cuánto queda? Porque esta liga que se nos está haciendo bola, es más larga que una semana sin pan. No digo nada de lo que pasará por la mente de los jugadores que se arrepienten tras perpetrar los delitos y empiezan a desear las vacaciones en marzo, o de Ernesto Valverde al que podrían haber dado el Oscar por “Una batalla tras otra” que es el resumen de su año.

Nuestro míster que con el calendario en la mano, al más puro estilo de mariscal de campo, atisba el horizonte liguero sabiendo que debe elegir sin mucho margen de error cuáles de las 10 batallas pendientes son las más asequibles. Primero para sumar los presidenciales 42 puntos para salir de una vez por todas del laberinto de mal futbol en que se ha metido el Athletic y segundo para ver si asomando la cabeza al salir del dédalo divisa alguna bandera blanca para encontrar definitivamente a los tres equipos que lo están haciendo peor para poder recoger el campamento, los bártulos y enfilar el regreso a los cuarteles de invierno.

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En Ibaigane se esta viviendo un reality show al mas puro estilo ‘Supervivientes’, donde todos los participantes forman parte de una de las mejores plantillas de LALIGA sobre el papel, pero bien sea por las lesiones o por la borrachera de fútbol de años anteriores, la resaca con la que vemos deambular por el campo a nuestros jugadores nos hace plantearnos si realmente estamos entre los elegidos para representar a la liga en su particular festival Euro-futbolero sin dar el cante.

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Y es que la cantinela general es más antigua que el candado de una Lambretta: ganamos para clasificarnos o dejamos ir otras competiciones paralelas para salvar la cosecha con cierto relajo.

Este año ha sido tan canalla que nos hemos planteado hasta esa pregunta de perdedores; si merece la pena pelear por algo más que la salvación, reduciendo todo el Sentimiento Athletic a un sentimiento de armonía con uno mismo, de no querer meterse en líos que nos provoquen un infarto o simplemente un mal fin de semana.

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Porque si hay algo cierto en todo esto es que el juego que nos transmiten, que nos están regalando cada jornada los leones de Lezama nos pone literalmente enfermos.

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¿Qué nos está haciendo el Athletic Club esta temporada?

Tenemos desgana crónica, nos altera la tensión, los más temerosos padecen de pirrilera matemática, nos quita el apetito y hemos caído como en los folletines decimonónicos en una eterna melancolía del futbol que se veía en el pasado perfecto, tan distante de este deslavazado ejercicio de falta de tensión, a años luz de unas pizarras y estrategias tan previsibles como la intención de un niño con un rotulador ante una pared recién pintada.

Este año el socio del Athletic ha perdido cinco años de vida, se le ha clareado el pelo y no será por animar porque en eso somos campeones del mundo

Hasta tal punto que podríamos hacer nuestro el ‘Never walk alone’, ese himno icónico llegado de Liverpool, el “Nunca caminarás solo” porque viendo la asistencia en otros campos en los que nos chulean a deshoras equipos con plantillas de corta y pega, podría ser lo único reseñable de esta temporada que nos ha invitado a soñar con Europa o con otra final copera.

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Pero un aficionado del Athletic Club no tira la toalla hasta que no ve que su boxeador ha perdido las cejas

Aquí todos quieren ser el 'Conquistador del fin del mundo'. Todavía ayer, hablando en alegre francachela con dos buenos amigos, me aseguraban que ahora jugando como vamos a jugar tres de los próximos cuatro partidos en San Mamés, si encarrilamos estos duelos domésticos- empezando por un convencimiento rayano a un feligrés de ‘Cuarto milenio’ de que ganaremos sí o también al Real Betis- no cabe la menor duda de que nos meteremos de nuevo en una competición continental.

¿Y quien soy yo para ponerle puertas al campo? Acaso soy Abqar acariciando sin voluntad con la zona restringida del gigante Sorloth para contradecir a mis colegas. Mientras unos prefieren mirarse la tensión partido a partido, otros cargan toda su artillería verbal, porque antes de jugar si que es cierto que no nos gana nadie, y optan por disputar batalla tras batalla hasta el éxito final. Es un deporte y todo puede pasar.

.- Por Patxi Herranz, Periodista de El Correo y Radio Popular