Con un Athletic a lo loco y liberado de corsés por Valverde, se vive mejor

Ernesto Valverde recalca la mayor aportación de Nico Serrano al Athletic: "Te lo garantiza"
Una gran noticia es que Iñaki Williams ha recuperado la punta de velocidad
Penúltimo en la tabla, o sea, vicecolista, llegaba el Levante UD a San Mamés. Cuidado con las apariencias, engañosas a menudo. 18 puntos atesoraba el cuadro granota. A siete puntos del Athletic Club, que se podrían quedar en cuatro si el equipo de Luis Ferreira de Castro asaltara la Catedral. Reclutado el joven [45] entrenador portugués a finales de diciembre. Para el curso actual y el siguiente. Confianza plena, pues, en su trabajo analítico, su tendencia ofensiva y la apuesta por la cantera.
A un Levante "competitivo" debería hacer frente Ernesto Valverde. Ya de inicio, moviendo la pelota de manera autoritaria, con criterio y soltura, como si veinte años después San Mamés estuviera obligado a revivir aquel dramático final del 'Bienio Negro'. El azar, sin embargo, se alió con los leones poco más allá del primer cuarto de hora. Fue Paredes, acaso Galaxy [qué locura], el que asistió desde la larga distancia a Iñaki Williams sabedor del que el mayor de los hermanos había recuperado la velocidad, enrabietado tras la profanación de su mural.

Le retó a Alan Matturro al sprint definitivo. El central, contagiado por las leyes que regían el 'fútbol vintage', aplicó la máxima de "el balón o el delantero habrán de pasar, pero no ambos elementos a la vez". Y como la pelota la había dado por perdida, se enganchó a Iñaki, cayendo ambos al verde como dos enamorados antes de su separación. En minoría, el lusitano Ferreira de Castro se dijo, "Ni un paso atrás". Fiel a la promesa que le quedaba por cumplir.
Coherencia. Aunque no le resultara sencillo frenar las acometidas del Athletic, cuya vanguardia había salido reforzada de la apuesta [por fin] de Txingurri, al permitir el intercambio dinámico de posiciones entre Nico Serrano, Iñaki y Nico Williams, e incluso Guruzeta. "A lo loco se vive mejor", que seguimos cantando los que resultamos atrapados por el modo de entender el fútbol de Marcelo Bielsa.

Aún sin ceder, el Levante se vio obligado a soportar los dos goles de Guruzeta. De cabeza, el primero, mandando a guardar el esférico tras un pase magistral de Galaxy. Con su pie derecho, el segundo, tras recibir un envío de Iñaki Williams, que había recibido un saque de lujo, a campo entero, de Unai Simón.
Liberada de los grilletes la línea de tres, el ataque del Athletic seguía fluyendo. No cedía, sin embargo, Luis Castro. Su propuesta, innegociable. Inferiores en número, que no en juego. Ni siquiera en fútbol. El partido, "Dueño de quién", me preguntaba. Y la respuesta era el continuo 'recuerdo' de que Txingurri, a pesar de su ventaja en número de efectivos y goles, no había sido capaz de construir un puente de plata por el que invitar a su enemigo a la huida. Un Levante tenaz, tozudo, hábil como nadie para hidratarse con el agua que conseguía robarle a los 'aguadores' que se asentaban más allá de los límites del campo.
El Athletic, sin un puente de plata sobre aguas turbulentas...
El puente de plata fallido. El agua robada. Instalado en el campo de batalla el ejercito del lusitano Castro, cualquier cosa podía pasar. Como que Elgezabal, Urdulizen semea, empalara una soberbia chilena cual bala feroz al centro del combate. Era la fe, que movía montañas incluso en una planicie rectangular. Estaba ya Selton en el partido cuando el Levante se puso a un solo gol de arruinarle la tarde al Athletic.

"El fútbol es una equis". De ello se acordó Adama Boiro, diana fácil para el dardo en la palabra de un sector amplio de la prensa. Robó en su costado izquierdo. Asistió a Selton, que esperó lo debido antes de ampliar el campo hasta Serrano a fin de que el Nico emergente le 'cruzara la cara' a un portero australiano [3 - 1]. Y ni así.
Porque Luis Ferreira de Castro le negaba a los suyos el Puente de Plata que el Athletic no había edificado. Y aun le quedaba agua en los bidones. Cinco minutos después. Tan sólo. Porque "la vida es eterna en cinco minutos". Te recuerdo, Olasagasti, la pelota en el aire, tendida, rendida a tu pierna izquierda, de la bota el empeine con un ligero toque exterior. Golpeo de lujo al que Unai Simón no le hizo ascos. 93'. (3-2).
Por una cuestión de principios se mantenía en pie el Levante de Castro. Porque tenía que ser más fuerte que todo dolor y todo sufrimiento se fajaba el Athletic. Por no ser rehén del miedo de otros tiempos. Fue así que Selton se elevó para ganar un duelo. Que Iñaki Williams controló, manejó y, con la precisión de un reloj de la 'Joyería Egaña', le entregó a Navarro la pelota para que Robert le cruzara la cara por cuarta vez a Matthew Ryan.
"Éste es el famoso Athletic". "El famoso Athletic Club". En lo bueno y en lo malo. 'Unique in the world'. 'Munduan, bakarra'
Datorren asteazkenean, finalera iristeko aurreneko txanda. San Mamesen, Athletic eta Erreala, nor baino nor. Goazen Athletic... Goazen Athletic... Goazen Athletic!!!
.- Por Kuitxi Pérez García, Periodista y exjugador del Club Portugalete