El motivo por el que Ernesto Valverde no se despidió al final de la temporada pasada del Athletic

Notas Athletic 2025/26: Yuri, Guruzeta y Unai Simón, los mejores (Parte I)
Kuitxi se pregunta y contesta por qué renovó Valverde si intuía una temporada dramática
Debió, a mi parecer, haberse despedido de 'su Athletic' Club la ‘fucking legend’ Ernesto Valverde a la conclusión de la temporada 2024-2025. A lo grande. Con 70 puntos. Cuarto en la tabla. Posición a la que se agarró durante muchísimas jornadas. El equipo, con él al frente, por segunda vez metido en Champions League. El escenario ideal para decir, Agur betiko, Athletic. No lo hizo, sin embargo. Por qué…
En esta concluida campaña 2025-2026, con 45 puntos, tres por encima del descenso marcado por el Real Mallorca, Ernesto había visto las orejas al lobo incluso antes de que el Universo Athleticzale empezara a preocuparse por un descenso que habría destrozado los cimientos sobre los que asienta un edificio de 128 años. "Hay que alcanzar cuanto antes los 42 puntos". Presidente, Jon Uriarte, y entrenador, entregados a la misión de la permanencia.

El escenario, sin embargo, no cambiaba para el Athletic Club...
El equipo, como si tratara de batir el récord de la pérdida de partidos en el torneo liguero. Ernesto Valverde ya no se aguantaba: "La situación es preocupante". Y no lo era en ese preciso momento en el que exteriorizaba su preocupación. "Viene de lejos". El tiempo, entonces, retrocedió violentamente hasta el comienzo de LaLiga. Dejó a un lado las tres primeras victorias consecutivas. Se enredó en la pretemporada.
Hizo un descanso en el verano asfixiante y trepó por la hiedra del castillo erigido con el prestigio y el dinero que prometía disputar la mejor competición europea. El tute de la liga había sido tremendo. Mantener el pulso liguero y agarrarse a la Europa League hasta caer vapuleados en Old Trafford en una semifinal descompensada.
Era el momento de la despedida. Valverde, sin embargo, en un gesto de amor tremendo al Athletic, firmó el contrato que Jon Uriarte Uranga le puso en la mesa.

Por qué lo hizo si, su intuición y, sobre todo, la experiencia acumulada por sus años, le anunciaba un futuro espeluznante. Lo hizo porque, llegado el momento de sufrir a manos llenas, entendía que con otro entrenador el Athletic tenía todas las de perder. Se precisaba apego. Conocer el Club. Sentimiento de pertenencia.
Para que, cuando llegara la hora, el pulso no le temblara. Que supiera que el relevo en el banquillo no sería la solución. Ahí te quiero ver, Athletic. Ahí te quiero ver, Valverde. Del cuarto puesto y los 70 puntos, a la hazaña que supondría salvar la categoría. Porque el camino sería una selva llena de espinas a recorrer con el físico muy mermado.
A saber. El tremendo esfuerzo físico continuado hasta clavar el cuarto puesto. Iniciar el curso con el pecho ya muy cargado y deshecho. Las lesiones, una a una, como la gota malaya que se ceba con una cabeza que no conoce. El dique seco, que ya habitaba Beñat Prados, se fue poblando con todo tipo de jugadores ocupando diferentes demarcaciones.
La factura que pasa el éxito recién conquistado. "No hay atajo sin trabajo", que decía aquella mujer mientras ascendíamos el Castro Valvera cántabro.

Las derrotas se sucedían ante una dura crítica social que cerraba los ojos ante la desnudez del equipo. El trabajo de la Champions, el duro trabajo. Cuando Valverde confesaba que "nos roba energía para la liga", la parroquia, escandalizada, seguía exigiendo Champions y repetir el cuarto puesto de la liga anterior. Valverde, perdónalos, porque no sabían lo que decían.
Cuando los lesionados regresaban se les exigía un rendimiento inmediato. Ante el vicio de exigir, la penitencia de seguir purgando en la antesala del infierno. Cuando las derrotas eran legión, saltó la alarma en todas las 'ciudades estado' que tiene el Athletic Club repartidas por el globo. Y al frente, Ernesto Valverde, el que podría haberse retirado con una corona de laurel, la que adorna la frente de los héroes.

Y si no lo hizo, fue porque, llegado este crítico momento, nadie como él, así como lo fueron Javier Clemente y Mané en el Bienio Negro. Cuando añadir derrotas no importaba, sino sumar los puntos que aseguraran la salvación.
En la txanpa final, el [2-4] ante el Deportivo Alavés en Mendizorrotza se asemejaba al [1-5] del estadio Insular ante la UD Las Palmas. El empate que la Real Sociedad le robó al Girona de Michel en Montilivi supuso la permanencia. Ese logro por el que Ernesto Valverde había renunciado a su propia gloria por el bien supremo del Athletic Club.