El misil de Nahuel Molina y los guantes de Musso sostienen al Atlético en casa

El argentino le dio los tres puntos a los de Simeone
El pellizco de Abqar a Sorloth en sus partes que le costó la roja directa con el VAR
El partido del Atlético de Madrid ante el Getafe CF fue, en realidad, una pequeña historia con dos protagonistas claros. Primero apareció el trueno. Después, el escudo. El trueno fue el disparo de Nahuel Molina. El escudo, los guantes de Juan Musso. Entre ambos escribieron el guion de una victoria rojiblanca en el Riyadh Air Metropolitano que empezó con un gol espectacular y terminó con el equipo resistiendo el empuje final azulón.
El cañonazo de Molina que encendió el Metropolitano
El Atlético había salido dominante, empujando al Getafe hacia su propio campo, moviendo el balón de lado a lado como quien busca una grieta en una muralla.
Y entonces apareció Molina. El lateral argentino recuperó un balón y, sin pensarlo demasiado, armó la pierna desde lejos. El disparo fue un misil: potente, seco, directo a la red. David Soria apenas pudo seguir la trayectoria con la mirada mientras el balón se colaba en la portería.
El Metropolitano rugió. No solo por el gol, sino por la forma. Un golpe de autoridad que parecía abrir el camino para una tarde tranquila.
Musso levanta el muro cuando el partido se rompe
Pero el fútbol rara vez es tan sencillo. El Getafe fue creciendo con el paso de los minutos, incluso después de quedarse con diez jugadores por la expulsión de Abdel Abqar. Y cuando el partido entró en su tramo final, el encuentro se convirtió en una prueba de resistencia.
Ahí apareció Musso. Primero salió con valentía para tapar un mano a mano peligrosísimo ante Luis Milla. Después volvió a mostrarse firme en balones aéreos y acciones rápidas en el área. Cada intervención suya era como poner un ladrillo más en el muro rojiblanco.
Mientras tanto, el Atlético también rozó el segundo gol: Antoine Griezmann se encontró con una gran parada de Soria y el posterior remate de Julián Álvarez fue despejado casi sobre la línea por Domingos Duarte.
Nueve minutos de añadido después, el guion estaba claro: Molina había encendido la historia y Musso se encargó de que tuviera final feliz.