Opinión

La vida en 317 segundos

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Odysseas Vlachodimos para el penalti de Stuani
Odysseas Vlachodimos para el penalti de Stuani. Kiko Hurtado
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La vida es cuestión de un segundo. Un suspiro. Una desgracia o un golpe de suerte se producen en cuestión de un abrir y cerrar de ojos, y ahí queda toda la vida por delante. El tiempo es oro. O todo lo contrario si eres el Sevilla FC y te estás jugando algo en los minutos finales. Casi que si no se juega mejor. Los últimos 317 segundos de juego este domingo en el Ramón Sánchez-Pizjuán así lo atestiguan. Los cinco minutos y 17 segundos que puede convertirse en el periodo clave de la temporada para un equipo que huele a cadáver. O en todo lo contrario.

El partido se iba por el sumidero hasta que en el 91:46, por una vez, las desgracias cambiaron de bando. El que se resbaló era de amarillo y el que tomó la pelota vestía de blanco. Un chico de la casa, todo pundonor, en un lugar que le es extraño pero que, realmente, no lo es tanto. La zurda de Kike Salas impactaba con violencia sobre el balón y, milésimas de segundo más tarde, golpeaba en la madera para irse hacia adentro. No como sucediera en la primera parte con la mala cesión de Blind a Gazzaniga, ni como en la omisión de responsabilidad de Gil Manzano y el VAR en las manos de Vitor Reis. Esta vez sí, parecía cambiarle el aire al Sevilla.

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317 segundos más tarde, en el 97:03 Odysseas Vlachodimos detenía con su mano, fuerte abajo, el penalti chutado por Stuani. Todo lo que hubo en medio fue el desastre sevillista en su máxima expresión, y mira que es difícil llegar a esos límites cuatro años después de exponer la decadencia de un club un día tras otro. A solo siete segundos para el que debía haber sido el final, uno de los hombres llamados a aportar liderazgo y experiencia, capitán de Chile para más señas, se lanzaba sobre un futbolista rival para cometer el penalti más infantil y absurdo de la historia. Nadie lo discutió. Suazo. Así le va a Chile.

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¿Un cambio de karma?

Y en esas emergió el primer instante en el que la vida ha sonreído al Sevilla en los últimos meses. No tanto por fortuna sino por la inmensa calidad del portero griego, el único gran fichaje de la temporada en la que siguió descendiendo el nivel del equipo. No se trata de suerte, sistema, banquillo o indicaciones. No siempre, al menos. Todo es más fácil cuando los jugadores son buenos, en el Sevilla son muy pocos y los que hay van todos por detrás de Odysseas en la lista.

Prácticamente da igual quién esté en el banquillo, cuál sea la calidad de los futbolistas, cómo sea el sistema o de qué manera se intervenga en el juego. Mientras en el palco se sigan sentando los mismos, todo es ruina.

Un golpe de fortuna. O de mano helena. Llámenlo como quieran. Pero uno de esos momentos que podría cambiar la dinámica de cualquier equipo metido en problemas. ¿Será así en el Sevilla? ¿Le habrán cambiado estos cinco minutos y 17 segundos la vida al Sevilla como para aspirar a seguir en LALIGA EA SPORTS la próxima temporada? Es difícil pensar que sí, sobre todo porque prácticamente da igual quién esté en el banquillo, cuál sea la calidad de los futbolistas, cómo sea el sistema o de qué manera se intervenga en el juego. Mientras en el palco se sigan sentando los mismos, todo es ruina. Pero por una transformación del karma se empieza. Y si no recuerden a Palop en Donetsk… O a Diomande.

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