Cada vez que Cordón o Del Nido Carrasco toman la palabra, sube el pan, el aceite, el petróleo, la factura de la luz y crece la indignación del sevillista
La pillada a Antonio Cordón con el micro abierto: "Parece esto un velatorio"
Es verdaderamente sorprendente cómo los hombres de fútbol venden sus motos arrancadas. Lo de Antonio Cordón cada vez que se pone delante de un micrófono, afortunadamente poco, es una masterclass de desconocer el lugar en el que está, el equipo que ha perpetrado para la historia negra del Sevilla FC y el auditorio al que se dirige a través de la prensa.
Dice que la sala de prensa José Antonio Sánchez Araujo parecía “un velatorio”, ese mismo habitáculo que, orientado hacia un lado o a otro, ha visto a leyendas del club celebrar todo tipo de logros, a fichajes de relumbrón, o poner encima de la mesa a una entidad que iba por delante de sus semejantes en todo. En cuestión de poco tiempo, ha pasado de ser cabeza de león a cola de ratón.
Con la marcha de Matías Almeyda, el Sevilla pierde a la única voz autorizada que comparecía habitualmente. El argentino hizo mejor las veces de portavoz que de entrenador, al menos parecía entender mucho mejor lo que supone este club para muchos, pero ni eso le ha valido para escaparse de la trituradora de técnicos en la que se ha convertido este club. Un querido compañero daba el dato definitivo en estos días. Del Nido Carrasco lleva los mismos entrenadores como presidente que Del Nido Benavente. Lapidario.
Sin Almeyda, el Sevilla pierde a su única voz autorizada. El argentino hizo mejor las veces de portavoz que de entrenador, al menos parecía entender mucho mejor lo que supone este club para muchos, pero ni eso le ha valido para escaparse de la trituradora
Con todo, para un club desquiciado como este Sevilla parece una estrategia de comunicación acertada que el presidente y el director de fútbol profesional hablen lo menos posible. Ni qué decir del vicepresidente. Cada vez que Cordón o Del Nido Carrasco toman la palabra, sube el pan, el aceite, el petróleo, la factura de la luz y crece la indignación del sevillista que, día tras día, se pregunta cómo tienen la desfachatez de seguir ahí, hundiendo al club.

Soliviantando al sevillista
Cordón, no es que esto parezca un velatorio. Es que lo es. O al menos un prevelatorio, o como se llame el acompañamiento al moribundo por parte de sus seres queridos en sus últimos momentos. Esto huele a lo que huele, y todo lo que no sea tomárselo en serio no hace sino soliviantar al familiar que ve cómo una parte importante de su vida se esfuma. Y ni siquiera es nuevo en esta ciudad…
Ni es momento de estar alegres, ni de confiar en lo bonito que está haciendo un grupo que, salta a la vista, está lejos de mirar a la cara a cualquier Sevilla de nivel medio en los últimos lustros. Y a la mayoría de sus competidores, con los que no tendría nada que hacer si no vistieran ese escudo. Es momento de tentarse la ropa, cuidar mucho las palabras y más aún las acciones. El Sevilla y el sevillismo no merecen menos que eso.

