Análisis

WILL: Follow the Light, una aventura emocional que acaba haciendo aguas

Periodista. Músico. Padre. Gamer.

WILL: Follow The Light
La imagen promocional de WILL: Follow the Light. TomorrowHead Studio
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Desde que vimos los primeros vídeos de WILL: Follow the Light teníamos ganas de sumergirnos en esta experiencia que prometía una historia profunda en un entorno único. El debut de TomorrowHead Studio no es una experiencia del todo redonda, ni especialmente refinada en lo jugable, pero al menos su narrativa es capaz de quedarse flotando en nuestra cabeza después de apagar la consola. Entre el walking simulator y la aventura gráfica tradicional en primera persona cargada de puzles narrativos, este viaje náutico por el helado norte nos ha dejado un poco fríos.

El ritmo es muy irregular, la aventura es completamente lineal, algunos puzles frustran más de la cuenta y el resto son extremadamente sencillos y, a pesar de contar con escenarios y entornos realmente bellos, las animaciones y modelos humanos dejan ver las costuras de una producción de presupuesto limitado. Pero, al menos, la historia sí que fue capaz de atraparnos y lo hace mediante recuerdos fragmentados, silencios incómodos, conversaciones cargadas de culpa y un viaje marítimo que acaba convirtiéndose en algo mucho más profundo de lo que aparentaba en un principio.

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Un faro en mitad de la tormenta

La premisa inicial nos sitúa en la piel de Will, un farero que vive aislado en una costa azotada por el mal tiempo. Tras una devastadora catástrofe natural, su hijo Thomas desaparece junto a su abuelo, obligándonos a emprender una peligrosa travesía marítima para encontrarlos. Lo que comienza como una búsqueda relativamente sencilla pronto deriva en un viaje introspectivo sobre el duelo, la herencia emocional y las heridas familiares que nunca terminan de cerrarse.

WILL: Follow The Light
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El gran acierto narrativo de WILL: Follow the Light es que jamás necesita grandes escenas espectaculares para transmitir emociones. La historia se construye desde pequeños detalles: cintas grabadas, notas olvidadas, recuerdos difusos o conversaciones por radio que rompen una soledad casi opresiva. Todo ello crea una sensación constante de aislamiento que funciona especialmente bien gracias al escenario marítimo y a la dureza del clima ártico.

Además, el título juega constantemente con la idea de la luz como elemento simbólico. La linterna mágica que obtenemos avanzada la aventura no solo sirve para resolver puzles o descubrir objetos ocultos; también actúa como representación física de los recuerdos enterrados de Will. A medida que iluminamos el entorno, también iluminamos partes de su pasado. La historia y la manera de contarla es el mejor elemento de esta aventura narrativa.

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Navegar sin temor en el mar es lo mejor

Uno de los aspectos más llamativos del juego son los momentos de navegación. Molly, el barco de Will, se convierte en una especie de refugio móvil durante nuestra aventura. No se trata de un simulador naval complejo, pero sí hay suficientes sistemas como para hacernos sentir responsables de la embarcación: ajustar velas, controlar el rumbo, evitar obstáculos o estudiar cartas náuticas forman parte del recorrido. Y de paso aprendemos un montón de jerga de marineros y el camarote es el mejor lugar para colocar los objetos coleccionables que encontramos por la aventura: maquetas de barcos y latas de té.

WILL: Follow The Light

Y a bordo del Molly encontramos probablemente las mejores sensaciones jugables de toda la experiencia. Cuando WILL: Follow the Light nos deja simplemente navegar, escuchar el viento y contemplar las olas golpeando el casco, alcanza momentos realmente hipnóticos. Hay una calma melancólica en esas travesías que conecta perfectamente con el tono emocional de la historia.

Por eso resulta especialmente extraño que el juego permita la posibilidad de saltarnos los trayectos en barco. Puede que haya jugadores que quieren ‘ir al turrón’ y evitarse estos minutos capeando el temporal y cabalgando olas, pero es que son precisamente las secciones más inmersivas y memorables de toda la aventura. Los momentos a pie (o conduciendo un trineo tirado por perros) son mucho más aburridos y aquí sí que nos gustaría que hubiera un botón por avanzar rápido.

Otro problema es la inconsistencia en el diseño de los puzles. Algunos acertijos encajan muy bien con el contexto aunque son muy simples (reparar maquinaria del faro, manejar los aparejos de la embarcación…), pero otros no tienen ningún sentido o pecan de poco intuitivos. Hay momentos en los que una ligera indicación pretende que entendamos qué es lo siguiente que tenemos que hacer y dónde hacerlo y pasamos minutos dando vueltas como pollos sin cabeza hasta que se activa algún item interactivo por casualidad. En otras ocasiones el título confía demasiado en que recordemos pistas mencionadas durante conversaciones anteriores, y si no prestamos atención podemos terminar completamente bloqueados.

Una aventura contemplativa… quizá demasiado

WILL: Follow the Light apuesta por una experiencia pausada, contemplativa y muy centrada en la narrativa. El problema es que el ritmo no acompaña. Durante la primera mitad del juego hay demasiados paseos vacíos, demasiados encargos menores y demasiadas transiciones abruptas entre capítulos. Algunas secuencias parecen cortadas de forma poco natural, con fundidos a negro repentinos o despertares confusos que rompen la inmersión.

WILL: Follow The Light

Tampoco ayuda que los NPC parezcan robots. Apenas se mueven y parecen clavados en en lugar que les toca, esperando que vayamos a preguntarles algo. El jefe del puerto de la ciudad donde vive Will se pasa dos días en el mismo sitio, haciendo la estatua y sujetando una eterna taza de café. Está así, congelado en el tiempo, cada vez que vamos a verle y hablamos con él. Así, las conversaciones transmiten una sensación artificial que choca con la carga dramática de la trama. Es uno de esos casos donde la ambición narrativa supera ligeramente los recursos técnicos del estudio.

El sonido del aislamiento

Si hay un apartado donde el juego brilla con fuerza es el sonoro. La banda sonora orquestal acompaña constantemente sin resultar invasiva, reforzando tanto los momentos íntimos como las secuencias más tensas. Violines suaves, crescendos melancólicos y ambientes marítimos se mezclan para construir una atmósfera absorbente. El trabajo de doblaje (con Ollo Clark o Cissy Jones) también merece un reconocimiento. Eso sí, sólo en inglés.

Pero donde realmente destaca el sonido es en los silencios. El crujido de la madera del barco, el rugido lejano de una tormenta o el eco del viento entre estructuras abandonadas generan una sensación de vulnerabilidad constante. Recomendamos jugar con auriculares porque gran parte de la inmersión depende precisamente de esa construcción sonora.

Un apartado visual lleno de contrastes

Visualmente, WILL: Follow the Light es un juego curioso. Hay escenarios absolutamente preciosos: mares embravecidos, tormentas espectaculares, paisajes nevados o interiores cálidos iluminados únicamente por lámparas y el haz exterior e intermitente de un faro.

WILL: Follow The Light

Sin embargo, el acabado general es muy irregular. Las animaciones faciales resultan muy rígidas, las interacciones físicas carecen de toda naturalidad y muchos elementos de los entorno están muy poco pulidos. Esto provoca que la experiencia oscile constantemente entre momentos visualmente impactantes y otros claramente.

Conclusiones de WILL: Follow the Light

WILL: Follow the Light es una obra imperfecta, frustrante por momentos y claramente limitada en algunos apartados técnicos. Sus puzles pueden romper el ritmo, la estructura narrativa es irregular y ciertas mecánicas son muy toscas y aburridas. Pero también es un juego emocional y sorprendentemente valiente y cuenta con momentos (los de navegación) que están muy logrados. Bajo toda su torpeza mecánica hay una historia poderosa, que puede completarse en unas 6 horas, sobre la paternidad, el arrepentimiento y el miedo a perder aquello que más queremos.

Plataforma analizada: PlayStation 5

Lo mejor:

  • La narrativa emocional y su tratamiento de la paternidad
  • Las secciones de navegación y la atmósfera marítima
  • Excelente diseño sonoro y banda sonora orquestal

Lo peor:

  • Ritmo irregular durante buena parte de la aventura
  • Puzles poco intuitivos o fuera de contexto
  • Modelados y animaciones muy mal acabadas
Valoración 60/100