El prestigio de la Supercopa se le fue al Athletic por el desagüe, ojo a la posible factura

Iñigo Martínez no se explica el nivel del Athletic y siente que el Barça se apiadó: "Bandera blanca"
La Supercopa de Arabia Saudí dejó un pésimo sabor de boca al Universo Athleticzale
¿Quo Vadis Athletic Club? No te reconocemos en esta piel reblandecida. Si reparáramos más en el cielo, con el sol del mediodía y la luna de las diez de la noche, entenderíamos así la dicha que complace al ser humano como la fatalidad que lo destruye. El sueño me vence porque no opongo resistencia. La Supercopa de España, en el limbo, a la espera de un juicio similar al que fue sometido 'el extranjero' Meursault.
Cuando despierto, al otro lado de la pantalla del televisor se imponen ya 21 minutos de la semifinal que está librando el Athletic en un estadio de Arabia Saudí. Empate sin goles. De repente, del sueño a la pesadilla. El FC Barcelona, aprovechando que el Athletic Club de Valverde está bajo el 'síndrome del cuarto de hora', dispara a matar, uno, dos, tres, cuatro. Si había Athletic, ya no lo hay, o sí, pero de cuerpo presente, contra el que se disparó para que se produjera la 'goleada perfecta'.

El Athletic fue un pelele en manos de un Barça sin Lamine Yamal
El Universo Athleticzale habrá de romperse las vestiduras a partir del final de la partida. Que si los jugadores, que si el entrenador, Ernesto Valverde, el preparador físico, Luis Prieto, el director deportivo, Mikel González, el presidente Jon Uriarte Uranga. Acusaciones equivocadas.
Porque, así como en el comportamiento de Meursault, cinco disparos, cuatro estando de más, el responsable fue el sol, su brillo cegador que, partiendo del arma blanca del árabe, abotargó la conciencia del extranjero, la debacle del Athletic fue provocada por la decisión de un árbitro que al Athletic Club de Bilbao se la tenía jurada.
Alex Berenguer amagó una entrada que Raphinha trampeó hasta el punto de que el árbitro le cobró la falta al de Barañáin. Los leones, desconcertados con la enésima decisión de un árbitro que prevarica por puro vicio, se fueron del partido para nunca más volver. Fue el sol, argumentó Meursault, el extranjero de Camus, para que se entendiera el motivo de sus disparos contra "el árabe". Fue la luna, apunto yo, la que exageró la marea del partido de seguido a que el colegiado manchego Isidro Díaz de Mera cometiera la enésima fechoría contra un equipo de fácil conformar.
.- Por Kuitxi Pérez García, Periodista y exjugador del Club Portugalete