Opinión

Verano largo y crucial para el Atleti

Gil Marín, Enrique Cerezo y Robert Givone
Gil Marín, Enrique Cerezo y Robert Givone. Atlético de Madrid
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Será un verano largo en el Atleti. Larguísimo, si me apuran. A más de 20 días de que se abra el mercado, el personal está con una ansiedad brutal por conocer las caras nuevas de la próxima temporada. Simeone despidió el curso reclamando fichajes a ‘Apollo’ - petición pública que no gustó en la nueva propiedad-, Mateu no tendrá el dinero que tuvo Bucero y Gil Marín seguirá al frente de la gestión, como mínimo, hasta el 30 de junio de 2027, fecha en la que podría abandonar el club, quizá acompañado por su todavía entrenador. Aunque la Champions haya arrojado ingresos récord - 105 ‘kilos’ en premios-, y el club será una mina de oro gracias a los conciertos - los diez ‘shows’ de ‘Bad Bunny’ dejarán 12 ‘kilos’ limpios-, los atléticos rumian un verano tenso y quién sabe si abrupto. Gil apelará al famoso cambiar todo para que nada cambie, Mayo seguirá inyectando patrocinios, Mateu pedirá paciencia mientras el personal se pone histérico y Simeone, que agota su contrato, querrá su última oportunidad para ganar el trofeo que él mismo se exige.

Un nuevo rumbo con 'Apollo'

La hoja de ruta tiene sus tiempos y está calculada: ‘Apollo’ quiere optimizar recursos, exige rentabilidad, apuesta por la Ciudad del Deporte como joya de la corona - Gil sabía que sin el dinero de los americanos su sueño era imposible- y, como todo fondo, busca recuperar su inversión y revender el club cuando sea preciso, con el fin de multiplicar su dinero. Durante quince largos años, Gil y Simeone han sido capaces de atajar cualquier crisis y diseñar la plantilla en quince minutos, justo antes de irse de vacaciones. Un café y todo resuelto. Simeone, lo mejor que le ha pasado al Atleti en su historia, ha sido el escudo necesario de la directiva y el tapón de la bañera del gilismo. Por eso Gil jamás ha querido echarle, incluso cuando pensaba hacerlo. Siempre ha mantenido a su entrenador, contra viento y marea, porque ambos se han necesitado. Para gobernar el club y para perpetuarse. Ahora, quizá, quién sabe, ambos se vayan juntos, de la mano, en junio de 2027. Veremos, dijo un ciego, y se quedó sin ver.

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Lo que está claro es que este verano será crucial en el Atleti. Porque ese club personal, familiar y amateur, que se resiste a morir pero ya tiene fecha de caducidad, va a tener que dar paso a otro club más global, estructurado y profesional. El club ya no es de los Gil. Ahora las decisiones las toma ‘Apollo’. Y precisamente los americanos tendrán un verano importante por delante. Aquí no habrá término medio. Demostrar con hechos que quieren convertir al Atleti en uno de los mejores clubes de Europa o volver a lo de siempre y cambiar todo para que nada cambie. El caso Julián Álvarez será una buena piedra de toque para la nueva propiedad. ¿’Apollo’ quiere vender a Julián o ha sido clave para frenar esa venta? ¿Julián se vende o no se vende? ¿Será el viejo Atleti donde todo tiene un precio o será un nuevo Atleti donde los mejores se quedan?

Va a ser un verano largo para los atléticos. Y habrá dos maneras de procesarlo: desde la histeria colectiva del mercado de fichajes o desde la paciencia de quien sabe que aquí nunca pasa nada. Y que, si pasa, se le saluda.

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Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado del Atlético de Madrid