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Ovación tras derrota

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La grada ovaciona al Sevilla tras caer ante el Barça
La grada ovaciona al Sevilla tras caer ante el Barça. Kiko Hurtado
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Soy sevillista, seguimos al campeón”, el cántico de moda retumbaba en la grada. Martínez Munuera señalaba el final del partido, el Sevilla FC había perdido por 1-3 y los suyos se levantaban a ovacionarle. Esto dice mucho de una afición que tanto se acostumbró a ganar, como se hartó de ver a los suyos perder en las cuatro últimas temporadas. Los números en Nervión no son especialmente mejores, dos victorias y dos derrotas en cuatro partidos, pero las sensaciones son diametralmente opuestas.

Al descanso el sevillismo ya estaba conforme. Ante un FC Barcelona que había arrasado hasta llegar a Nervión, no solo le había competido en buena lid, sino que incluso tuvo ocasiones para marcharse al descanso con ventaja en el marcador. El Sánchez-Pizjuán fue además el primer estadio que desesperó a Lamine Yamal, aunque no fue sino para espolearle en su estratosférica asociación con un Raphinha que camina vertiginosamente hacia la Bota de Oro.

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Pocas veces se fue el sevillismo con una media sonrisa tras una derrota. Una afición tan exigente no se lo permite, pero algo está cambiando y el futuro promete. El año pasado, antes del segundo parón, se marchó exultante con un equipo que le había metido nada menos que cuatro a un Barça muy parecido a este, pero la mosca que había tras la oreja se confirmó solo dos semanas después con la visita del primer colista que asaltó Nervión. Hoy, es diferente.

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La grada por fin se identifica con su equipo

La puesta en escena del Sevilla en todos y cada uno de los partidos que ha disputado hasta ahora ha sido, cuanto menos, digna. Y eso no poca cosa viniendo de donde viene. Si no salió bien de inicio, lo arregló después del descanso, como sucediera ante el Rayo Vallecano el Atlético de Madrid. La grada, por fin, comprende a su equipo, se identifica y se ilusiona con él. Los agoreros han vuelto a su letargo. Se espera una temporada en la que se olviden las apreturas de las anteriores.

En Nervión se sabe de fútbol y gusta la entrega de los muchachos que visten de blanco y rojo, con medias negras, pero también la propuesta futbolística de un Luis García Plaza que entiende a la perfección la importancia de la comunión con la grada. Sus palabras de elogio al sevillismo cada vez que se pone un micrófono por delante no son en vano, sino que forman parte de una magnífica estrategia para que sus jugadores se sientan empujados por una afición única que no para. Con esta entrega, este equipo y este ambiente, hasta ha caído en el olvido el tremendo lío que se formaba a la propiedad cada fin de semana.