La gran depresión

Mikel González y el presidente Jon Uriarte Uranga, ante la prensa en San Mamés. (Foto: Athletic Club)
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El llamado crac del 29 fue la más catastrófica caída del mercado de valores en la historia de la bolsa de Nueva York. Su impacto y sus secuelas provocaron la llamada Gran Depresión. Es un mito la idea de que "llovían hombres" desde los rascacielos tras el desplome de Wall Street, es una leyenda urbana muy popular similar a la de poner mas filas de desfibriladores en cada tribuna de San Mamés en lo que ha supuesto para Ibaigane y el Athletic Club su crack del 26. No hemos recurrido a la recuperación cardiaca por una jornada, pero como decía el humorista José Mota… ¿Y si sí?

Hubo un famoso chiste en aquella fatídica década del siglo pasado en que se cuenta que los recepcionistas de los hoteles preguntaban a algunos clientes inquietos si querían la habitación "para dormir o para saltar". En realidad, la crisis provocó una miseria generalizada.

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En la Catedral los ánimos han estado por los suelos. Todo ha sido muy desilusionante salvo los aforos al campo porque los socios siempre han respondido, a pesar de vivir uno de los años mas decepcionantes que recordamos.

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Estar decepcionado es sentir tristeza, porque una situación que nos enamoraba o un evento con el que soñábamos no cumplió con las expectativas o promesas que se tenían depositadas

Esta respuesta emocional de la masa social y de todo Pichichi a la diferencia entre lo que esperábamos y lo que realmente ha ocurrido ha sido de llorar, de tratamiento médico. No ha salido nada bien; desde la suerte de pachanga que presenciamos en la esperpéntica semifinal de la Supercopa en Arabia Saudí, donde el Barça nos dejó en ridículo endosándonos un amarraco, haciéndonos quedar como el bombero torero jugando contra los Globetrotters, hasta llegar a una pretemporada que mirábamos de soslayo con protección total, aunque estuviese nublado en la playa porque no dábamos crédito a unos resultados pésimos.

Muchos recogían la ropa temiéndose una tormenta en el Athletic Club...

Esta ruptura de expectativas fue brotando paulatinamente porque todo lo que conformaba la plantilla que nos había generado confianza previa o una imagen idealizada que se había construido, se fue cayendo como un castillo de naipes. Y todas esa emociones asociadas a nuestro querido Athletic Club han respetado los tiempos de un duelo pasando de la negación a la tristeza.

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La negación de una crisis de juego, la ira por perder partidos que consideramos injustos, la negociación de nuevos objetivos por parte de los que gobiernan el Club, para finalizar con este estado de depresión futbolística en el que nos encontramos y la aceptación de que nos hemos librado por los pelos.

Ahora llegan los defensores, los que son capaces de encaramarse a una silla y dirigirse a la multitud como Daniel O'Connell para reivindicar nuestra historia. Esto no puede suceder en el Athletic, no lo podemos permitir.

Habrá que hacer un examen profundo para detectar el problema que ha ocasionado esta profunda frustración en la masa social, que al final de liga no se creía capaz ni de ganar a las canicas. Habrá que revisar celda por celda como en las películas carcelarias, empezando por la dirección deportiva, el personal técnico, los preparadores físicos, el equipo médico,...

O los jugadores, cuyos sueldos escandalosos no han ido acordes a sus prestaciones e incluso se tendrá que pedir explicaciones a la máxima jerarquía del Club sobre porque no se reaccionó en invierno y se permitió cambiar -como hemos citado- los objetivos en mitad del curso generando mayor alarma si cabe.

Todas las cartas deberán estar boca arriba cuando llegue Edin Terzic para que este desengaño agónico que hemos vivido esta temporada no se repita. Terzic se encuentra ante una labor titánica de guionista televisivo en un programa como “cambio radical”, tendrá que aplicar hasta cirugía estética con algunos jugadores, para enseñarnos una versión actualizada de un Athletic que ahora mismo se asusta al mirarse al espejo.

.- Por Patxi Herranz, Periodista de Radio Popular y El Correo