Opinión

Una bofetada en todos los cimientos del Athletic Club

Redacción local

El grito del capitán Iñaki Williams en un entrenamiento en Lezama. (Foto: Athletic Club)
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BilbaoY por fin se terminó la temporada. Así hemos pensado la mayoría de aficionados del Athletic Club, hastiados de sufrir sinsabores en un año que se vislumbraba como el más ilusionante de todos los tiempos, con la Champions, la renovación de Nico Williams, el fichaje de Jesús Areso… y todo ha salido mal, convirtiendo esa ilusión en la mayor decepción posible.

Fracaso es la palabra que define el rendimiento de los rojiblancos, no porque el listón de las expectativas pudiera estar alto, sino por el paupérrimo desempeño del equipo en todas las competiciones. Más allá de los resultados, la sensación de un equipo que nunca ha llegado a coger el punto de competición, excepto en tres partidos contados (Atlético de Madrid, PSG, la segunda parte en Bérgamo…), ha sido una losa para la parroquia rojiblanca.

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En ninguna de las cuatro competiciones ha superado un nivel aceptable; si fuera un examen, estarían suspendidos. Menos mal que el profesor solo tenía tres suspensos en la cartera para repartir, y se los han llevado Oviedo, Mallorca y Girona, porque el Athletic ha terminado el campeonato de Liga noqueado, pidiendo la hora entre el desconcierto general del club, aficionados, jugadores y míster.

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Hemos batido el récord de derrotas en el campeonato de la regularidad con 19, el 50% de los partidos disputados. No nos engañemos, son números de descenso. El otrora fortín de San Mamés ha sido tomado por siete rivales, algo nunca visto, mientras que la fragilidad histórica fuera de casa ha salido a relucir en demasía. Y eso que era la temporada con la mejor plantilla de la historia, tal y como se vendió.

Con Nico Williams renovado, pero ya con molestias de pubis, todo parecía de color de rosa, pero la realidad fue un puñetazo en plena mandíbula. Una gestión del proceso curativo de la lesión absolutamente lamentable hizo prolongar su ausencia en muchísimas jornadas, y el reposo recomendado apenas sirvió.

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Nadie ha asumido su responsabilidad, pero el que ha pagado los platos rotos ha sido el club, para encima ver cómo ahora se va al Mundial, con la afición a regañadientes esperando que no se lesione de nuevo.

Pero volviendo a la Liga, la bofetada del Athletic Club ha sido apoteósica...

Y eso que, en una competición con una clasificación europea de las más baratas que se recuerdan, y a la que hemos estado cerca hasta las dos últimas jornadas aun con esos resultados, duele todavía más. La recta final del equipo ha sido toda una demostración de impotencia, escaso juego y nulo nivel físico.

Y lo peor ha sido ver cómo una leyenda del Athletic, Ernesto Valverde, el entrenador con más partidos de la historia del club, ha sido incapaz de darle la vuelta, estancado en su planteamiento y muy rígido a la hora de buscar soluciones, y con declaraciones muy poco afortunadas.

¿Superado? Podría ser, porque se le ha visto sufrir como el que más, pero, desde luego, su aportación desde el banquillo ha sido muy pobre en el año de su despedida. Se va con honores, sí, de los más grandes, pero ha dejado un pequeño regusto que con el tiempo se olvidará, aunque a día de hoy escueza un poco.

Tampoco se ha entendido muy bien cuál fue su intención competitiva en la Champions, con muchas rotaciones y un mensaje subliminal de que le “molestaba” jugar los martes y miércoles. Y eso que el equipo estuvo cerca de clasificarse frente a la mala fortuna de tener un sorteo de rivales muy difícil. Como muestra, un botón: los dos finalistas de esta edición han pasado por San Mamés.

Sin obviar eso, que el equipo no fuera capaz de ganar en casa el partido decisivo frente al Sporting de Portugal y perdiera de forma lastimosa en los últimos segundos, dando una imagen timorata y no al abordaje, cuestionó mucho su figura.

Por no hablar de la Supercopa, donde directamente hicimos el ridículo, ya desde las jornadas previas, con las, a mi gusto, atinadas declaraciones de Iñaki Williams, poniendo en su boca algo que es vox populi: “La Supercopa en Arabia es una m…”.

Quizá no estuvo acertado en la terminología, pero apuntó a una diana certera, lo que le valió la reprimenda pública del míster. Luego vino lo del fútbol, que fue un despropósito absoluto, con un repaso del FC Barcelona que mostró todas nuestras carencias. No no sirvió ni para hacer turismo.

La Copa fue otro sufrimiento continuo, con eliminatorias de pies de barro frente a rivales muy inferiores, sufriendo como perros ante el Ourense y la Cultural Leonesa, con prórrogas incluidas. Fuimos a Valencia con muchas dudas y el foco puesto en la Liga, y sonó la flauta en el último minuto en una combinación de los hermanos Williams.

Con todo, la guinda fue la semifinal con la Real, donde perdimos ambos partidos dando una imagen deplorable, superados por todos los flancos e incapaces de ni siquiera rematar a puerta. Fue un mazazo de realidad que frustró a una afición incrédula hasta ese momento, que confiaba en una reacción de los jugadores que nunca llegó. Eliminados sin pena ni gloria.

Desde entonces, el Athletic deambuló por los campos de la Liga, sumando apenas 11 puntos en 12 partidos, lo que nos ha llevado desde la parte noble a mirar de reojo el descenso y a suspirar por los resultados ajenos de forma lastimosa.

Una temporada que se presuponía de la ilusión y ha sido una bofetada en todos los cimientos del club, que debe exigir una reflexión profunda sobre la manera de afrontar varias competiciones: la necesidad de contar de forma efectiva con una plantilla amplia que sea versátil y dinámica en sus planteamientos tácticos (con partidos que varían en función de los 5 cambios y los jugadores), que se trabaje muchísimo más el balón parado y la estrategia —aspectos clave del fútbol moderno actual— y que recuperemos un nivel físico alto, condición imprescindible en el Athletic.

Ha dado la impresión de que todo esto le ha superado a Valverde esta temporada, con el lógico desgaste de los cuatro años, pero con demasiada rigidez para modificar planteamientos. Insistir, insistir.

Pero eso ya es historia en este Athletic, cuyas nuevas páginas del libro de la próxima temporada llevarán la firma de Edin Terzic, entrenador alemán de origen balcánico que tiene la misión de regenerar el juego y la plantilla del club. Todas nuestras ilusiones y confianza están depositadas en sus manos. Le deseamos la mejor de las suertes en esa tarea, pero ese capítulo está aún por escribir…

.- Por Borja Conde. Socio del Athletic Club y contertulio de Telebilbao Bilbosport.