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La conjura del Espanyol antes de su 'final' en el Sánchez-Pizjuán, con Manolo González más implicado que nunca

El RCD Espanyol se la juega este sábado en Sevilla
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La expedición del RCD Espanyol partió este viernes hacia Sevilla arropada por su gente. Decenas de aficionados blanquiazules se congregaron en los exteriores del RCDE Stadium para despedir al equipo en una escena cargada de simbolismo: abrazos, cánticos, aplausos y una sensación compartida de que el partido de mañana en el Ramón Sánchez-Pizjuán puede marcar el futuro inmediato del club. El vídeo difundido por el propio Espanyol en sus redes sociales muestra a Manolo González y varios futbolistas recibiendo el calor de la afición antes de subir al autocar rumbo a Sevilla. La imagen del técnico abrazándose con seguidores pericos refleja el vínculo que se ha generado entre grada y vestuario en uno de los momentos más delicados de la temporada.
Porque el Espanyol llega a esta jornada 35 mirando de reojo el descenso. El conjunto blanquiazul atraviesa una crisis de resultados alarmante: no ha ganado ni un solo partido en todo 2026 y acumula diecisiete jornadas consecutivas sin conocer la victoria, una dinámica que ha comprimido la pelea por la permanencia hasta el extremo. El equipo está apenas tres puntos por encima de la zona roja y cada encuentro se vive ya como una auténtica final.
En medio de la tormenta, la figura de Manolo González ha emergido como uno de los grandes pilares del espanyolismo. El técnico gallego, que logró devolver al club a Primera División y consolidarlo después en la élite, mantiene intacta la confianza del vestuario y de la afición pese a la mala racha. Su discurso sigue siendo el de la convicción y la resistencia. “Estamos convencidos de salvarnos”, insistió este viernes en la previa del duelo ante el Sevilla.

Una final por la permanencia en Sevilla
La conexión emocional entre entrenador y grada explica escenas como la vivida antes del viaje a Sevilla. El espanyolismo entiende que, más allá de la clasificación, el equipo necesita sentirse acompañado en el momento más crítico del curso. Los cánticos de apoyo y el recibimiento al autocar fueron interpretados dentro del club como una auténtica conjura colectiva para afrontar el tramo decisivo de la temporada.
El partido de mañana en el Sánchez-Pizjuán tiene, además, un componente dramático añadido: enfrente estará un Sevilla que también pelea por escapar de la zona peligrosa. Ambos equipos llegan bajo presión y conscientes de que una victoria puede cambiar completamente el panorama en la lucha por la permanencia. El propio Manolo González reconoció que ganar en Nervión supondría “un paso casi definitivo” hacia la salvación. Por eso el recibimiento de este viernes no fue una simple despedida. Fue una declaración de intenciones. Una manera de recordarle al equipo que, en las semanas donde más aprieta el miedo al descenso, el Espanyol quiere sobrevivir unido.