- 21:00
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Espanyol W
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Demasiadas críticas y pegas puntillosas para el partido más valioso del mundo

Desmarcados Athletic: Una estatua para Unai Simón en San Mamés junto a la de Iribar
Kuitxi Pérez cree que se critica demasiado a un Athletic que no está para mucho más que sumar 3 puntos
Rescatando el eco de la pandemia, todos en casa, Ernesto Valverde arengó al mundo athleticzale a que saliera a aplaudir a los balcones. Desde el principio hasta el final del partido. Para que el Athletic Club no se sintiera solo en la pelea.
Balcones. Palcos. Bilbao. Bizkaia. Euskal Herria. Y que en el resto del mundo, para que San Mamés enloqueciera, la gente tirara la casa por la ventana. Casa. Gure etxea. Gure arauak. Cuando la victoria se queda en la caseta porque en el vestuario visitante no había taquilla para albergar los puntos a domicilio.

El cántaro y la fuente. Tanto va. El empuje de los muros del estadio que provocó el derribo interior de Oihan Sancet. Hay quien se siente ganador con la suplencia del 'flaco'. Pero yo sé de alguien que enloqueció cuando Oihan se fue solo a la guerra para matar un partido que agonizaba.
Triste afición esta que se siente remunerada por la ausencia que habían vaticinado. Así y todo. No seré yo el que se quede a la espera de lo inevitable. Estos son nuestros once leones, y con ellos habremos de bregar a fin de minar la delicada 'salud' de 'Osasuna'.
Nico Williams. Esta vez sí...
Entre Alex Berenguer y su disparo, el rechazo de Sergio Herrera que Guruzeta alcanzó con su escoba, ese pie suyo que se dio en llamar "barredor de tristezas". Por delante. Conduciendo por la izquierda porque el fútbol lo inventaron los ingleses. Defensa adelantada. Lo que se dio en llamar bloque medio. Pases seguros.
Mejor perder la cabeza que la pelota. Progresión con mesura para que a Osasuna no le entren ganas de atacar. Se prodigaba más el Athletic, por no decir que era el único que intentaba hincarle el diente a los palos que Alessio Lisci se había traído arrancados de Tajonar para que la portería no le resultara extraña a su portero de Miranda.

El árbitro García Verdura. Menudo alicate. Le había cargado a Mikel Jauregizar con una amarilla de chiste. Es lo que tiene no haber jugado a fútbol, que no entiendes las maneras que los jugadores tienen a la hora de expresarse sobre el verde. Entró noble el de Bermeo. Pisando hierba con los tacos y cargando con el muslo el cuerpo de su oponente.
¡Vaya arbitraje que padeció el Athletic en San Mamés!
Hace falta valor. O ser más malo que la carne del pescuezo. El catalán García Verdura había sembrado los vientos que serían tempestades cuando la Gabarra del Athletic intentara llegar a puerto en el alargue excesivo de los partidos sin tiempo.
Segundo acto. Qué decir. Urge tanto el segundo en la portería de Osasuna como mantener a cero el arco que protege Unai Simón. Se inclina el campo, sin embargo. Efecto óptico causado por el cuerpo martirizado de Yeray Álvarez. No le pidamos al de Barakaldo que mantenga las formas. Bastante tiene con seguir en pie. Le toca, porque a la fuerza ahorcan, asistir a la presunta ejecución de Unai Simón.

El verdugo es de cuidado. Se hace llamar Budimir y es de esos que donde pone los ojos, allá va la pelota. Se topó con Simón, que venía henchido por la confirmación de Ernesto Valverde. Desde el agua hasta la ceniza. Portero que deshace refranes, "Gato con guantes si caza". Quedaba un mundo. Y en él...
Heme a mí con mariposas en el estómago sin una mujer que me las hubiera provocado. No eran mariposas, sin embargo. Era la ansiedad, el miedo, la angustia. Las tres cosas al mismo tiempo y en el mismo espacio. Había somatizado el pavor que me provocaba la contemplación de lo que prometía ser la caída de un imperio que cabalga sobre tres siglos.

Aymeric Laporte, Yuri, Yeray. Nombres de héroes. Desde la Ilíada, a causa del Rapto de Europa, hasta la Odisea codiciada con tal de abrazar la victoria ante Osasuna, equiparable a echarnos en los brazos de esa Penélope que junto a Txingurri labora: la que teje; el músico, y también el técnico que fotografiaba a sus leones.
No puedo más. Tienes que poder. Y si tú no puedes, piensa que, así como nacen entre espinas flores, el balón que Aimar Oroz colocó flotando allá donde los hombres esbeltos y espigados, la pelota que Ante Budimir, de cabeza, envió al lugar donde nadie es capaz de llegar.
Como si de un acto sobrehumano se tratara, fue palmeada por Unai Simón, al palo se fue, y luego a córner, intervención prodigiosa, entendible de no haber mediado la mano del can Cerbero. Cuando la mitología se alía con un equipo convencido de que, más allá de la suerte de un partido, la vida seguiría.
Vida y otras cuestiones. La del Athletic Club. Since 1898.