El CTA vuelve a retorcer sus argumentos para que donde dije digo era penalti de Carmona, decir Diego para que el de Agoumé sea considerado como "fútbol"
El CTA contradice al Sevilla y considera que no hubo penalti a Agoumé: "Es un contacto del fútbol"
Al Sevilla FC le han bajado el dedo. Fruto de la nula fuerza que tiene la entidad en todos los estamentos oficiales, del horrible equipo de fútbol que entrena como puede Matías Almeyda, y de la guerra de guerrillas interna que socava desde dentro el armazón de cualquier club, es un serio candidato a marcharse a LALIGA HYPERMOTION.
Aunque la temporada ha ido dando indicios de ello, lo que ha sucedido en las últimas dos semanas da mucho que pensar. Desde los distintos estamentos, al Sevilla le han indicado ya que no gusta el camino que lleva. Se han dado situaciones muy extrañas para este mundo del fútbol, muy seguidas y muy graves. Es cierto que a perro flaco todo se le vuelven pulgas, y también que es mucho más fácil rematar a un débil que ir a por un poderoso. Ejemplos en esta España futbolera hay casi cada fin de semana.
El sainete del Tiempo de Revisión de la semana pasada ha encontrado un segundo capítulo en esta, en el que el CTA vuelve a retorcer sus argumentos para que donde dije digo era penalti de Carmona, decir Diego para que el de Agoumé sea considerado como "fútbol".
Los vídeos del tuitero @raulalosfc, que se han hecho virales entre el sevillismo, son reveladores y dejan totalmente en evidencia estas explicaciones que se ha convertido en salvoconducto para los árbitros.
Justificar lo injustificable, usando todos los argumentos que se les ocurran para dar un puñetazo sobre la mesa y decir que siempre tienen razón. En una sociedad adulta, como es la del fútbol pese a todo lo que le rodea, es inaceptable. Se dice que los futbolistas viven en una burbuja por sus condiciones económicas en plena juventud. Se ve que los árbitros también. Y sin ningún tipo de pudor. Esto no es transparencia, Fran Soto, de hecho es tremendamente opaco, oscuro.

La sanción a Almeyda
He de reconocer que esperaba más de la sanción a Matías Almeyda tras lo sucedido el pasado sábado en el Sánchez-Pizjuán. El que escribe especulaba con no menos de diez partidos, pues ejemplarizar en el sur es muy sencillo y la historia así no los dice. Sin ir más lejos, los cierres de estadios en las últimas décadas han sido especialmente severos de Despeñaperros hacia abajo, especialmente en la capital hispalense.
Sin embargo, el Comité de Disciplina vuelve a rodear de un halo de divinidad a lo que diga cualquier árbitro, aunque sea un advenedizo como Galech Apezteguía. Al navarro, cualquier futbolero de a pie le descendería a final de temporada. Seguramente, acabe siendo propuesto para ser internacional antes de que cante el gallo. Las imágenes demuestran claramente que Almeyda no protestó al árbitro cuando éste decidió expulsarle y, a pesar de ello, le han caído dos partidos por ese concepto. Se dice en los pasillos que los árbitros le tienen manía al argentino por su forma de ser, desde que protestó por la facilidad con la que sus jugadores ven las tarjetas amarillas le han cogido la matrícula. Como si esto fuera un patio de colegio y los superiores los matones.
Cualquier futbolero de a pie descendería a Galech Apezteguía a final de temporada. Seguramente, acabe siendo propuesto para ser internacional antes de que cante el gallo
Esa obsesión por la autoafirmación no ayuda a nadie, ni siquiera a un estamento arbitral que está más en entredicho que nunca. Desde luego, tampoco a un Sevilla al que el César que dirige este circo desde las alturas parece haberle bajado el dedo cuando quedan 14 jornadas y el descenso acecha a solo dos puntos. Da miedo.

