Yakuza Kiwami 3 & Dark Ties da lustre y amplía la, quizás, mejor trama de la saga

El cambio de tono a algo más serio y político eleva el nivel general
La demo de Pragmata insinúa detalles interesantes, pero el juego final debe presionar más al jugador
Yakuza Kiwami 3 & Dark Ties es la última entrega de la saga del Ruy Ga Gotoku Studio, en su intento por traer los juegos clásicos con un importante lavado de cara a las consolas de nueva generación y PC. En este sentido, tras jugar Yakuza 0: Director's Cut, así como analizar Yakuza Kiwami 1 en diciembre y, recientemente, finalizar Yakuza Kiwami 2, ahora nos hacemos con este remake de la tercera entrega de la saga, que aterriza en PlayStation 5, Xbox Series, Nintendo Switch 2 y PC. Procedemos a su análisis.
La narrativa de Yakuza Kiwami 3 cambia por completo el tono
Empezamos por el apartado narrativo. Como ya hiciera en su momento Yakuza 3, cambia por completo el foco de la historia. En esta entrega volvemos a encarnar a Kiryu Kazuma, nuestro yakuza favorito, quien intenta rehacer su vida lejos de la mafia tras los durísimos acontecimientos de Yakuza 2. Si bien en el juego anterior ya quiso ser un civil pero se vio obligado a volver a la organización, aquí vemos cómo trata de rehacer su vida lejos de Kamurocho. Más concretamente, en Okinawa, una región costera en una islita más pequeña, a más de 2.000 kilómetros de Tokio. Volveremos, por supuesto, pero incluso cuando lo hagamos, el foco estará en lo que suceda en Okinawa.
Bajo esta premisa, al pobre Kiryu le persiguen los problemas y la influencia del clan Tojo al que pertenecía. Nuestro protagonista monta un orfanato para niños huérfanos al igual que hiciera su mentor, Shintaro Kazama, quien le crio desde pequeño. La historia gira en torno al terreno donde se ubica el orfanato, propiedad del clan Tojo, y un entramado para intentar venderlo al mejor postor pese a que saben que Kiryu vive allí. Poco después nos encontramos con que detrás del clan mafioso hay intereses políticos y, sobre todo, económicos.
Tanto es así que incluso algunos ministros del gobierno de Japón están involucrados en esto. Mientras el ministro de defensa, Ryuzo Tamiya aboga por la edificación de una base militar estratégica en Okinawa, el ministro de turismo, Yoshinobu Suzuki, apuesta por un gran complejo turístico que dé trabajo a la gente de la isla. Cada uno tendrá intereses subyacentes y buscará a sus compañeros de cama para tratar de sacar adelante su respectivo proyecto.

Por su parte, Kiryu Kazuma, quien se encuentra en medio de todo esto y se ve obligado por su código moral a interceder a favor de una familia mafiosa local, tiene un arco de personaje que, por fin, trata de dejar atrás su pasado, se centra en el futuro y lo vuelca todo hacia ayudar a los niños del orfanato. El tono es, a la vez, más personal pero también más global. Y es que el politiqueo se entrecruza con las idas y venidas de Kiryu con sus niños y de ahí surgen los conflictos.
Por resumir un poco este apartado, el tono del juego coge tintes más serios. Se parece más a una película de intriga que a la telenovela que acostumbraba. También ayuda a eso el recorte más que evidente en el humor histriónico y las situaciones ridículas. Eso sí, no es solo lo que cuentan, sino también la forma de hacerlo. Y es que el montaje, el cómo te van ampliando la foto a medida que avanzas en la historia y lo que pensabas que era de una manera acaba siendo de otra, es fundamental para mantener el suspense en una trama que, ya de por sí, ha elevado mucho su calidad.
Aunque hay momentos que tienen ese tono, como Kiryu con la máquina de coser o persiguiendo a un perro que le ha robado una revista de contenido adulto, entre la casi total ausencia de Goro Majima, el intento expreso de dosificar las 'japonesadas' y los giros de guion muy llamativos (que también los hay, pero menos), el resultado es magnífico. Si lo unes a Dark Ties, del que hablaremos después, tenemos la que, posiblemente, sea la mejor historia de toda la saga Yakuza.
En lo jugable ya sabes a qué vienes, pero el ritmo del juego hace estragos

Si en el apartado narrativo estamos ante uno de los mejores Yakuza, en lo jugable el título cumple con lo que suele ser. Este título es un beat 'em up en 3D. Encadenar combos con círculo, cuadrado y triángulo, defensas, contraataques... un sistema sencillo pero agradable, fácil de machacar si quieres ir como pollo sin cabeza, pero con posibilidad de masterizarlo si pones atención. Habrá jefes de quien tendrás que aprender los patrones de ataque para esquivar y golpear la contra, de manera más light que otros action RPG. Sin embargo, las numerosas actividades secundarias que te plantea, de las cuales muchas forman parte de la trama principal, hacen que Yakuza Kiwami 3 te genere cierto hastío en las 22-25 horas que nos ha durado a nosotros su aventura principal. Con Dark Ties, al ser más contenido corto y lineal, no pasa eso.
Aunque vamos por partes. El sistema de combate es lo que ya conocías. A diferencia de Yakuza Kiwami 2, donde sustituíamos todos los modos de combate por el estilo Dragón, en este título volvemos a aprender un sistema de pelea diferente. Esto te lo justifican narrativamente con que son artes marciales propias de Okinawa, donde se ha mudado Kiryu, y un sensei del que se hace amigo le enseña de manera pormenorizada. Allí le enseña a utilizar armas típicas locales y valerse de ellas en combate, tanto a nivel ofensivo como defensivo.
Por otra parte, el sistema de progresión es más sencillo que nunca. Tienes tres apartados sumamente lineales, que son la fuerza de ataque, la vitalidad (cantidad de vida que tienes) y técnicas concretas. No hay un árbol de habilidades circular en el que te verás frito para saber qué tienes que mejorar o elegir un camino. Aquí solo hay uno. Por otra parte, sí que se siguen desbloqueando con dinero.
Aunque lo que nos ha gustado poco ha sido lo de la guerra de bandas, conocida como el Bad Boy Dragon. Al principio nos involucramos para ayudar a unas mujeres que se están peleando con una banda de moteros. Desde ahí, te obligan a hacer varias misiones principales en las que pelear a favor de esta banda, reclutar nuevos integrantes y su gestión, así como una especie de minijuego tipo musou en el que dispondrás de una moto, y que sirve para "conquistar territorios". Si bien es de un modo sencillo, la reiteración de misiones y la obligatoriedad de las mismas provocan que se haga repetitivo. Del mismo modo, nos encontraremos a ex-yakuza que han formado su propia banda, llamada 'Segadores', a quienes tendremos que enseñar lo que es bueno para que no causen problemas a la organización.
Por otra parte, en el orfanato Morning Glory tendremos otras actividades como plantar verduras en el huerto o hacer bolsos y carteras con una máquina de coser. Estas actividades sirven tanto para establecer vínculos con los niños del orfanato, mejorando tu "rango de papá", como para venderlos y conseguir mejoras para el orfanato. A nivel narrativo tiene sentido, puesto que en Okinawa la vida carece de ese bullicio de Tokio y hay tiempo para esas otras actividades, así como para tomarse la vida de una manera más relajada. Sin embargo, a veces rompen un poquito el ritmo de la narrativa y sientes que te están mareando un poco cuando tienes cosas más importantes que hacer.
Entre las activivades secundarias, tenemos desde los arcade y minijuegos de siempre, pasando por juegos clásicos de SEGA. Sin ir más lejos, tenemos una Game Gear en cada espacio propio, como nuestro dormitorio o la parte de arriba del dojo. También encontraremos máquinas de gancho donde conseguir premios, karaokes, puntos de fotografía que funcionan como coleccionables y mucho más.
Si todo Yakuza Kiwami 3 fuera como Dark Ties, te volaría la cabeza

Pasamos a sacarle punta a Dark Ties. Es difícil definir qué es este contenido, ya que no es un DLC, ni un spin off como tal. Es más bien una historia complementaria que actúa casi como stand-alone, aunque su duración más corta y su historia, que funciona como precuela de los acontecimientos sucedidos en Yakuza Kiwami 3, lo convierten en un añadido de gran calidad al título.
En este sentido, Dark Ties nos pone en la piel de Yoshitaka Mine, un personaje que empieza como secundario en Kiwami 3 pero que, poco a poco, va ganando en importancia durante la historia. En su caso, nos cuentan que se trata de un emprendedor a quien acaban echando de su propia empresa. Ese mismo día, a raíz de presenciar un atentado, decide entrar en la Yakuza. El protagonista logra subir peldaños en la mafia de manera muy rápida, consiguiendo grandes sumas de dinero quebrantando los códigos de moral y honor de las familias. Esta historia está llena de traiciones, porque su modus operandi es pisotear a quien sea necesario para lograr el poder, lo que nos ayuda a conocer más de su figura y entender mejor por qué causa los problemas que provoca durante Yakuza Kiwami 3.
En lo jugable. el estilo de lucha de Yoshitaka Mine es el Shoot Boxing Style, una especie de kick boxing que incluye acrobacias, agarres y alguna leve llave, muy espectacular y fluido. De cuantos ofrece el juego completo, este estilo es mi favorito. Además, cuando recarga al completo la barra de energía, en forma de corazones encadenados, tiene una especie de modo 'berserker' en el que se le va la olla y comienza a golpear aún más fuertes. Además, tienes un modo llamado Arena Infernal, donde el protagonista de Dark Ties peleará en un concurso de lucha en la que tendrás que encadenar combates y superar retos, más arcade.
Poco más que decir en lo técnico, más allá de que luce increíble
Da igual los Yakuza/Like a Dragon que juegues, siempre me sorprende la calidad de las caras, la textura de la piel, los modelados... es una auténtica maravilla. El pueblo de Ryukyu, en Okinawa, tiene pinta de vivo, y se le nota la intención de hacer algo más relajado y tranquilo de lo que es Kamurocho (que luce tan bien como siempre). El juego funciona a 4K y 60fps en PlayStation 5 Pro, donde lo hemos jugado nosotros. Se nota que le tienen muy pillado el punto al motor gráfico y que no es el primer Kiwami que han querido traer a la actual generación de consolas. El juego no nos ha dado ni un solo rascón de frames, los tiempos de carga son prácticamente inexistentes, brilla en cinemáticas y la iluminación es una auténtica maravilla, incluyendo ray tracing en esta versión.
Conclusiones de Yakuza Kiwami 3 & Dark Ties

En resumen, Yakuza Kiwami 3 es un título en el que han cuidado mucho más la narrativa que en entregas anteriores, dando un producto final mucho más serio pero que igualmente conserva su ADN. Es, directamente, una de las mejores historias de la saga, por aspiraciones ambiciosas, por tono, por jugar con el montaje y cómo te dosifican la información. Kiryu se converte más en una figura paterna que en un mafioso, y eso le sienta bien. Sin embargo, las actividades externas a esa historia que forman parte de las misiones principales frenan mucho el ritmo.
Sin embargo, este salto tan importante en lo narrativo no se corresponde con el ritmo del juego en sí. Y es que la abundancia de contenido alejado de la premisa narrativa hace que te tengan mareando un poco la perdiz con cosas menos interesantes que su, insisto, buena historia principal. En este sentido el añadido de Dark Ties funciona mucho mejor al ser más compacto y enfocado. Este contenido deja muy claro que la experiencia Yakuza gana cuando se enfoca en la historia y eres tú mismo quien se dosifica el ritmo con las recreativas y las misiones secundarias.
Plataforma: PS5 Pro.
Lo bueno:
- Una de las historias más ambiciosas y mejor escritas de la saga Yakuza
- Un cambio de tono hacia la intriga política que le sienta muy bien
- El arco de Kiryu como figura paterna está especialmente cuidado
- Okinawa aporta frescura y un contraste narrativo y visual notable
- Dark Ties es un añadido compacto, intenso y muy bien enfocado
- Apartado técnico sobresaliente en consolas de nueva generación
Lo malo:
- La gran cantidad de contenido obligatorio ajeno a la trama política principal lastra el ritmo y diluye el impacto de la historia
