El mensaje de Jude Bellingham tras caer en el Mundial con un poema del chófer de Inglaterra: "Así recorren el antiguo camino del León"
Jude Bellingham compartió la emotiva carta de Michael Chandler
Vídeo: El golpe por detrás de Bellingham a Valentín Barco tras perder ante Argentina
La selección de Inglaterra se marcha una vez más del Mundial sin poder repetir la final de 1966, la única en su historia, tras haber caído el pasado miércoles en Atlanta por 2-1 ante Argentina. A la espera del partido por el tercer y cuarto puesto con Francia, Jude Bellingham ha reaccionado tras el duro varapalo de los Three Lions compartiendo una carta escrita por Michael Chandler, el chófer del autobús de su selección durante su campamento base en Kansas City.
El jugador del Real Madrid ha sido la gran estrella del combinado británico junto a Harry Kane marcando seis goles durante el torneo, el récord de un centrocampista en la historia de los Mundiales. No fue suficiente para darle el pase a los pross a la gran final de Nueva York tras una semifinal con Thomas Tuchel como el principal señalado por haber dado alas a Argentina dando un paso atrás.
Inglaterra seguirá cuatro años más sin poder coser otra estrella a su pecho y uno de los más dolidos ha sido Jude Bellingham en el segundo Mundial de su carrera. El mediapunta, además, dejó una de las imágenes más virales del final del choque con su colleja al Colo Barco tras la provocación del futbolista del Estrasburgo tras el triunfo argentino.
Este jueves por la noche, en horario de EE.UU. y ya en frío, el jugador madridista ha roto su silencio en redes sociales compartiendo el poema de Michael Chandler y con un mensaje propio lamentando la eliminación: "Me he estado esforzando mucho para encontrar las palabras correctas por lo de ayer y las últimas semanas, pero esto lo resume a la perfección por parte de nuestro chófer en Kansas. Gracias por el increíble apoyo desde casa y a aquellos que gastaron su dinero ganado con trabajo duro para viajar a Estados Unidos y estar con nosotros. No dejes que la unidad y el amor que hemos visto en nuestro país terminen con esta campaña. Cuando estamos juntos podemos lograr grandes cosas... ¡Y lo haremos! ¡Os quiero!".
A este mensaje, Jude Bellingham le ha sumado el poema de Michael Chandler titulado "el camino de los leones" con el que ha emocionado a los futbolistas de la delegación inglesa con los que tantas horas ha compartido durante más de un mes. Un post en el que se ha llevado el cariño de excompañeros como David Alaba, Marcelo, Lucas Vázquez o Fran García.
La carta de Michael Chandler, chófer de Inglaterra, que comparte Jude Bellingham
El León no grita en alto, ni busca los halagos de todos entre la multitud. Sabe que el rugido que estremece la noche nace cuando el miedo se enfrenta al poder.
La lucha no es solo contra el enemigo; el terreno de juego verdadero es desconocido por uno mismo. Antes de que un pase sea ejecutado con acierto, el corazón primero debe haber ganado su carrera.
Porque la fuerza es más que conducir rápido o clavar firmemente cada taco. Vive entre la voluntad de hierro, para volver a escalar la colina más empinada.
El cuerpo se cansa. Los pulmones se oprimen. Las piernas se cansan en la lucha. Sin embargo, las mentes firmes rechazan retroceder, y levantan a los cansados.
La resistencia es una amiga fiel. Camina a tu lado hasta el final. Mientras otros ceden ante el dolor, ella susurra: "Mantente en pie".
La mente astuta supera a la fuerza, que corre con furia todo el día. Un pase paciente, un paso seguro, vencerá para siempre la prisa temeraria.
El halcón puede divisar el campo desde arriba, el león vence por amor inquebrantable. De cada movimiento, de cada carrera, donde muchas mentes se convierten en una.
Porque la táctica no son trucos ocultos, sino sabiduría afilada en el campo. Saber cuándo presionar te arregla el día y cuándo la moderación se convierte en el camino.
La tormenta puede rugir. La multitud puede llorar. El marcador puede negarte alcanzar el cielo. Sin embargo, nada de esto domina el alma cuyo propósito gobierna cada meta.
Ningún árbitro puede robarte tu elección. Ninguna canción hostil puede ahogar tu voz. El mundo puede temblar, la noche puede arder, tu respuesta modifica el giro final.
Inglaterra lució tres leones brillantes, sin elegir la fugaz luz de la gloria. Buscaban, en cambio, un premio más noble: dominarse a sí mismos ante los ojos de los hombres.
Confiaron en pies que los años entrenaron, en mentes que la calma templó; confiaron en corazones inquebrantables, a pesar de que el final se acercaba a cada instante.
Un movimiento perfecto, un pase desinteresado, un momento nacido de innumerables esfuerzos.
La red cedió, la multitud estalló, y un rugido atronador recorrió a amigos y rivales.
La victoria pertenece a aquellos que se controlan a sí mismos antes de la batalla, ganando así un nombre más grande que quienes simplemente juegan el juego.
Sonó el silbato, la contienda terminó y la misión de los 'Tres Leones' se había cumplido.
La victoria era el resultado, alzando el oro para siempre, pero el mayor triunfo, claro a la vista, fue el sereno dominio de sí mismos.
Porque los trofeos se empañan y las multitudes callan pero el tiempo mismo perdura más allá de todas las habilidades.
Pero aquellos que gobiernan tanto el corazón como la mente dejan atrás el miedo y la duda. Así recorren el antiguo camino del León y lleva con calma cualquier carga, afrontan cada prueba con firmeza y lealtad, permitiendo que la disciplina sea tu fortaleza.
Porque la fortuna no favorece a los ruidosos ni corona siempre a la multitud más numerosa. A veces camina junto a aquel que ha ganado su batalla más difícil, no en el campo bajo los focos, sino en lo más profundo de su ser, en noches de insomnio.
Y cuando suene el silbato final y la victoria alce sus alas doradas, se escuchará el rugido más auténtico: el de un alma fortalecida, un alma segura.
