Interrogantes de una temporada descorazonadora

La nueva camiseta de los leones espera ver mejores resultados el nuevo curso 2026/27. (Foto: Athletic Club)
Compartir

La mayor incógnita que sacude la mente de los aficionados athleticzales en este final de temporada es qué demonios ha podido ocurrir para que el rendimiento individual y colectivo se haya desplomado de forma tan drástica respecto a la exitosa campaña precedente.

Las expectativas en la pretemporada del Athletic Club eran muy altas. La renovación de Nico Williams cuando se le daba casi por perdido y los fichajes de Aymeric Laporte, Jesús Areso y Robert Navarro alimentaban la ilusión de los aficionados, con el añadido de la participación en la Liga de Campeones. Sin embargo, el balance final es descorazonador.

PUEDE INTERESARTE

El desgaste por la participación en cuatro competiciones, la acumulación de lesiones de jugadores importantes o aspectos ajenos a los terrenos de juego, como la sanción de la UEFA a Yeray, son las justificaciones estrella para este inesperado bajón.

PUEDE INTERESARTE

Todas estas circunstancias, sin duda alguna, han influido en la trayectoria del equipo, pero posiblemente hay otras que desconocemos.

En el fútbol moderno casi todo gira en torno a las métricas...

Las direcciones deportivas y los cuerpos técnicos de los clubes profesionales trabajan con sofisticadas herramientas que lo miden todo con una precisión asombrosa. Se usan para acometer o descartar fichajes, para preparar los planes de partido, para analizar las fortalezas y debilidades de los rivales o incluso para intentar cambiar sobre la marcha el devenir de un encuentro.

Antes de fichar a un futbolista, un director deportivo habrá analizado infinidad de parámetros relacionados con su rendimiento deportivo. En muchos casos, los análisis previos a un fichaje van más allá de los terrenos de juego e incluyen aspectos como la estabilidad personal, el apoyo emocional de su familia o su historial de excentricidades y polémicas.

PUEDE INTERESARTE

Una vez fichado, al jugador y a su familia se les ofrecen todo tipo de facilidades para hacer más confortable su día a día. Cada club dispone de al menos un “señor Lobo”, al estilo de Harvey Keitel en Pulp Fiction, al que pueden recurrir los jugadores para solucionar problemas de todo tipo (en este caso, al contrario que en la película de Tarantino, todos dentro de la ley, por supuesto).

Sin embargo, no todo está bajo control. No puede estarlo cuando se trata de un colectivo de 25-30 personas y sus respectivos entornos. En este punto, el factor humano adquiere protagonismo.

Un deportista de élite, por muchos millones que gane, es susceptible de verse afectado por condicionantes como la enfermedad de un familiar, una ruptura sentimental, episodios de ansiedad o simplemente el mal descanso por un recién nacido que no para de llorar noche tras noche. Todo esto puede tener influencia en el rendimiento en entrenamientos y partidos.

En un deporte colectivo como el fútbol, la acumulación de condicionantes negativos personales puede conducir a una tormenta perfecta, de igual modo que una plantilla compacta anímicamente ayuda a trazar un círculo virtuoso.

La filosofía del Athletic ayuda a unir lazos en el vestuario, con muchos jugadores que se conocen desde niños y que en cualquier caso tienen un potente nexo identitario, pero no es una receta infalible.

Plantillas con menor apego pueden alcanzar niveles de cohesión similares o superiores. Sin ir más lejos, no hay más que ver el video de los jugadores del Surne Bilbao Basket irrumpiendo en la rueda de prensa del entrenador tras la victoria por segundo año consecutivo en la FIBA Europe Cup al grito de “somos los hijos de Jaume Ponsarnau”. Ningún componente de la plantilla profesional es vasco, ni se ha formado en Euskadi, pero su compromiso con el club y la ciudad es indudable.

Y luego están las rachas y su efecto moral en el colectivo...

Un equipo que encadena varios resultados positivos, adecuadamente espoleado por su cuerpo técnico, se considera invencible y sale a comerse a su rival desde el pitido inicial. Por el contrario, la acumulación de resultados negativos le hace dudar de su capacidad para ganar a cualquier rival y le convierte en un colectivo más vulnerable. De nuevo se pone de manifiesto la delgada línea que separa el círculo virtuoso de la tormenta perfecta. El éxito y el fracaso, esos dos impostores, en palabras del Nobel de literatura británico Rudyard Kipling.

La afición del Athletic ha comprobado desolada cómo en pocos meses, un equipo ganador ha mutado en otro que ha batido el récord histórico de derrotas en una temporada. De plantar cara al PSG en San Mamés en diciembre a terminar la liga con solo tres puntos de margen sobre el descenso.

Quienes consideraron exagerada la explosión de alegría de los jugadores en Mendizorrotza comprenderán ahora la relevancia que tuvo sumar esos tres puntos sin los que ahora mismo podríamos estar hablando de una hecatombe deportiva en Bilbao.

La deriva venía fraguándose en los últimos meses y se ha corroborado en los últimos partidos, en los que, paradojas del fútbol, el equipo de Valverde se despidió de sus opciones europeas a la par que confirmaba su permanencia.

Cuando hace un par de meses el entrenador y algunos jugadores empezaron a hablar de alcanzar los 42 puntos como primer objetivo de la temporada, las críticas arreciaron, pero en realidad ni siquiera esa cifra que habitualmente garantiza la permanencia habría sido suficiente. Que se lo pregunten al RCD Mallorca.

La Junta Directiva, la Dirección Deportiva y el nuevo cuerpo técnico encabezado por Edin Terzic tienen ante sí el reto de analizar minuciosamente y sin margen de errores las causas que han conducido a la decepcionante temporada del equipo y poner en práctica medidas para revertir la situación y que una plantilla que aparece entre las mejores pagadas de Primera División vuelva a ilusionar a sus incondicionales.

Una plantilla que aporta tres jugadores a la selección de Luis de la Fuente, cifra que solo supera el FC Barcelona (ocho) y que iguala la aportación de Arsenal y Atlético de Madrid... más Iñaki Williams con Ghana. Algo debe tener el agua cuando la bendicen.

En apenas mes y medio empezaremos a ver las líneas de trabajo de Terzic y en menos de tres meses volverá la competición oficial y llegará la oportunidad de redimirse de una campaña fallida.

Como cada año, el verano, con el añadido del Mundial de fútbol, servirá para despejar la mente de los frustrados athleticzales, que volverán a creer incondicionalmente en su equipo en agosto. En manos del cuerpo técnico y los jugadores está que el reseteo sea productivo.

.- Por Iñaki Duque, Periodista