¿A nadie se le cae la cara de vergüenza con las 17 derrotas del Athletic?
Desmarcados Athletic: Ni para la Europa más barata con la plantilla más cara de la historia
El cronista Kuitxi Pérez vio al Athletic “partirse en dos” ante el Valencia en San Mamés
Erditu. Partirse por la mitad. Dividirse en dos. Tamaño milagro físico lo ha llevado a cabo la compañera de Iñigo Ruiz de Galarreta. La mujer, una vez más, enseñándonos que sin ella no sería posible la promesa de un cielo o la amenaza de un infierno. Erditu. La casa que habita el eibartarra del Athletic Club ha tenido que ensancharse para que en ella encuentre acomodo un segundo 'trozo de cielo'.
Ernesto Valverde, su entrenador, estaba al tanto. "Zorionak, Iñigo", "Eskerrik asko, míster". Tratándose de un domingo a la mañana, día de partido en San Mamés, Txingurri le ha evitado a su fantástico jugador el trance que suponía el sacrificio de participar o el dejarse llevar placentero lejos del ruido de San Mamés, al abrigo de focos y miradas.
Disfruta, Iñigo, lo pensó y se lo dijo. Guardó para sí el serio perjuicio que conllevaba no poder contar con el jugador que ilumina al equipo en la complicada expedición que, partiendo de las manos de Unai Simón, se empeña en ganar el área rival y conquistarlo.
Apurado el técnico vasco. Dándole vueltas a eso tan manido de hacer de la necesidad virtud. Nadie como Ernesto para reflexionar acerca de las ausencias. Y para manejar un sistema que no acepta más de dos centrocampistas en esa zona ancha donde se cuecen a fuego lento los partidos. Al tanto de sus principios, la maniobra que le exigía la ausencia de 'el 4' de Marcelo Bielsa era la del 'cambiazo'. Mantener su alma de niño le facilita seguir haciendo la colección de los cromos de la liga.
Abre el álbum, despega la foto de 'Galaxy' y, en el breve espacio que ocupa, en el inmenso vacío que deja, con plastilina azul, adhiere al papel la fotografía de Alejandro Rego, o la de Mikel Jauregizar. Siempre nos quedará la duda de, si a su compañera no le hubiera dado por 'partirse en dos' o 'dividirse, Txingurri habría contado con Galaxy desde el inicio.
Rego, el magno Alejandro, erguido en el centro del campo como una columna que estuviera sosteniendo el cielo de San Mamés. A su lado, Jauregizar, aunque, sabido es, ya muy cargado su pecho, exigido el corazón. Cuestión de latidos. Y de pulmones, los que le exigen tomar aire trece veces por minuto.
Lo que le está dando el 'grumete de Bermeo' a este Athletic que a Valverde se le escurre entre los dedos de las manos es del tamaño de un monte plagado de orégano, y del valor del oro que reluce por ser verdadero. Ojalá que tanto esfuerzo haya sido necesario, o merecido la pena.
Ya tenemos a Rego y Jauregizar ubicados en el doble medio centro. El poso y el recorrido, aunque nadie ponga en tela de juicio la calidad de ambos. Lo que Valverde, cuando el balón empieza a rodar, echa en falta es la clarividencia de Galaxy. De él dijo un día que "la pelota le corre". Así como Urbano Anda nos decía que más valía el movimiento del balón que el de los jugadores.
Carlos Corberán, técnico del Valencia, agradece la ausencia en el campo de Ruiz de Galarreta. Se sirve de dos medio centros defensivos. Su 'exageracion' táctica se convertirá en un arma de destrucción masiva. Y de creación, también.
Mientras los visitantes se mueven como Maduro por su casa, a pesar del penalti que el zurdo envió al travesaño, una suerte de agujero negro retiene, atrapa y engulle las tristes acometidas de los leones. El Valencia ha reducido San Mamés a 45 x 68. Cuando defiende. Y lo estira hasta los 105 cuando intuye que de una batalla 2 contra 5 saldrá ganador.
Luis Rioja, maniobrando con su bota zurda como si estuviera 'pispado'. Y con los ojos que no utiliza busca en el segundo palo a Sadiq, aunque no lo vea. En realidad nadie lo ve. Es como si no estuviera. Salta al campo. Se mete en el área. Guardaespaldas de Vivian, al que le dice, "Anda, Dani, quítate, que este balón es mío.
Fuera robo o dejación, el recién incorporado había obrado el milagro de colocar al Valencia de Corberán cinco puntos alejado del descenso. Cuarenta y dos puntos. A dos del Athletic. A tres del Getafe, séptimo. "Europa posible".
Escribiendo a posteriori, a hechos consumados, se me podría tachar de impostor, o ladrón de palabras por apropiarme de un título sagrado del realismo mágico de García Márquez. 'Crónica de una derrota anunciada', la número 17 del Athletic, y parece como si a nadie se le cayera la cara de vergüenza. O, igualmente, la 'Crónica de una victoria anunciada'. La del Valencia CF. Anunciadas, ambas, en todo caso. Porque la suerte de este partido y resultado viene de lejos.
De la [1982-1983], cuando un gol de Tendillo al Real Madrid en el Luis Casanova [sic] validaba el título de liga del Athletic que, en el Insular, había abusado de la UD Las Palmas encajándole un [1-5] que enviaba a los canarios a la Segunda División.
Viene, también, la suerte de este partido y resultado, de la temporada siguiente [1983-1984], cuando, en el ya 'borrado' Luis Casanova, Noriega diseñó la victoria [1-2] con un testarazo que lo dejaba todo al acierto divino de Iñigo Lizeranzu en San Mamés [1-2] frente a una Real Sociedad de dudosas intenciones.
Era el de 'Rocky' el gol 3000 en la historia del Athletic. El 19 de diciembre de 2004, en La Romareda, estadio del Real Zaragoza que a Ander Herrera tanto le duele, Santi Ezquerro repitió hasta alcanzar los 4000.
Tras la triste derrota ante el Valencia CF, aun sabiendo que el Athletic Club busca con ganas el gol número 5.000, los leones están obligados a mirar hacia atrás para no ser sorprendidos por la espalda. Ernesto Valverde lo sabe.
Es tal el miedo que siento a dejar de ser 'lo que somos', que hasta me he convertido en el guardaespaldas de mí mismo. No me fío. Quién me ayuda a ganar un partido, por favor, o quién puede prometerme un par de puntos. Apiádense del hombre que no tuvo ni hijo, ni mármol, ni liebre.
