El sevillano quiere derbi, rivalidad, suspira por guasear al oponente, pero también se abochorna cuando los dirigentes no están a la altura
El Sevilla envía una carta informativa a Integridad señalando al CEO del Betis
El que no conozca a esta ciudad, que la compre. Al menos, a nivel futbolístico. La rivalidad entre el Sevilla FC y el Real Betis Balompié se vive no solo en los dos derbis -y gracias- que se celebran cada año siempre y cuando los dos convivan en la misma categoría. Está en el día a día, en las familias, los bares, los colegios y las plazas donde se organizan esos partidos a vida, muerte y honor entre unos chavales de blanco y rojo y otros de verdiblanco, si es necesario con mochilas como portería y pelotas de papel de plata ‘totalmente reglamentarias’.
O que se meta en uno de los consejos de administraci ón de los dos clubes y comience a ver el derbi diario desde esa especie de realidad paralela que se contagia en los palcos presidenciales. La relación Betis-Sevilla ha vuelto a vivir otro episodio de esos que causan vergüenza ajena a la inmensa mayoría cabal de la ciudad.
El Sevilla ha enviado en estas fechas una carta informativa al comité de Integridad de LALIGA para señalar unas palabras del CEO del Betis, Ramón Alarcón, hace un mes en Radio Sevilla en las que dejaba entrever que el equipo llegaría más relajado al tramo final de la temporada si consiguiera afianzar la quinta plaza. Lógico. Como ha hecho la Real Sociedad desde que ganó la Copa del Rey, el Atlético de Madrid metido en sus infructuosas batallas coperas y europeas, e irán haciendo paulatinamente todos los que logren sus objetivos. La cuestión está en que el Betis se mide en adelante ante dos equipos que podrían ser rivales directos de su eterno rival por la supervivencia, y eso despierta las clásicas suspicacias de esta rivalidad histórica que despierta muchos recuerdos relacionados con Asturias.
En el Betis no han recibido noticia alguna de esta carta, pero sí que recuerdan que el procedimiento es exactamente el mismo que tanto se afeó desde Nervión en otoño de 2024, llegando a una ruptura de relaciones más de cara a la galería que otra cosa. Recordemos, el Sevilla ganó aquel derbi con un gol de penalti de Lukebakio, y la pataleta de un club verdiblanco que no demostró su superioridad en el campo cristalizó en una acusación a Isaac Romero, Carmona y Juanlu por enarbolar una bandera con su escudo tachado. Resultado, una sanción de un partido a los tres canteranos sevillistas y un torpe torpedo a las relaciones institucionales de ambos equipos.
Dos aficiones a otro nivel
Sí que hay una consecuencia que han provocado estas dos ‘denuncias’ o ‘cartas informativas’. La crítica de los propios aficionados del club que se pasa en su papel de acusica. Fueron muchos los béticos que no entendieron aquella sanción, con comunicado incluido desde el grupo de animación, y son prácticamente todos los sevillistas que consideran una broma de mal gusto la acusación al CEO verdiblanco por sus palabras, especialmente teniendo en cuenta los difíciles momentos que está viviendo el club, la entidad y el equipo sevillista en todos los aspectos. Un tiro desviado, un fuego de artificio para tapar su pobre presente. Un clásico de estos casos.
El grueso de los aficionados sevillanos, tan iguales y a la vez tan distintos, quieren derbi, quieren rivalidad, suspiran por guasear al oponente cuando las cosas pintan bastos en la acera contraria, pero también se abochorna cuando los dirigentes son incapaces de estar a la altura. Derbi sí, rivalidad toda, acusicas y chivatos no.
