LaLiga Santander|Jornada 26
Real Betis

Antony 16´,
Á. Fidalgo 37´

2
2
Sevilla

Alexis Sánchez 62´,
Isaac Romero 85´

Por esto, amigos, es el mejor derbi del mundo

Imagen del Betis - Sevilla en La Cartuja. Kiko Hurtado
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Nadie, jamás, habría escrito este guión. Nadie, jamás, habría imaginado que el Betis y el Sevilla empatarían en La Cartuja (2-2) tras la superioridad bética en la primera mitad, tras la resistencia sevillista en la segunda. Por esto, amigos, es el mejor derbi del mundo.

En un derbi no importa la clasificación, las dinámicas, las bajas, las sensaciones y, a veces, ni el empuje de la afición. En un derbi, dicen, importa poco la previa, las ruedas de prensa y hasta las promesas previas. En un derbi juegan muchas más cosas.

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Y si alguien tenía dudas, se despejaron incluso antes del primer tanto. Mientras el Sevilla salía con más corazón que cabeza, con más ímpetu que inteligencia, los de Manuel Pellegrini parecían llevar jugando media hora. Movimientos, desplazamientos y, siempre, un toque antes que los de rojos. Era cuestión de tiempo.

El tiempo, eso sí, se agotó rápido. La primera vez que Abde encaró a Carmona, el marroquí dejó en evidencia todos los problemas que tiene el del Viso, llegó a la línea de fondo, bailó sobre la cal y puso el balón atrás. Algunos dirán que el rechace favoreció al Betis, otros simplemente valorarán lo que necesitó Antony para reaccionar e inventar una chilena mientras Lucién Agoumé entendió que debía despejar. El fútbol es de listos y este Betis, en esto, estaba mucho mejor que este Sevilla (1-0, m. 15).

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La Cartuja entendió entonces que lo de este domingo era una oportunidad histórica para hacer sangre. Y ese fue el gran castigo verdiblanco. No lo sabían, pero solo ellos podían perder esa oportunidad.

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Akor Adams lanzaba un par de balones fuera, Djibril Sow le regalaba a Valles un balón desde el punto de penalti y Alexis Sánchez mandaba a la grada su única gran aportación. Y si perdonas, la pagas.

Tras un excelente contragolpe, con una inexplicable salida de José Ángel Carmona al mediocampo, Abde se la cedería de manera magnífica a Fidalgo para que el ex de la liga mexicana superase, de manera precisa (y preciosa) a Vlachodimos (2-0, m. 37). Parecía que todo estaba listo para sentencia.

Tanta era la superioridad que en La Cartuja se seguía sintiendo aquello de hacer sangre, pero aparecía otro gran temor: era tan inferior el Sevilla, que la cita solo podía perderla al Betis.

El Sevilla resucita en Cuaresma

Matías Almeyda, como de costumbre en este equipo, intentó aprovechar el paso por vestuarios para mover el árbol. Dejó a Carmona, horrible en La Cartuja, y a Suazo, que tampoco estuvo demasiado acertado, en el banquillo y metió en el campo a Oso con Ejuke. Sería la decisión de la noche.

Empezó el otro derbi del que hablábamos. El Betis bajó líneas, empezó a esperar y el Sevilla, sin demasiado convencimiento, intentaba buscar alguna grieta.Los contragolpes eran muy tímidos y en la grada arrancó un run run que no gustaba en demasía.

El Sevilla, sea por historia, por corazón o ímpetu, empezó a creérselo y mientras Oso lo intentaba una, otra y otra vez, Alexis Sánchez se sacó un precioso cabezazo para superar a Álvaro Valles (2-1, m. 85). Los veteranos presentes en la grada empezaron a decirlo: "Esto lo sabía yo".

Porque como decíamos, en un derbi no importa la historia, la dinámica ni la clasificación. Es algo más. Y el Sevilla entendió entonces que el run run de la grada se había apoderado de los jugadores, el silencio se hizo dueño del ánimo bético e Isaac Romero acabó por explotar el miedo bético.

Aprovechando un balón suelto en la frontal, el de Lebrija, el que se lesionó en su primer derbi, el que se autoexpulsó en el último, le pegaría con el alma para superar a Álvaro Valles -que antes sacó una mano mágica- y gritar el gol como si nunca lo hubiese hecho (2-2, m. 85).

El corazón bético de la ciudad latía con velocidad, el sevillista lo hacía con ilusión y el guionista de la cita aún tenía algo más guardado. Abde reventaría la frustración contra la madera de Vlachodimos y apenas minutos después, Llorente sacaría en la línea el que habría sido el tercero.

Nadie, jamás, habría escrito este derbi. Nadie, jamás, habría imaginado esta cita. Por eso esta es la cita más bonita del mundo futbolístico.