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La codicia, uno de los siete capitales y la clave para que el Sevilla FC esté al borde del abismo
Sergio Ramos se pronuncia al fin sobre la compra del Sevilla y espera "novedades" positivas
La codicia. Uno de los siete capitales, probablemente el más presente en la sociedad actual, y la clave para que un club modélico como el Sevilla FC esté, menos de tres años después de ser campeón europeo, al borde del abismo.
El Sevilla está prácticamente muerto. Social, económica y deportivamente, y el probable descenso a LALIGA HYPERMOTION terminaría de rematar al enfermo. Como se pudo leer en las redes sociales este domingo tras el mazazo de Catena, se encuentra en cuidados paliativos. Y ya sabemos en lo que suele derivar eso.
Este es el resultado de unos dirigentes y accionistas que hace ya mucho tiempo que dejaron de mirar al césped para enfocarse en el ombligo de sus carteras. La entidad, una manera fría de llamar a un sentimiento que vertebra miles de familias, dejó de fijarse en el fútbol para enfrascarse en una encarnizada lucha fratricida para ver quién era capaz de controlar el dinero que generaba. Lo que un día fue un Maserati de la más alta gama, hoy es un utilitario al que le falta una rueda, cierra mal el maletero y los intermitentes están fundidos. Y tiene toda la pinta de que dentro de un mes lo echan para atrás en la ITV. Y lo quieren vender por muchísimo más de lo que costó.
Lo que un día fue un Maserati de la más alta gama, hoy es un utilitario al que le falta una rueda, cierra mal el maletero, los intermitentes están fundidos y tiene pinta de que no pasa la ITV. Y lo quieren vender por muchísimo más de lo que costó.
En estos momentos de incertidumbre, en los que el equipo se desangra sin torniquete que sea capaz de aguantar las constantes vitales, la fijación de los dueños del club sigue estando en cerrar una venta que no se creen ni ellos, en un precio totalmente desorbitado que arregle sus ya financieramente cómodas vivas y las de sus sucesores. Pedir por pedir, exigir por exigir, sin tener en cuenta que lo que manejan no es únicamente un patrimonio familiar, heredado en algunos de los casos. Es totalmente respetable que cada uno haga lo que le plazca con lo suyo, pero es imposible justificar desde el punto de vista de la ética y la moral la manera en la que están acabando con el Sevilla, sin ni siquiera ser lo suficientemente valientes/responsables para dar un paso al lado para que otros intenten enderezar la gestión de un club a la deriva, mientras ellos siguen negociando lo suyo.

El proceso de venta y el descenso
El Sevilla no vale lo que piden, ni en Primera, ni en Europa, ni, obviamente, en Segunda división. Lo saben ellos y lo saben todos los compradores, los que han huido al comprobar las ruinosas cuentas, los que están sacándole punta al lápiz y los que pacientemente esperan, desde el corazón más sevillista, a que se abra una puerta a la oferta más sensata. Desgraciadamente, para ellos y para todos -especialmente para unos vendedores que, ahora sí, se la están jugando -, el descenso podría acercarles a un objetivo que parecía ya descartado.
Bochornosas juntas de accionistas, peleas familiares, quitarle la botella al arquitecto del gran Sevilla y ser incapaz de propiciar su continuidad/regreso, fracasar cambiando de entrenador de manera reiterada, malvender a sus mejores jugadores, poner el proyecto en manos de un director deportivo fantasioso y otro que está totalmente de vuelta, esquilmar económicamente la cantera, devaluar sistemáticamente la plantilla, hastiar al siempre fiel sevillismo... Y bajar a Segunda con el riesgo que eso conlleva para su supervivencia. Cuando en vez de preguntar por cómo ha quedado el Sevilla, se vocaliza más el “¿y de mi dinero, qué?”, la gallina de los huevos de oro deja de poner.

