Opinión

Un Athletic de Barrio Sésamo, con explicaciones incomprensibles y argumentos de locura

Redacción local

Caras muy largas de Iñaki Williams y Yeray en el banquillo ante el Atlético en el Metropolitano. DAZN
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Cuanto antes, Athletic. Que se acabe esto cuanto antes. "Esta máquina infernal de vivos y muertos, de muertos y vivos". De esta manera citaba el escritor portugalujo Juan Antonio Zunzunegi ‘El barco de la muerte'.

Cruda novela que narra la vida de un hombre joven que, tras dejar atrás su trabajo de marino en un barco de esos que surcan los siete mares, monta una funeraria ubicada, así pinta el relato, en una calle del casco viejo de la 'noble villa jarrillera'. Le venció la codicia. Terminó machacado por la muchedumbre en la plaza, bajo la balconada del Ayuntamiento.

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Cuanto antes, sí, que se termine cuanto antes esta liga que, cual máquina infernal, constriñe al Athletic Club convirtiéndolo en una escuadra de pérdidas y derrotas, en un equipo acomodado en el casillero, más bien nicho, donde se acumulan aquellos duelos en los que los leones, uno a uno, se vieron obligados a dar su brazo a torcer. Mejor que fueran pulsos, por aquello del poco coste de una mesa y dos sillas y el breve espacio en el que el Athletic se vería obligado a medir, a medirse.

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Acabado el partido, muerto el combatiente llegado de Bilbao, vino una voz salida de la boca de Valverde, y otra, de la de Aitor Paredes. Tanto vale la una como la otra. Así el orden del análisis y las declaraciones. Cuando el palíndromo se instala en el terreno de juego, y de seguido en la sala de prensa.

Déjenme que me desmarque aunque no me haya vestido de corto. Tomo distancia. Observo. Escribo de memoria porque pensar es estar enfermo de los ojos. Partido ciego. Lo que el entrenador ordena y manda antes de saltar al verde se cumple a rajatabla en la primera mitad, pero no así a la vuelta de vestuarios.

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Déjenme que les cuente. Permítanme que exija cetro para la obviedad. Lo que al Athletic le costó toda una primera mitad ponerse por delante en el luminoso, a fin de irse a la caseta victorioso, en el caso del Atlético de Madrid, a los del 'Cholo' Simeone, ocho minutos, no más.

El gol de Aitor Paredes, estrategia suprema, ya era hora, por fin, en el 23', Galaxy botó de lujo desde el banderín de la banda derecha para que el central, postergado por Txingurri, cabeceara de lujo a la escuadra que le pillaba a su izquierda.

Pudo, debió, falta escandalosa de pericia a la hora de interpretar el contraataque, haberle encajado el Athletic a su rival el segundo de la noche. Permítanme que incida. Sólo con este margen [0-2], Ernesto podría haber gestionado el segundo acto aún sin haberse iniciado. En la noche oscura del alma, hay un periodista, ataviado con la zamarra del 'Teatro de los sueños', que se sigue acordando del contraataque liderado por Unai Gómez.

A su derecha, perfectamente habilitado, Iñaki Williams. Se demora el 'txo' zurdo y bravo. Olvida que siempre hay un primer momento para todo. Si Unai Gómez lo hubiera interpretado acorde al manual de la escuela de entrenadores, su pase diagonal y adelantado le habría evitado a la 'pantera' el control, la conducción, y el definitivo acomodamiento del esférico para, a la hora de traspasar el umbral, ejecutar a Jan Oblak de manera inmisericorde.

Su tardanza, la del zurdo que le dobla a Sylvester Stallone las secuencias de riesgo, más allá de perdonarle al equipo del entrenador inquietante el doble castigo [0-2] humedeció la tiza de su míster hasta el extremo de que todo en su pizarra fuera naufragio.

Náufrago el Athletic, el famoso Athletic Club, todo él…

'Barco de la muerte' que se fue a pique. Lo que al Athletic, 45 minutos, al Atlético, ocho. De la victoria a la derrota. Llegaría el tercero con el tiempo cumplido, del mismo modo que el segundo del Athletic habría de llegar para que la derrota doliera aún más.

Se duele Aitor Paredes Casamichana utilizando tópicos que lo condenarían por prevaricación. "Mira que lo hablamos en los vestuarios, de salir bien, enchufados, pero nada. Toca mejorar, ser más serios, más contundentes. Luego lo intentamos y nos encontramos con el tercer gol de ellos".

Si este es el nivel oral de un futbolista para incidir en los entresijos de un partido de fútbol finalizado con victoria, empate o derrota es que lo sucedido en el rectángulo de juego les resulta incomprensible.

Y cuando se cree que el mensaje no da más de sí, porque los futbolistas sólo son capaces de hablar en el campo, Ernesto Valverde Tejedor se quita las cadenas para despacharse con argumentos de locura. "Es una pena irnos de vacío con el partido que hemos hecho hoy". Con la fechoría cometida, querrás decir. "Son un gran equipo, pero la pena ha sido el segundo gol porque hemos fallado en una jugada en la que estábamos nosotros atacando cerca de su área".

Barrio Sésamo. Espinete. Epi y Blas. Arriba y Abajo. Tu portería y la mía...

Si yo no marco, marcas tú. Y como "el curso no ha terminado", habiendo "equipos que aprietan por abajo", debemos "ganar un partido cuanto antes". "Contentos, no; tristes, sí". Vacíos, presionados. Cree Valverde "haber merecido sacar algo de aquí". Son los resultados lo que cuenta". Claro que "duele perder". No sabes cuánto duele, Txingurri.

Existen "maneras". Y "cosas positivas, como las de hoy". Nada más y nada menos que... "plantar cara a un equipo titular del Atlético de Madrid". Pero... "no ha podido ser". Anda, Txingurri, léete "La importancia de llamarse Ernesto" que escribió mi amigo Miguel Suaña. Esmérate. Una victoria. No te pido nada más.

Y si sobraran jornadas, "Niño, deja ya de joder con la pelota. Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca". Descorcha la botella, Piru Gainza. Brindemos, un año más, por este Athletic nuestro que sigue siendo de Primera.

.- Por Kuitxi Pérez García, Periodista y exjugador del Club Portugalete