Opinión

Mestalla te enseña: Mil partidos viendo al Valencia CF y la mitad sufriendo a Peter Lim dan para mucho

El periodista no es noticia

El Valencia CF en Mestalla. Valencia CF
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ValenciaEl Valencia CF ganó al Girona sufriendo y todos respiramos un poco, pero es indudable que son malos tiempos para nuestro querido Valencia. De los peores que uno vivió como profesional o como aficionado al fútbol si se exceptúa el descenso a Segunda. El Valencia CF acaba de cumplir 3.001 partidos en Primera División. Lo hace tocado en todo: en su amor propio, en su propiedad, en su economía, en el campo, en el banquillo, en los despachos pero basta rebuscar debajo de varias capas para comprobar que su identidad sigue ahí, que su legado histórico está. O, mejor dicho, basta ir a Mestalla para ser consciente de que ahí sigue el sentimiento, la identidad y la sabiduría futbolística.

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Mil partidos de LALIGA viendo al Valencia CF

De los 3.001 partidos en la élite del Valencia CF, calculo que, como periodista habré visto 1.000. No es ninguna medalla, sino un aval para asegurar que tengo experiencia y conocimiento de causa para escribir que las horas previas para ir a Mestalla son hoy en día es un suplicio, una angustia, un sufrimiento para los aficionados de a pie. Es tristeza persistente y eso suele acabar en depresión futbolística.

El valencianismo, sabedor que un cambio de propiedad no está al alcance de su bolsillo, ha cambiado parte de su combatividad por resiliencia.

Por eso, todos los que queremos a este club de alguna manera u otra hemos tenido que hacer un ejercicio colectivo y silencioso de estar por encima de todo (resultados, situación en la tabla etc..) y de todos (filias y fobias al entrenador, los jugadores, directores deportivos) para seguir apoyándolo, respetándolo, para gritar en la grada y animar al equipo para que dé lo que pueda, para que no se vaya al pozo de Segunda.

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La lección de Mestalla: otra más

Mestalla lo entendió ante el Girona. Que se llene el estadio cada domingo es, a mis ojos, un ejemplo más de madurez de la afición que, en estos quince años con Peter Lim ha tenido que reinventarse. El valencianismo, sabedor que un cambio de propiedad no está al alcance de su bolsillo, ha transformado su forma de mostrar su rechazo hacia la familia Lim, hacia Meriton. En Valencia hemos cambiado parte de su combatividad por resiliencia. Y eso no es perder la guerra, es seguir en la batalla, es mantenerse firme, a nuestra manera, contra una gestión que no ama el club como sus aficionados, sólo lo dirige y en función de los intereses deportivos, sino económicos.

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Meriton no quiere ni lleva el club en el corazón como lo llevarían los que somos aquí, aunque algunos valencianos lo arruinaran en su día. Por eso, ellos que sí lo sufren, ante el Girona dieron una nueva lección: apretar cuando llegó el autobús, críticas en el minuto 19 a Peter Lim y, los 90 minutos restantes, animar como si fuera una final de Champions. Era lo que el equipo necesitaba para que no le flojearan las piernas. Tiempo habrá al final de campaña con el equipo salvado de pasar cuentas desde el palco de Singapur al de Mestalla pasando por el banquillo y por el césped.

Y Peter Lim... En fin

Nunca hablé con él más de tres palabras, pero creo que, para Peter Lim el Valencia pasó de ser un juguete que él mismo rompió a una empresa más de su abanico económico que le molestaba y que, hasta que pueda deshacerse de él, se lo ha dejado a su hijo, Kiat Lim. Y, de aquellos barros, estos lodos. El club lleva una década penando, lejos de lo que fue, en especial desde 2020 y la esperanza que queda es que, cada día que pasa, su adiós está más cerca. Es, por tanto, una batalla de resistencia generacional contra el tiempo del máximo accionista de Singapur. Es aguantar, esperar que acabe el Nou Mestalla y venda (siempre dije que creía que era la única palanca que lo sacará de aquí). Y, en ese sentido, les digo que uno, tras ver cómo vivió Mestalla el partido ante el Girona se queda tranquilo y orgulloso de ver que la afición no sólo es soberana, sino sabia y es consciente de lo que tiene que hacer sin que nadie se lo digamos. Es el último reducto para la esperanza que nos queda. Feliz semana.

David Torres

Delegado de ElDesmarque en Valencia

dtorres@eldesmarque.com