Heliópolis echa de menos al Betis: "El barrio está triste"

ElDesmarque encuesta a los vecinos del Benito Villamarín: "Es un desastre"
El estado de las obras del Benito Villamarín, sin operarios y con los trabajos parados
Heliópolis es uno de los barrios con más personalidad de toda Sevilla. Levantado por la Exposición Universal del 29, los domingos de sol en el Avelino, la calle Tajo, la cervecita en el Cástulo o el Huracán, la barra de Cambados, el movimiento de los colegios de la zona y la proximidad del campus universitario de Reina Mercedes le dan vida, así como la salida de la cofradía de La Misión cada Viernes de Dolores desde la Parroquia del Claret. Pero no hay nada que represente y aporte más al barrio que el Real Betis Balompié.
Con el equipo exiliado en La Cartuja y las obras del Benito Villamarín paradas a la espera de que se adjudique la siguiente fase, los heliopolitanos echan muchísimo de menos al equipo que cada dos domingos llenaba sus calles de colores verdiblancos, cánticos y, sobre todo, ingresos económicos para unos negocios cuya razón de ser está, en un porcentaje amplísimo, en el desembarco que desde toda Andalucía hacían los aficionados béticos para vibrar con su equipo.
De momento, no se conoce cuando va a volver el Betis a jugar como local en el Benito Villamarín, y los comerciantes de la zona están preocupados. Alguno incluso empezó a ahorrar cuando conocieron que se iba a producir un exilio que al menos durará tres temporadas, pero asomarse al estadio y ver que hace meses que ningún obrero trabaja en él, desconsuela al más pintado.

Los negocios sufren el exilio del Betis
ElDesmarque se lanzó a las calles de Heliópolis a preguntar cómo se estaba viviendo esta ausencia del equipo verdiblanco, y alguno recuerda que no solo aportaba el Betis en los días de partido, sino en el día a día cuando las oficinas del club se encontraban en una grada de Preferencia que ya no existe.
“Llama mucho la atención, no hay ambiente. Ahora mismo no hay nadie y están cerrando ya los bares”, comenta al micrófono de Tito González un vecino junto a la reja de la parroquia. “No era solamente los partidos. En los partidos venía mucha gente, pero en el diario se veía. Había muchos trabajadores donde después salían a comer, a desayunar y aparte, como tenía en el tour, también era un diario”, recuerdan en uno de los bares de la zona.
“Hay algunos que cerraron y otros que no, hay que aguantar hasta que empiece otra vez. Lo que pasa es que parece que va a ser más largo de lo que creíamos”, añade este camarero. “Aquello es penoso. Menos mal que nosotros hemos estado ahorrando bastante. Si no, imposible. Este es negocio familiar y no tenemos que pagar a muchos empleados, pero si no, habría que quitarse gente”, añade otro de los trabajadores del local hostelero.
“Para todo el mundo es un desastre esto. Está triste el barrio”, expone un empleado de la farmacia más cercana al estadio. “Por lo visto las obras están previstas para después del verano. Se está retrasando un poco. Entonces es mejor que el equipo hubiera aguantado hasta mayo, hasta acabar LALIGA, y ya el año que viene se hubieran ido”, analiza otro vecino, sevillista para más señas, desde la calle Padre García Tejero, que desemboca en un Gol Norte de un Benito Villamarín totalmente desangelado sin su grada de Preferencia y, sobre todo, sin sus béticos.

