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La remontada soñada por el Celta termina en un pesadilla cruel

Gol de Matanovic en Balaídos
Matanovic marca gol en Balaídos. UEFA
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VigoSe acabó el sueño europeo del Celta de Vigo. Quizás lo hizo de la peor manera posible. El sueño de una remontada se convirtió en una nueva pesadilla. El Friburgo volvió a demostrar que en estos momentos es un equipo muy superior a los de Claudio Giráldez. Los vigueses volvieron a encajar una nueva goleada, demasiadas en las últimas semanas, para despedirse del Viejo Continente. Volver a Europa el nuevo sueño que debe construirse desde ya porque el equipo ha llegado reventado al mes de abril. Toca recomponerse y valorar todo lo conseguido en estos últimos meses. Disfrutar del camino, por trágico que haya sido el final. Así se lo recordó un Balaídos que no se fue de la grada para recordarles el orgullo que siente "dos nosos xogadores".

El Celta ya había ganado antes del partido, el resultado ni siquiera era lo fundamental. La fe de una afición entregada a los suyos. Jaleándolos en las horas previas a la batalla. Recordando lo bello del camino recorrido juntos. Las luchas ganadas, también las perdidas. La comunión existente entre grada y equipo. La construcción de una idiosincrasia única. Esas son las victorias de un Celta que nadie podrá arrebatar jamás.

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El celtismo rugía con cada acción de Yoel Lago consciente del papel trascendental que le había encomendado Claudio Giráldez. Se volvía loca cuando el de Mondariz pasaba la segadora anticipándose a su rival. La grada bramaba con las pérdidas de tiempo de un Friburgo que por primera vez en la eliminatoria veía la verdadera cara del Celta. Pedían los celestes amarilla a Mazambi por introducir un segundo balón al campo.

Había apretado el cuadro celeste en los primeros minutos. Estuvo cerca Ferran Jutglà de tener la primera del encuentro a pase de Fer López. Supo el Friburgo gestionar ese primer cuarto de hora. Fue impacientando a los de Giráldez, que poco a poco fueron perdiendo el control del partido. El porriñés se desgañitaba en la banda pidiendo a los suyos que insistiesen en la presión. Iago Aspas enloquecía en el banquillo con cada decisión controvertida de Anthony Taylor. El reloj avanzaba y no llegaba la primera gran ocasión con la que enchufarse al partido.

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La Grada de Animación, incansable, buscaba tirar de todo Balaídos. Quedaba más de una hora de partido. Nadie podía rendirse. Un murmullo invadía el estadio cuando Matanovic empalaba con dureza un rechace de Makengo. La pelota se alojaba en el fondo de las mallas pero el asistente decretaba fuera de juego. Tras una larga revisión el VAR daba validez al tanto. El Friburgo ampliaba su ventaja a cuatro goles. Solo un demente podía seguir creyendo.

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Tocaba disfrutar del camino, de lo vivido y sentido. De disfrutar de unos jugadores que desde niños se han formado en A Madroa para llegar por primera vez en sus carreras a unos cuartos de final de la Europa League. Se descomponían los celestes y antes del descanso llegaba el 0-2. Ya ni los más dementes podían creer. Intentó el milagro Claudio Giráldez con cuatro cambios al descanso. Pero el sueño de la remontada se convirtió en pesadilla cuando Suzuki hizo el 0-3 tras una cabalgada hasta línea de fondo de Makengo.

A partir de ahí el Friburgo no quiso hacer más daño. Los 1.200 aficionados alemanes presentes en Balaídos disfrutaban del histórico pase a semifinales de la Europa League. La primera vez para el club radicado en la Selva Negra. Buscó el Celta lamerse las heridas con goles. Tuvo dos clarísimas Jones El-Abdellaoui. No las pudo marcar. Tampoco Fer López o Ferran Jutglà.

Jones El-Abdellaui ante el Friburgo

Desde la Grada de Animación se seguía jaleando al equipo. No cabían reproches porque sin esperanza el Celta se lanzó a por el gol, no querían irse de Europa sin poder celebrar un postrero tanto. Lo logró con el tiempo casi cumplido Williot Swedberg. El final del camino no fue el esperado pero... que bonito fue hacerlo juntos.