Conference League|Jornada 5
Escudo Crystal Palace
Crystal Palace
Jean Mateta 51´
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Escudo Rayo Vallecano
Rayo Vallecano

El meritorio sueño europeo del Rayo se queda en Leipzig

Acción del gol del Crystal Palace ante el Rayo Vallecano.
Acción del gol del Crystal Palace ante el Rayo Vallecano.. EFE
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El Rayo Vallecano se dejó el sueño europeo en Leipzig, en la ciudad alemana donde quedará para la posteridad el transcurrir de los vallecanos por sus calles. Un gol de Mateta en la segunda parte decidió la final de la Conference League para el Crystal Palace ante los de Iñigo Pérez e inundó de lágrimas de tristeza y orgullo los rostros de los miles de aficionados rayistas que siguieron a su equipo.

La crónica del Crystal Palace - Rayo Vallecano

La afición del Rayo Vallecano abandonó entre aplausos de reconocimiento a su equipo las gradas del Estadio de Vallecas después de ver a los de Iñigo Pérez caer por la mínima frente al Crystal Palace inglés, que se proclamó campeón de la Conference League gracias a un tanto de Mateta, en el que ha sido el partido más relevante en los 102 años de historia del conjunto rayista.

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Con la vista fija en Leipzig a través de los tres pantallones dispuestos en el centro del campo, uno frente a cada grada, el Estadio de Vallecas recibió este miércoles a miles de aficionados que, sin posibilidad de desplazarse a Alemania, acudieron a la calle Payaso Fofó para seguir en comunión el intento del club de su barrio de traerse para Madrid el primer título continental desde su fundación en 1924.

Entre continuos jaleos y cánticos, la parroquia vallecana acudió a su cita con la historia y fue abandonando los aledaños, decorados con el lema 'el mejor barrio de Europa', para tomar asiento hasta completar, con el pitido inicial de la final, buena parte de la capacidad de sus tres gradas, teñidas con los colores del Rayo en consonancia con los bloques de pisos que se elevan tras el fondo norte, engalanados también para la ocasión.

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En el minuto 8, el primer centro al área de Álvaro García sacudió nervios y desató aplausos. Tras la réplica del Crystal Palace, fue la propia megafonía del estadio quién encendió de nuevo las gargantas con gritos de "mucho Rayo, mucho Rayo", a los que siguió el ya conocido "Presa vete ya" que tan bien evidencia la realidad de luces y sombras en la que se ha visto envuelta Vallecas durante toda la temporada.

Alemao, con un remate que se marchó cerca del poste izquierdo de Henderson, arrancó un unísono "¡uy!" y levantó por primera vez del asiento al colectivo vallecano, que rompió en cánticos de "sí se puede, sí se puede", consciente de que, consumida la primera hora, las fuerzas permanecían igualadas en un choque sin dueño claro.

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Las notas de protesta ante las amenazas del Crystal Palace, acompañadas del tamborileo sobre los asientos, se cruzaban a cada instante con las de euforia, alentadas periódicamente por el 'speaker' y multiplicadas con cada despliegue ofensivo del conjunto madrileño, si bien Vallecas contuvo el aliento ante el peligroso cabezazo con el que Mitchel mandó el partido al descanso.

Tras el intermedio, la fiesta se intensificó y la grada se animó con una 'ola' que duró lo que tardó el Crystal Palace en abrir el marcador por medio de Mateta. Llegaba la primera decepción, a la que el colectivo vallecano, brevemente enmudecido, reaccionó en segunda instancia con cánticos de apoyo. A más de uno casi se le atraganta el bocadillo con la falta que Yeremy Pino estrelló en ambos postes en una triple ocasión que, milagrosamente, el cuadro inglés no fue capaz de convertir. La parada con la que Batalla, en la jugada inmediatamente posterior, evitó el segundo de los Oliver Glasner levantó por segunda vez del asiento a una hinchada que vivió con profunda inquietud el momento más delicado de los de Íñigo Pérez en el partido.

En el minuto 80, y como si lo tuviera delante, Vallecas silbó el cambio del internacional español Yeremy Pino, villano por un día para una grada que, desde el tanto de Mateta, no pudo sacudirse la agonía de quien sabe que la necesidad le obliga a ver puerta sí o sí para no dejar escapar la primera final de su centenaria historia. La parroquia rayista no se quedó fría, aunque vivió con el corazón en un puño los últimos compases del partido. Tras el disparo desviado de Pedro Díaz en el cuatro de descuento, el público de Vallecas, tirándose de los pelos de la desesperación, conjuró un milagro que no llegó.

El remate fuera de Alemao en el 95 anunció lo peor. Al pitido final, que certificó el mal resultado, le siguió una inmediata y colectiva ovación, un aplauso de orgullo hacia a un equipo que, pese a la derrota, acaba de completar una gesta continental sin precedentes en el la historia de su club.