Análisis

Abyssus: un FPS roguelite submarino que brilla por su acción cooperativa

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Abyssus
Abyssus cuenta con una original ambientación brinepunk. DoubleMoose Games
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Abyssus ha llamado la atención de los fans de los FPS con una mezcla muy atractiva de elementos de shooter de extracción, roguelite y hasta detalles de los juegos más clásicos del género. DoubleMoose Games apuesta por una combinación de un shooter en primera persona con una estructura roguelite y pensado principalmente para jugar en cooperativo. Y todo con un solvente apartado técnico y una sugerente ambientación repleta de misterios submarinos.

La fórmula funciona porque sus pilares principales son sólidos. El combate transmite buenas sensaciones, la progresión consigue que siempre tengamos un nuevo objetivo y cada incursión deja la impresión de haber avanzado un poco más que la anterior. El problema es que, conforme acumulamos partidas, aparecen una serie de limitaciones relacionadas con la variedad, el equilibrio y el ritmo de progresión que terminan reduciendo parte de esa motivación inicial.

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Una ambientación ‘brinepunk’

No estamos muy familiarizados con el término brinepunk, pero basta recorrer los primeros escenarios para entender rápidamente la propuesta. Imaginemos una evolución del steampunk trasladada a las profundidades del océano, donde la tecnología funciona gracias a un extraño recurso llamado ‘brine’ (que utiliza la salinidad del mar, la presión oceánica o las corrientes marinas para funcionar) y donde las civilizaciones olvidadas permanecen ocultas bajo kilómetros de agua. El resultado es una mezcla bastante original que combina restos de barcos hundidos, enormes cavernas submarinas, templos antiguos y una estética que recuerda tanto a la obra de H. P. Lovecraft como a otras obras como BioShock.

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La fabulosa dirección artística consigue transmitir una sensación constante de exploración. Siempre parece que estamos descendiendo hacia lugares donde nadie debería haber llegado. Las estructuras derruidas, las enormes estatuas erosionadas por el agua y los restos de expediciones anteriores ayudan a construir un mundo sugerente incluso cuando la narrativa apenas interviene.

Es una pena que esa riqueza visual no vaya acompañada de una mayor profundidad argumental. La historia se limita a plantear una leve premisa inicial: un grupo de Brinehunters desciende hasta las profundidades para extraer la valiosa brine, pero termina despertando a una antigua civilización corrompida que convierte la misión en una lucha por sobrevivir. Y poco más.

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Un combate bien afinado

Si hay un apartado donde Abyssus demuestra más personalidad es en su sistema de combate. Desde los primeros minutos queda claro que el estudio ha tomado buena nota de la evolución moderna de los shooters en primera persona. El ritmo es elevado, el movimiento resulta muy ágil y la supervivencia depende tanto de nuestra puntería como de la capacidad para permanecer constantemente en movimiento. Los desplazamientos rápidos, el dash y el doble salto convierten cada enfrentamiento en un ejercicio continuo de posicionamiento donde quedarse quieto suele significar recibir una lluvia de proyectiles.

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Las sensaciones al disparar también están muy conseguidas. Cada arma transmite un peso diferente y obliga a afrontar los combates desde perspectivas distintas. El arsenal no es especialmente amplio, pero sí lo bastante variado como para que cada desbloqueo aporte algo nuevo a nuestras partidas. Además, todas ellas pueden personalizarse mediante mejoras temporales obtenidas durante las partidas y modificaciones permanentes desbloqueadas conforme progresamos.

No obstante, el excelente funcionamiento del gunplay contrasta con un diseño de escenarios bastante más conservador. La mayoría de combates tienen lugar en arenas cerradas donde simplemente debemos eliminar oleadas de enemigos antes de abrir la siguiente puerta. Aunque visualmente los escenarios mantienen un nivel notable, rara vez introducen elementos interactivos, trampas o peligros ambientales que aporten nuevas posibilidades tácticas.

Roguelite de manual... para bien y para mal

Abyssus sigue con bastante fidelidad la estructura clásica de los roguelites actuales. Cada expedición comienza prácticamente desde cero y nos obliga a improvisar una nueva construcción a medida que avanzamos. Durante el recorrido acumulamos oro para comprar mejoras temporales, encontramos santuarios que potencian diferentes elementos y desbloqueamos bendiciones capaces de alterar profundamente el comportamiento de nuestras armas y habilidades.

Las sinergias entre los distintos aspectos (fuego, hielo, electricidad o espíritus, entre otros) constituyen uno de los mayores aciertos del juego. Cuando el azar acompaña es posible crear combinaciones realmente devastadoras que transforman por completo nuestra forma de afrontar cada combate.

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Precisamente ahí aparece una de las primeras limitaciones importantes del sistema. Como ocurre en muchos roguelites, la aleatoriedad tiene un peso considerable, pero en Abyssus existen ocasiones en las que las bendiciones disponibles apenas encajan con el equipo que estamos utilizando. Algunas partidas terminan condicionadas por decisiones que reducen notablemente nuestras opciones de crear una build realmente competitiva.

Al margen de las mejoras temporales, el juego también incorpora un árbol de progresión permanente basado en Fragmentos de Alma. Cada expedición nos permite regresar al campamento con nuevos recursos para desbloquear ventajas pasivas, ampliar nuestras posibilidades de supervivencia y acceder a equipamiento adicional.

Cuando el cooperativo es casi obligatorio

Aunque Abyssus puede completarse en solitario, lo cierto es que nunca transmite la sensación de haber sido concebido pensando en esa forma de jugar. La experiencia cambia de manera considerable cuando entran en escena dos, tres o cuatro jugadores, hasta el punto de que cuesta recomendar el modo individual como la mejor forma de descubrir el juego.

La cooperación no solo hace los combates más espectaculares, sino también bastante más equilibrados. Cada jugador puede especializarse en distintos tipos de daño o apoyo, repartir responsabilidades durante las oleadas y recuperar situaciones que, jugando solo, terminarían casi inevitablemente en derrota.

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El problema aparece cuando decidimos aventurarnos sin compañía. La cantidad de enemigos, la presión constante y algunos objetivos secundarios generan una sensación de dificultad poco proporcionada. En determinados momentos no da la impresión de que el juego sea especialmente exigente por diseño, sino simplemente poco equilibrado para quienes prefieren jugar solos.

Algunas salas ejemplifican perfectamente este problema. Hay desafíos que obligan a permanecer inmóviles sobre pequeñas plataformas mientras aparecen oleadas de enemigos desde todas las direcciones. En cooperativo basta con que cada integrante cubra un ángulo distinto, pero en solitario estos encuentros se convierten en una carrera constante por sobrevivir mientras intentamos cumplir el objetivo principal.

No significa que el modo individual sea injugable, pero sí deja claro cuál era la prioridad del estudio durante el desarrollo.

Una dificultad irregular que depende demasiado del progreso

La estructura roguelite hace que morir forme parte natural del aprendizaje. Cada derrota sirve para desbloquear nuevas mejoras, conocer mejor a los enemigos y optimizar nuestra siguiente incursión. Ese ciclo está bien planteado y consigue mantener el interés durante bastantes horas. Sin embargo, el equilibrio entre dificultad y progresión no siempre termina de funcionar.

Los primeros compases resultan relativamente asequibles, pero el salto entre biomas es mucho más pronunciado de lo esperado. Nuevos enemigos que aparecen en grandes cantidades, los proyectiles ocupan buena parte de la pantalla y algunas mecánicas obligan a priorizar determinados objetivos antes de poder eliminar al resto de criaturas.

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En esos momentos empieza a hacerse evidente que ciertas mejoras permanentes son prácticamente imprescindibles para seguir avanzando con cierta comodidad. Aumentar la salud máxima, disponer de más recursos curativos o desbloquear determinadas ventajas son una necesidad acuciante.

Eso provoca que las primeras horas estén marcadas por un cierto componente de repetición. Más que experimentar con nuevas estrategias, en ocasiones simplemente repetimos los mismos niveles para reunir suficientes Fragmentos de Alma que nos permitan competir en mejores condiciones.

Personalización que invita a seguir jugando

Donde Abyssus sí consigue mantener el interés durante buena parte de la aventura es en su sistema de desbloqueos. Cada nueva partida aporta algo: un arma diferente, una modificación para nuestro equipo, una habilidad adicional o nuevos nodos para mejorar el árbol de progresión. Esa sensación constante de crecimiento consigue que incluso las derrotas tengan cierto valor, ya que rara vez abandonamos una expedición sin haber obtenido algún recurso útil.

Las modificaciones para las armas aportan bastante variedad. Cambiar el comportamiento del disparo principal, potenciar habilidades concretas o combinar efectos elementales permite adaptar nuestro estilo de juego sin necesidad de depender exclusivamente del armamento elegido.

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También hay que destacar la ausencia de microtransacciones o sistemas de monetización adicionales. Todo el contenido se desbloquea jugando, algo que cada vez se agradece más en un título centrado precisamente en repetir partidas una y otra vez.

Un apartado técnico que cumple con solvencia

Desde el punto de vista técnico, Abyssus nos deja muy buenas sensaciones. El rendimiento se mantiene estable incluso durante los enfrentamientos más caóticos, algo especialmente importante en un shooter donde la movilidad y la precisión resultan fundamentales. La fluidez permite reaccionar con rapidez ante el gran número de enemigos y proyectiles que llegan a coincidir en pantalla.

Gráficamente no pretende competir con las grandes producciones del mercado, pero el uso de Unreal Engine 5 permite ofrecer escenarios bien iluminados y una dirección artística que compensa unas texturas o modelos relativamente sencillos.

El apartado sonoro también cumple con nota. Las armas transmiten contundencia, los efectos ambientales ayudan a reforzar la sensación de encontrarnos bajo el océano y la banda sonora acompaña correctamente la acción sin llegar a convertirse en uno de los elementos más memorables de la experiencia.

Una fórmula que necesita dar un paso más

Después de varias horas resulta evidente que Abyssus tiene los ingredientes para convertirse en un referente dentro de su nicho, pero también que todavía le falta recorrido para lograrlo.

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El combate sigue siendo divertido incluso después de muchas horas, y eso habla muy bien de la base jugable creada por DoubleMoose Games. La movilidad continúa funcionando con precisión, las armas mantienen buenas sensaciones y experimentar con distintas combinaciones de bendiciones sigue siendo una de las mayores recompensas del juego. Sin embargo, el resto de elementos avanzan a un ritmo mucho más lento.

La progresión permanente acaba convirtiéndose en una obligación más que en un incentivo. Llega un momento en el que repetir los primeros biomas deja de responder al deseo de probar nuevas estrategias y pasa a ser la única manera de reunir suficientes Fragmentos de Alma para desbloquear mejoras que parecen casi imprescindibles. Esa sensación de estancamiento termina ralentizando el ritmo de una experiencia que, por su propia naturaleza, debería invitar constantemente a lanzarse a una nueva partida.

En ese sentido, Abyssus transmite continuamente la sensación de ser un proyecto con muchísimo margen de crecimiento. Nuevos biomas, más enemigos, armas adicionales o modos de juego alternativos podrían ampliar considerablemente su vida útil sin necesidad de modificar una base que ya funciona con bastante solvencia.

Muy recomendable... siempre que tengas con quién jugar

Si algo deja claro Abyssus es que toda su estructura gira alrededor del juego cooperativo. Jugar con tres o cuatro personas transforma completamente la experiencia. La coordinación durante los combates, la posibilidad de crear configuraciones complementarias y el simple caos que se genera cuando decenas de enemigos invaden la pantalla convierten cada partida en un espectáculo mucho más divertido.

Además, el diseño de los jefes finales brilla especialmente en estas condiciones. Cada uno plantea mecánicas diferentes y obliga al equipo a dividir funciones, priorizar objetivos y aprovechar al máximo las habilidades disponibles. Son enfrentamientos intensos, visualmente llamativos y capaces de ofrecer algunos de los mejores momentos del juego.

Conclusiones

Abyssus es uno de esos juegos que resulta fácil recomendar con algunos matices. Tiene personalidad, una ambientación muy poco habitual y un sistema de combate que consigue mantener la diversión durante bastantes horas. Su propuesta aporta un aire fresco a un género muy competitivo. Sin embargo, también es un juego que deja la sensación de quedarse a medio camino de todo lo que podría haber ofrecido. La historia apenas aprovecha el enorme potencial de su universo, la variedad de situaciones termina siendo más limitada de lo esperado y el equilibrio del modo individual evidencia que el cooperativo ha sido siempre la prioridad del estudio.

Pese a todo, cuando reunimos a varios amigos y el juego encuentra su ritmo, aparecen momentos realmente divertidos. Con futuras actualizaciones, más contenido y un mejor ajuste de la progresión podría aspirar a cotas mucho más altas.

Plataforma analizada: Xbox Series X

Lo mejor:

  • Una ambientación brinepunk muy original que aporta personalidad propia al conjunto.
  • El gunplay y la movilidad consiguen que los combates sean ágiles y satisfactorios.
  • El cooperativo para cuatro jugadores es, sin duda, la mejor forma de disfrutar de la experiencia.

Lo peor:

  • El modo para un jugador presenta importantes problemas de equilibrio.
  • La repetición de escenarios y objetivos aparece antes de lo deseable.
  • La progresión permanente exige demasiado tiempo.
Valoración 75/100