Nintendo recupera una de sus series más originales con más de cien desafíos musicales, modo multijugador y una sorpresa tipo RPG
Star Fox, el pilotaje de toda una vida para volar hacia el infinito
Han pasado más de diez años desde la última entrega completamente inédita de la saga Rhythm Paradise, y podemos decir que ya nos lo pedía el cuerpo. Y es que los divertidos y desafiantes minijuegos que se superan a base de interiorizar el ritmo y ser capaz de pulsar los botones en el momento justo, son algo irresistible. Con Rhythm Paradise Groove, Nintendo ha hecho volver a lo grande esa filosofía de gráficos sencillos, situaciones absurdas y divertidas y unas mecánicas a base de ritmo y precisión milimétrica que engancha. Todo con más de 100 minijuegos y propuestas muy novedosas.
Hay que admirar cuando un desarrollador se atreve a romper las reglas impuestas por el mercado y las tendencias. Alejarse de los géneros trillados y tirar de originalidad y riesgo en proponer tanto mecánicas como el tono artístico. Normalmente esto lo solemos ver desde la escena indie, pero es algo que también ha hecho siempre Nintendo. La compañía nipona vuelve a demostrar que todavía hay espacio para experiencias sencillas, creativas y tremendamente divertidas. Basta un único botón, un buen sentido del ritmo y muchas ganas de dejarse sorprender para entender por qué esta franquicia ha conseguido convertirse en una pequeña obra de culto.
Minijuegos y melodías
Rhythm Paradise Groove sigue tirando de simplicidad máxima. Sobre el papel, únicamente debemos pulsar uno o dos botones siguiendo el ritmo de la música en cada uno de los minijuegos que nos presenta. Eso es prácticamente todo. Sin embargo, la gracia nunca ha estado en la complejidad de sus controles, sino en la imaginación con la que Nintendo transforma esa mecánica tan básica en decenas de situaciones completamente disparatadas.
Cada minijuego propone una pequeña historia independiente. Una historia cotidiana o una locura surrealista: una fila de gatos de porcelana saltando al compás, una cocinera que debe atrapar verduras que vuelan para trocearlas y echarlas a la olla, perros que saltan para agarrar un frisbee, un entomólogo que quiere atrapar insectos con su red, unos excursionistas que intentan comunicarse con un alíen en un rítmico encuentro en la tercera fase, unos cangrejos que hacen malabares con jugosas piezas de comida, un tipo que marca bíceps en la playa haciendo rebotar pelotas en sus músculos, un tipo que aplasta latas de refrescos con un mazo gigante, una chica que controla y chuta balones de fútbol sin parar o un robot de una fábrica de flanes que selecciona los postres en una cadena de montaje.
Cada pocos minutos el juego nos sorprende con un escenario completamente distinto, nuevas melodías y personajes extravagantes que consiguen hacernos volar la cabeza. Y lo que es alucinante es que, a pesar de su diseño sencillo y minimalista, casi siempre consigue contarnos una historia en cada minijuego. Mientras sudamos para clavar los tiempos y pulsar los botones en el milisegundo adecuado, el juego trata de despistarnos y hacernos fallar con todo lo que aparece en pantalla, pero a la vez, nos narra una pequeña historia. Por ejemplo, en el minijuego en el que una chica practica controlando y chutando un balón, mientras nosotros nos afanamos en acertar la trayectoria para golpear en el momento preciso, la chica nos cuenta que se aburre en los entrenamientos y fantasea con jugar en un estadio atestado de público que corea su nombre.
Con el ritmo en las venas
Y es que una de las virtudes de la propuesta de Rhythm Paradise Groove, como ha ocurrido siempre en la saga, es que lo que vemos en pantalla es genial, divertido y sugerente, pero nunca es la clave para avanzar en el juego. Aunque existen referencias visuales durante el aprendizaje de cada minijuego, el verdadero objetivo consiste en escuchar la música y dejar que el ritmo marque nuestros movimientos. De hecho, lo que vemos en pantalla jugará para hacerte perder el ritmo y fallar.
Los primeros compases sirven como tutorial, pero poco a poco las ayudas desaparecen y debemos confiar exclusivamente en nuestro oído. Hay ocasiones que incluso es recomendable jugar con los ojos cerrados, ya que eliminaremos distracciones visuales y encontraremos nuestro ‘mojo’, marcando el ritmo con el pie y pulsando exactamente en el momento preciso cada botón.
Los márgenes para conseguir una ejecución perfecta son bastante exigentes, por lo que obtener las máximas puntuaciones requerirá mucha práctica y mucha repetición. Cada minijuego te evalúa y te pone una nota y tienes que sacar al menos un ‘notable’ para desbloquear el siguiente minijuego. Pero una ejecución perfecta te otorgará una medalla y, claro, necesitas conseguir todas las medallas. Una vez superados cada bloque de cuatro minijuegos, aparece una fase final que se llama Remix y que como su nombre indica es una mezcla de las cuatro pruebas anteriores integradas en la misma canción. Conseguir recordar las mecánicas de cada juego y saltar de uno a otro con el ritmo de la misma cancioncilla… es una locura y un desafío. Y conseguir una puntuación perfecta encada remix otorga recompensas valiosas.
Incluyendo los extras, las fases especiales y los remix, el juego ofrece más de cien pruebas diferentes entre el contenido individual y el destinado al multijugador (unas 70 para un solo jugador y unas 30 para jugar en multijugador). Cada escenario posee su propia identidad artística, su propia canción y pequeñas reglas específicas. El resultado es una colección de minijuegos que apenas se parecen entre sí pese a compartir la misma base jugable. Todo con ese toque desenfadado que recuerda a veces a los minijuegos de WarioWare.
Beatspell, la gran sorpresa escondida
Además de los minijuegos individuales, hay algunas sorpresas extra que van desbloqueándose en el menú principal de Rhythm Paradise Groove. Hay una serie de desafíos rítmicos que mezclan también la agudeza visual y que se presentan en oleadas infinitas que son realmente divertidos. Aquí hay que intentar conseguir la puntuación más alta y se van desbloqueando a medida que conseguimos medallas en los minijuegos. Hay otras sorpresas escondidas en esta sección, como una ‘Cafetería’ con un peculiar camarero y otros extras. Pero la estrella aquí es Beatspell.
Este modo completamente inédito introduce una estructura inspirada en los RPG clásicos de combates por turnos. Aquí encarnamos a una hechicera que debe afrontar una aventura donde utilizamos diferentes hechizos para enfrentarnos a monstruos mientras seguimos el ritmo musical. Cada ataque, curación o habilidad depende de nuestra precisión con los botones, de modo que cuanto mejor ejecutemos las secuencias, más daño infligiremos o más vida recuperaremos.
Parece un minijuego más, pero nada de eso. La profundidad de este modo y su extensa aventura, cargada de pequeños combates y desafiantes enfrentamientos a jefes finales, nos ha enganchado de manera especial. Y es que lo que comienza siendo muy sencillo: coordina los botones con la música al ritmo adecuado y con la combinación justa para lanzar ataques, se va complicando: combina otro ritmo distinto para tomar una poción de salud, dobla el ritmo para activar un potenciador…
Un multijugador pensado para las risas
El componente multijugador también está muy bien cuidado. Hasta cuatro jugadores podrán participar en más de treinta pruebas competitivas y cooperativas que aprovechan la sencillez de los controles para reunir a jugadores de cualquier nivel.
Algunas pruebas nos enfrentan directamente, como aquella en la que debemos pulsar el botón exactamente cuando el reloj alcanza una hora concreta para conseguir un trozo de pastel. Otras fomentan la cooperación, como defender el carruaje del rey desviando flechas al ritmo de la música. En algunos juegos se participa a la vez y en otros por turnos y el juego permite que elijas el número de participantes y anotes sus nombres antes de cada sesión. Así, cada prueba va llamando a los participantes por su nombre cuando les toca jugar.
Lo mejor es que estas partidas generan situaciones tremendamente divertidas incluso cuando todo sale mal. Los errores de un compañero afectan al grupo entero y provocan momentos de auténtico caos que parecen diseñados específicamente para compartir sofá y carcajadas. Si mantener el ritmo ya es complicado de manera individual, compenetrarse con amigos es una locura realmente divertida.
Un apartado artístico rebosante de personalidad
Ya lo hemos dicho, pero Rhythm Paradise Groove cuenta con una gran personalidad visual. Cada minijuego presenta un estilo artístico distinto, pero todos comparten una dirección artística caricaturesca llena de expresividad. Las animaciones exageradas, los diseños surrealistas y el humor visual convierten cada partida en un pequeño espectáculo. Es genial ver pequeños detalles como las caras de desaprobación del grupo de baile cuando tu personaje se equivoca en un paso o le pegas un codazo al bailarín de al lado porque no has pulsado el botón a tiempo. Es imposible no sonreír viendo cómo reaccionan los personajes cuando cometemos un fallo o contemplando las extravagantes situaciones que plantea cada escenario.
La música tampoco se queda atrás. Las composiciones vuelven a correr a cargo de Tsunku, el artista y creador histórico de la serie, y demuestran una enorme variedad de estilos. Hay melodías pegadizas, canciones vocales y ritmos que permanecen en la cabeza durante días.
El juego cuenta con una fonoteca, donde puedes revisitar todas las canciones que has desbloqueado, además de todas las melodías de todos los minijuegos. En esta sección de extras se pueden ver los vídeos de ejemplo de todos los juegos y objetos coleccionables, como unos cómics que se consiguen al obtener puntuaciones perfectas.
Conclusiones
Rhythm Paradise Groove es un soplo de aire fresco y una fantástica manera de recuperar una franquicia muy original y rompedora que ya ha triunfado en pasadas generaciones. Sus controles minimalistas vuelven a demostrar que una gran idea necesita muy poco para funcionar cuando está ejecutada con talento. La creatividad de sus minijuegos, la excelente banda sonora, el humor constante y la incorporación de novedades tan interesantes como el genial Beatspell convierten esta nueva entrega en uno de los regresos más interesantes de Nintendo.
Lo mejor:
- Más de cien desafíos con una creatividad prácticamente inagotable
- Beatspell aporta una evolución muy interesante a la fórmula clásica
- Banda sonora memorable y una dirección artística llena de personalidad
Lo peor:
- Algunos minijuegos son muy poco intuitivos y sus tutoriales no ayudan demasiado
- Es una propuesta muy particular que no conectará con todos los jugadores
Rhythm Paradise Groove está disponible para Nintendo Switch y Nintendo Switch 2.

