Lunchbreak Tactics, un pool infinito de combos a doce rondas

El juego de cartas de Borealys Games es un PvE muy sólido y entretenido
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El vaso de los deckbuilders rebosa cada Steam Next Fest con miles de propuestas similares entre las que es imposible tomar partido sin entrar de lleno en la propuesta, y una ilusión toma forma de manera excepcional con Lunchbreak Tactics. Este auto-battler bordea la creación de mazos para abusar de la estrategia con miles de opciones para perderse entre combos, y como fan de los TCG y los LCG esa es la mejor hoja de ruta para enfocar horas de jugabilidad.
Borealys Games ha creado un bucle muy divertido con Lunchbreak Tactics, y da miedo pensar que se puede perder en el pozo de los títulos enterrados en el offline porque es un acierto absoluto. Como fan de los juegos de cartas desde que tengo uso de razón, la mínima versión de algo con opciones de deckbuilding, la mezcla de habilidades y la creación de un equipo para competir es un rastro a seguir, y en este caso la versión ayuda bastante a una rejugabilidad constante hasta dar con la tecla.
La dinámica principal de Lunchbreak Tactics es muy sencilla, es un juego de cartas planteado a doce turnos donde el usuario compite en PvE contra un usuario fantasma con un único ejército: cinco cartas con sus respectivos objetos equipados. El planteamiento deja partidas de unos 20-25 minutos donde la ejecución del enfrentamiento toma forma de auto-battler, por lo que toda la estrategia pasa por encontrar el combo perfecto desde la tienda.
El entretiempo entre cada combate es una tienda abierta donde la propuesta se acerca a un auto chess pero sin cuenta atrás, porque todo pasa por elegir cartas. En este caso hay diez billetes en mano y un pool de cartas con la opción de hacer reroll con el gasto correspondiente, y entre las cartas aparecen tanto criaturas como objetos que se les pueden añadir para mejorar atributos o generar habilidades activas y pasivas.

En ese proceso la evolución de la estrategia in-game es muy similar a la de un TFT de turno por lo que supone evolucionar un equipo, porque las cartas que aparecen aumentan su clase con el paso de los turnos, y eso obliga a una revolución de las cinco cartas elegidas para competir. Y ese frenetismo es la clave de lo que significa Lunchbreak Tactics entre la toma de decisiones, el riesgo para buscar un combo mejor cada turno y la sinergia con el jugador.
La clave del juego es sumar la máxima puntuación posible frente a rivales fantasma que no aparecen hasta el inicio del combate, por lo que nunca sabemos a qué nos vamos a enfrentar (eso sólo sucede en un modo de juego alternativo, Rey del Pasillo). Y la puntuación parte de las propias cartas, que tienen un número añadido en la parte derecha, lo que incluye también un extra de estrategia para decidir cuál merece la pena y en qué posición.
La mecánica básica del juego es el despliegue de esas cartas desde la izquierda a la derecha en un enfrentamiento con las cinco del rival, por lo que sólo se activa la primera, hasta que esta cae derrotada. Cuando el rival quede sin esas cinco cartas, la puntuación de las restantes es la final, y esa cifra se suma entre las 12 rondas hasta dar con un premio final que aumenta tanto las recompensas finales para desbloquear contenido como el ladder.

Con todo eso, la magia de Lunchbreak Tactics es la orientación de esa jugabilidad entre la táctica y la estrategia para medir el corto plazo de la mejor manera posible, porque a veces es difícil ejecutar un combo a largo plazo sin saber las cartas que pueden aparecer antes o después. Estas pueden subir de nivel 3 veces con mejoras de su habilidad, y todo está enclavado en una especie de deckbuilding inicial que tiene dos matices: la elección de dos mazos de entre varios que se desbloquean jugando, y seleccionar a un personaje que arranca con una pasiva para toda la partida (más oro, defensa extra para los personajes, extra de robo por turno....etc).
Hay algo en mí que conectó automáticamente con Lunchbreak Tactics desde el primer momento, y es algo que va más allá del enlace con el diseño artístico que tan bien conecta con el hecho de que cualquier objeto es un guerrero con opción de atacar. Un rollo de papel higiénico, un candelabro, una rata o una copa de vino, todo suma para recrear un estilo divertido que tiene síntomas muy buenos en la interacción de los mismos en partida.
Lunchbreak Tactics funciona muy bien sobre todo en los amantes de los deckbuildings con ganas de descubrir combos, y es un gran valedor del descubrimiento hasta llegar a todas esas probaturas. Cada partida es diferente, y lo que de primeras es un descubrimiento deja siempre con ganas de más para seguir investigando con media sonrisa frente al PC.
Es cierto que a veces es algo frustrante por el hecho de no tener ni idea de qué puede estar delante, porque el rival de cada uno de esos 12 turnos cambia por completo de una ronda a otra, pero forma parte de la magia. Una vez entiendes que la supervivencia extrema para hacer puntos es la base de todo, la diversión pasa por generar el mayor combo posible incluso dentro del reto.
Lunchbreak Tactics es muy fácil de jugar, porque no hay una escala de dificultad más allá de la propia confrontación de ese PvE muy bien ejecutado en todas sus vertientes. El juego en sí es una vara de medir al ego del jugador para enfrentarlo al reto que él quiera, y eso permite muchas opciones que normalmente parten de la aleatoriedad del reroll, pero juega a ser algo más en ese formato donde el descubrimiento de cartas constante ayuda a cambiar las mecánicas a cada turno.
Es fácil perderse en chutar a una carta todo el poder posible así como en ejecutar la muerte a otra para ganar más estadísticas para el resto, y esa múltiple vía para generar siempre más es genial. En unas 13 horas de juego todavía no he desbloqueado todo el contenido, lo que puede invitar a esa rejugabilidad en múltiples términos. En el grupo de amigos lo he recomendado a los dos locos con los que comparto todo lo que siempre destaca cuando un juego de cartas llama a nuestra puerta, y en este caso están aporreando un espacio para tener mucha más atención en la industria desde la simpleza de lo que está bien hecho.
Lo mejor
- El bucle jugable entre la búsqueda de los combos entre tiendas y posicionamiento
- El desbloqueo de personajes tiene un timing perfecto para ir poco a poco sin agobiarte por el content
- El arte de las cartas funciona a la perfección, así como sus animaciones in-game
Lo peor
- A veces frustra perder por no saber a quién te enfrentas, pero es parte de la dinámica
