Análisis

Crimson Desert eleva el nivel de libertad y complejidad de los mundos abiertos a nuevas cotas de calidad

Periodista. Siempre desmarcado.

Imagen promocional de Crimson Desert
Imagen promocional de Crimson Desert. Pearl Abyss
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Crimson Desert no solo apunta alto, sino que está haciendo mucho ruido antes de despegar. El nuevo sandbox de Pearl Abyss se ha colado entre los títulos más deseados y vendidos en Steam incluso antes de su lanzamiento oficial, anticipando el impacto de un juego que no entiende de medias tintas. Enorme, ambicioso y abrumador, pero también exigente, propone un mundo vivo y desbordante de posibilidades que fascina tanto como exige. Una experiencia que no se limita a ser jugada, sino que está para quedarse a vivir durante una larga temporada. Del mismo modo exige tiempo, paciencia y la actitud adecuada para afrontarlo.

Diez años después de Black Desert Online, Pearl Abyss se atreve a adentrarse en un single player que es gigante y abrumador, pero bonito hasta decir basta. Un mundo enorme pero vivo, abarrotado de fauna, actividades y secretos que enganchará a los jugadores durante cientos de horas. Eso sí, tienes que saber a lo que vienes. Si vienes al nuevo juego del estudio coreano en busca de una aventura narrativa cerradita, bosses y por los gráficos, quizá no sea exactamente lo que estás esperando. Procedemos a su análisis.

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Pywel, un mundo gigantesco y lleno de vida

Imagen de Crimson Desert

Primero nos vamos a detener en su construcción de mundo. Crimson Desert es una precuela de los acontecimientos de Black Desert Online. Es decir, ambas suceden en el continente de Pywel, pero el nuevo título de Pearl Abyss sucede cientos de años antes en el pasado. En este sentido, da la sensación de que, con bastante criterio e inteligencia, han retocado las bases del gran mundo en el que trabajan desde hace tantos años, no ya a nivel de mapeado, sino de facciones, lore, historia, lugares emblemáticos y ‘sucesos históricos’ dentro de ese universo. Sea como fuere, sus pueblos y rutas están siempre llenas de vida, ya sea de fauna, flora o paisajes impresionantes, o de personas, comercios, granjas, ciudades abarrotadas, campamentos… hay para todos los gustos.

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Este continente consta de cinco zonas o países, cada uno con un sistema político, unas costumbres, un tipo de vestimenta, arquitectura, paleta de colores, incluso el acento… totalmente diferente. Ir de un lugar a otro se siente muy orgánico porque en cada lugar es una facción o un tipo de sociedad diferente. Eso sí, no solo es grande, también es reactivo. El clima dinámico y el ciclo día-noche transforman completamente la percepción del entorno. No es lo mismo explorar con sol que bajo la lluvia o en plena noche, y detalles como los charcos que permanecen en zonas elevadas tras llover refuerzan esa sensación de realismo, de que el mundo está vivo.

Incluso la fauna está representada con un nivel de mimo poco habitual. No solo hay una absurda variedad de animales diferentes, desde osos, ciervos o cabras salvajes hasta burros, perros, gatos… por si fuera poco, se distinguen claramente crías y adultos, cambian los tamaños, los comportamientos y las reacciones. Detalles como que un perro coma carne si se la tiras, pero ignore la verdura, pueden parecer menores, pero reflejan una atención al detalle increíblemente elevado.

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Lo mismo sucede con los asentamientos, que elevan aún más esa sensación. No son simples decorados, funcionan como espacios creíbles. Hay establos para gestionar monturas, herrerías, tiendas de armaduras, bancos, mercados, carnicerías, pescaderías, tabernas, comerciantes ambulantes… incluso su ubicación está bien pensada. Los establos están en las afueras, el bar está más o menos en el centro de los núcleos de población… Todo está dispuesto para que parezcan pueblos reales, no un hub de videojuego.

¿Qué hacer en este mundo tan enorme de Crimson Desert?

Imagen de Crimson Desert

La exploración es otro de sus grandes aciertos. Tiene ese componente casi instintivo de ver algo en el horizonte y querer ir hacia allí. La escalada con resistencia, muy en la línea de The Legend of Zelda: Breath of the Wild, permite recorrer el mundo con libertad total, reforzada además por sistemas de movilidad más avanzados como una especie de paravela, monturas, vehículos e incluso opciones aéreas que terminan siendo clave para abarcar la enorme escala de este título. Los momentos aéreos o volar a lomos de un dragón, a lo Drakengard o Panzer Dragoon, saltar de él y lanzarte en picado para reventar a unos enemigos, es una de las imágenes que todos tenéis que intentar cuando juguéis a este título.

En un mundo tan descomunal como el de Crimson Desert, la clave no está en hacerlo todo, sino en decidir qué tipo de jugador quieres ser dentro de él. Y es que el juego invita constantemente a dispersarte. Una misión aquí, un campamento enemigo allá, un punto en el horizonte que te llama… pero la experiencia gana mucho más cuando te enfocas y te dejas llevar durante un rato. Ya sea seguir la historia cuando realmente te interese, explorar sin rumbo, pararte a cazar, pescar, buscar minerales, limpiar un campamento que te pilla de paso… o dedicarte a buscar equipamiento. Lo importante es no convertir el mapa en una lista de tareas, porque es enorme y no vas a acabar nunca, sino hacerlo un espacio donde marcar tu propio ritmo.

Es más, conviene aceptar en fases tempranas del juego que no todo el contenido está al mismo nivel, y que no pasa nada por ignorar lo que no te aporte. Este tipo de sandbox funciona mejor cuando se juega con cierta intuición. Ve hacia lo que te apetece en cada momento, sáltate lo accesorio cuando lo percibas como ruido y aprovecha los momentos en los que el juego se centra y brilla de verdad. Como te pares en cada NPC que te hable pidiéndote algo u ofreciéndote una misión, te vas a cansar rapidísimo. En lugar de intentar abarcarlo todo, se trata de filtrar, elegir y construir tu propia experiencia dentro de la variedad de actividades que te propone.

La narrativa es, quizá, el apartado menos contundente de Crimson Desert

En cuanto al apartado narrativo, Crimson Desert se enfoca en el personaje de Kliff, un guerrero perteneciente a una facción llamada Melenas Grises, que ve cómo masacran a su pueblo. Cuando parecía que estaba muerto, un hombre le recoge y le cura las heridas, por lo que nuestro protagonista emprende su viaje y se acaba cruzando con viejos conocidos. Muy al principio te insinúan un gran misterio y te llevan al Abismo, una zona de terreno muy elevada en el cielo donde se le explica que tiene un papel muy importante en la historia. No será hasta más adelante, mucho más, cuando se vuelva a aludir a esta situación.

De este modo, el devenir de los acontecimientos le llevará a organizarse con sus amigos en un campamento, muy similar al de Red Dead Redemtpion 2, que nos servirá como punto focal de la narrativa en sus primeros compases y que tendrás que gestionar. Sin entrar en demasiados spoilers, tendrás varios personajes jugables, compañeros de tu facción, que harán sus propias misiones, tendrán su propio árbol de habilidades y que podrás cambiar prácticamente cuando quieras y a los que podrás llamar para que te acompañen en algunas de tus aventuras. Esto está limitado, por ejemplo, a batallas contra jefes, donde no intervendrán, pero forman parte de la historia y te irán acompañando.

Estamos en un mundo de fantasía medieval pura, aunque el foco está más en crear un mundo vivo y vivir diferentes aventuras conforme avanzas que en tener una historia intrincada, lineal y que toca un solo palo. No me entendáis mal, la historia como tal existe, pero incluso yendo a full por la historia principal, la propia naturaleza de las misiones hacen que sea un poco difícil seguirla y genera un problema de ritmo palpable. Se nota que Pearl Abyss viene del MMO y el juego tiende a cortar bastante su propio ritmo narrativo en detrimento de misiones principales que poco tienen que ver con una historia cohesionada. Esto es más intenso en las primeras horas de juego, donde incluso te mandan a hacer varios recados de un tablón de anuncios para avanzar en la historia.

De la intensidad del combate a la personalización y el punto cerebral de los puzzles

Imagen de Crimson Desert

El sistema de combate de Crimson Desert es una de sus mayores virtudes. A mí me evoca al sistema de The Witcher 3. Combina las varias armas de tu equipamiento con diferentes magias ofensivas y defensivas. Y, aunque tienes un modo sencillo con ataque débil y ataque fuerte, también puedes pulsar diferentes combinaciones de botones para hacer estocadas, ataques giratorios en área y diferentes movimientos que le añaden una capa extra de lo más importante para afrontar bien los combates. A todo esto se suma la existencia de varios personajes jugables, cada uno con habilidades, ritmo, gadgets y sensaciones propias. No es solo una diferencia estética: cambian la movilidad, el estilo de combate y la forma de afrontar situaciones. Por ejemplo, mientras Kliff tiene un empujón llamado palmeo, otro personaje lanza un escudo como el Capitán América con ese mismo comando. Esto aporta variedad real y refuerza la profundidad del sistema.

En cuanto a las armas en sí, la variedad es bastante amplia y se siente como ya te imaginas: las armas pesadas dan menos golpes, pero más potentes, mientras que con las lanzas llegas más lejos, los martillos son más contundentes… hay armas a una mano, que te permitirán combinarlas como quieras, ya sea con escudos o con otra arma, mientras que las armas a dos manos… pues eso, son a dos manos. Además, también tienes armas a distancia y algunas armas presentan propiedades mágicas que desencadenarán efectos mientras combates. De este modo, la combinación de armas, armaduras, magias y habilidades acaba generando builds bastante diferenciadas, reforzando esa idea de que cada jugador puede encontrar su manera de jugar dentro de un sistema que, sin ser abiertamente complejo, sí tiene suficiente profundidad como para evolucionar con el tiempo.

Gran parte de estas habilidades, magias y ataques concretos esto se desbloquean a través del árbol de habilidades. Este está dividido en tres ramas: salud, espíritu y vigor, que te darán la progresión de estadísticas, pero también donde vas desbloqueando nuevas capacidades que complementan tanto el combate cuerpo a cuerpo como el uso de magias. Este sistema no se limita a subir números, sino que abre opciones reales: nuevas formas de atacar, habilidades pasivas, mejoras en movilidad o en el uso de poderes del Abismo. Del mismo modo, hay varios objetos equipables, llamados “equipo del Abismo”. Estos actúan como base para desbloquear habilidades y magias. Para acceder a ellas primero hay que habilitar ranuras, y a partir de ahí se abre un sistema de crecimiento amplio, con distintas ramas de habilidades. Cada una de ellas se desbloquea con “aparatos del Abismo”, objetos consumibles que permiten aprender nuevas capacidades. Eso sí, no es la única vía: el juego también introduce aprendizaje orgánico, permitiendo adquirir habilidades simplemente observando cómo se ejecutan en el mundo.

El Abismo, zona de Crimson Desert

El Abismo, además, no es solo un sistema, sino también un espacio jugable. Aquí entran en juego los puzles, un papel importante dentro de la progresión porque no solo actúan como desafíos, sino también como catalizadores del aprendizaje. En Crimson Desert, muchas habilidades no se adquieren de forma tradicional, sino que surgen cuando el propio diseño del entorno te empuja a necesitarlas. Hay situaciones donde el juego te plantea un problema concreto y, al observar o interactuar, acabas aprendiendo ese movimiento o uso mágico de forma orgánica. Estos puzzles, especialmente ligados al Abismo, recuerdan claramente a los de The Legend of Zelda: Breath of the Wild, con ejemplos como circuitos de corrientes mágicas o eléctricas en los que debes activar y desactivar artefactos para avanzar, exigiendo lógica y comprensión de las mecánicas. Hay algunos bastante enrevesados, no pienses que aquí vienes a unir dos mitades de un medallón para abrir una puerta.

Además, el juego introduce herramientas que amplían esta capa más “cerebral” de la experiencia. Hay un casco que permite visualizar residuos de recuerdos en determinadas zonas, activando una especie de modo detective con el que reconstruir lo ocurrido o encontrar pistas ocultas en el entorno. Todo esto está muy conectado con la propia naturaleza de los poderes del juego, que en su mayoría giran en torno a la naturaleza, valga la redundancia, dominando capacidades como la energía elemental o cinética. Estas generan una interacción constante con el entorno y refuerzan la coherencia entre exploración, puzzles y sistema de habilidades.

El apartado técnico ha suscitado dudas, pero en PC es sólido y espectacular

Sabemos que el apartado técnico ha desatado suspicacias entre los usuarios. En este sentido, nosotros tenemos que decir que nuestra experiencia ha sido sumamente sólida. Con una tarjeta gráfica RTX 4060ti hemos podido jugar, aprovechando el DLSS, en 2K y entre 70 (en el peor de los casos) y 90fps (muy cercano a este margen siempre), con specs entre alto y ultra. El rendimiento es estable incluso en configuraciones exigentes, apoyado en tecnologías como DLSS, y ofrece una experiencia fluida en la mayor parte del tiempo.

Visualmente, es donde más impresiona. La distancia de dibujado es absurdamente lejana, permitiendo ver el mundo con una claridad poco habitual. Todo mantiene un nivel de definición muy alto, con un perfilado limpio y colores vivos que hacen que el entorno destaque incluso a larga distancia. Asimismo, la iluminación es clave en este apartado. El clima dinámico y el ciclo día-noche no son un añadido, sino una parte fundamental del juego. La forma en la que cambia la luz según las condiciones transforma completamente la escena.

Hay pequeños aspectos mejorables, como las animaciones faciales algo limitadas, errores puntuales de la inteligencia artificial de los enemigos o algo de popping de los elementos del escenario. Del mismo modo, el esquema de control puede resultar poco convencional, con decisiones como asignar el salto o la forma de correr, y, de momento, no permite remapear, lo que puede generar cierta fricción inicial. Aun así, el trabajo de Pearl Abyss ha sido evidente en la fase previa al lanzamiento, y seguramente continuarán haciéndolo en los problemas que puedan surgir posteriormente.

Conclusiones de Crimson Desert

Imagen de Crimson Desert

Crimson Desert es, ante todo, un sandbox descomunal. Un juego que apuesta por la libertad, por la acumulación de sistemas y por construir un mundo en el que el jugador pueda perderse durante horas. Su mayor virtud, esa inmensidad llena de vida, actividades y detalles, es también su principal barrera: no es una experiencia pensada para ser consumida con prisa ni para guiar constantemente al jugador, sino para dejarle espacio y exigirle cierta implicación. Como mundo abierto es la bomba, te da una sensación de libertad y de posibilidades para interactuar con el mundo abrumadoras. Como juego narrativo, en cambio, se queda un poco por debajo de los grandes exponentes del género, pero sigue siendo una gran experiencia.

Cuando el juego se centra, especialmente en combates contra jefes, puzzles del Abismo o momentos más dirigidos, demuestra un nivel altísimo y deja claro el potencial que tiene. Sin embargo, esa calidad convive con una estructura heredada en parte del MMO, donde abundan tareas más funcionales y algo repetitivas que afectan al ritmo narrativo y pueden generar sensación de dispersión. En conjunto, es un título excelente, pero muy condicionado por cómo se aborde: no es para todo el mundo, pero quien conecte con su propuesta tiene aquí una experiencia difícil de igualar.

Plataforma analizada: PC (GPU: RTX 4060TI; CPU: Intel Core I5 12400F; 32GB RAM)

Lo bueno

  • Un mundo abierto (sandbox) espectacularmente vivo, denso y detallado
  • Sensación constante de libertad y de aventura emergente
  • Nivel de detalle altísimo en fauna, asentamientos y sistemas
  • Combate profundo, variado y especialmente brillante en jefes
  • Sistema de progresión rico, con múltiples capas (armas, habilidades, magias, objetos del Abismo)
  • Puzzles bien diseñados que aportan variedad y momentos más dirigidos
  • Apartado técnico y visual sobresaliente, con una distancia de dibujado impresionante

Lo malo:

  • Ritmo narrativo irregular, con exceso de misiones de recadero incluso en la historia principal
  • Puede resultar abrumador por la cantidad de sistemas y actividades
  • Estructura con herencia de MMO que penaliza la cohesión de la experiencia single player
  • Controles poco convencionales y sin opción de remapeo
  • Pequeños fallos técnicos puntuales (IA, animaciones faciales, popping)
Valoración 84/100