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Opinión

El 'fútbol tequila' de Javier Aguirre y una huella imborrable en Mallorca

30 años buscando el rebufo de Alonso y Márquez.

Javier Aguirre, entrenando al RCD Mallorca
Javier Aguirre, entrenando al RCD Mallorca. Cordon Press
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En Mallorca, cuando se habla de Javier Aguirre, la reacción es de añoranza total. Y no es nostalgia barata, de esa que aparece cuando las cosas van mal y cualquier tiempo pasado parece mejor. El mexicano se ganó ese cariño a pulso, desde el primer día. Llegó en marzo de 2022 con el Mallorca mirando al abismo y salió airoso en la última jornada, ganando en Pamplona y dejando aquello que parecía un funeral convertido en celebración. Después llegó una novena plaza, la permanencia certificada con margen y, sobre todo, una final de Copa del Rey que el mallorquinismo llevaba 21 años esperando. Aguirre hizo historia. Y la hizo a su manera.

Porque aquello era el famoso 'fútbol tequila': directo, intenso, con personalidad, con ese punto de locura que solo podía aportar el 'Vasco'. No hacía falta disfrazarlo de una revolución futbolística. Aguirre sabía perfectamente qué necesitaba aquel vestuario y consiguió algo todavía más complicado que colocar bien a un equipo sobre el césped: consiguió que todos remaran en la misma dirección. Kang-In Lee creció hasta convertirse en una de las grandes figuras del equipo, otros nombres como Vedat Muriqi y Dani Rodríguez dieron un paso adelante; el Mallorca rozó Europa y Son Moix volvió a sentirse como una trinchera. Había bromas, piña, códigos internos y una conexión extraordinaria entre entrenador, futbolistas y afición. Y qué decir cuando llegó aquella tanda de penaltis en Anoeta en semifinales de Copa, el Mallorca entendió que ya estaba ante algo especial. Todo gracias a una gestión exquisita del méxicano.

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Sin Aguirre, el Mallorca no levantó cabeza

Desde entonces, además, el contraste duele todavía más. Después de Aguirre llegaron Jagoba Arrasate y Martín Demichelis, dos etapas con contextos diferentes pero un desenlace que nadie quería imaginar. El Mallorca pasó de jugar una final de Copa, disputar la Supercopa y vivir el mejor momento competitivo de aquella generación a terminar descendiendo a Segunda. No sería justo cargar sobre los entrenadores toda la responsabilidad de ese desastre, pero el dato está ahí: desde que se marchó Aguirre, el camino ha sido cuesta abajo hasta tocar de nuevo el infierno.

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Ahora el 'Vasco' vuelve a ponerse el mono de bombero en Valencia. Y desde la isla solo puede salir un sentimiento: cariño. Aguirre ya no es simplemente aquel entrenador que salvó al Mallorca cuando estaba contra las cuerdas. Es parte de una época que dejó recuerdos, amigos y una final de Copa para contar durante generaciones. Es historia. Que le vaya bien en Mestalla no significa olvidar lo vivido en Son Moix; al contrario. Significa reconocer que, durante sus años como técnico bermellón, Javier Aguirre convirtió el fútbol del Mallorca en algo mucho más grande que un resultado. Fue supervivencia, tequila, risas, un sinfín de anécdotas, sufrimiento y una familia. Y eso, en el fútbol moderno, no se olvida nunca.

Javier Aguirre, en Son Moix, junto a Toni Amor