Opinión

El Betis desenmascara a Mourinho: adiós al lindo gatito

Periodista especializado en fútbol y baloncesto.

José Mourinho ha tardado poco en recuperar su esencia en su segunda etapa en el Real Madrid. Kiko Hurtado
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360 minutos, cuatro partidos. Lo que se tarda en ver una miniserie de cualquier plataforma. Eso es lo que ha tardado José Mourinho en mostrar de nuevo su verdadera cara. Ese es el tiempo que le ha durado la madurez con que volvía al Real Madrid aderezada de un supuesto lado zen. Se acabó la simpatía, la defensa a ultranza de sus futbolistas y la pátina hare krishna con las que se supone iba a reconstruir la competitividad de un club eclipsado las dos últimas temporadas por el FC Barcelona de Hansi Flick. Florentino Pérez busca su antídoto. Adiós al lindo gatito que ya empieza a apretar la mandíbula de tigre enfurecido.

Lo ha desenmascarado el Real Betis de Manuel Pellegrini, con el que el portugués se deshacía en elogios en la previa del partido del pasado viernes. Ya luego en la rueda de prensa posterior lo elogió bastante menos, diciendo que el cuadro bético había salido a empatar, como si enfrentarse al Real Madrid, al suyo o al de cualquiera, fuera una cosita de irse a tumba abierta a por un rival que se ha gastado cerca de 300 millones en fichajes…que “le había tocado el gordo”, dijo, a lo que el Betis le contestó con un bonito regate.

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The Special One podría perfectamente cambiar su nombre por The Special Ancho del Embudo. Si ésa es la parte que le toca, todo bien. Unas risas, un poco de levitar por encima del bien y del mal, y a tirar para adelante. La competitividad, el fútbol es para listos y todo lo que venga bien vale…hasta que llega la derrota. Entonces, la conjura judeo-masónica contra mi escudo, las persecuciones contra mí porque no tragan mi grandeza y demás artimañas con más años que una playa para no reconocer que te han mandado para allá con viento fresco.

Con goleadas es fácil ser simpático

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Cuando tu equipo funciona como una apisonadora y cuenta casi por goleadas sus partidos resulta tremendamente fácil ser simpático. Para irse a tomar dos cervezas es difícil encontrar a alguien que no valga. Lo complicado viene con los malos momentos. Ahí es donde se ve la madera de la que está hecho uno. Y reza el dicho que “quien nace lechón muere cochino”. Mourinho ha venido al Real Madrid para ganar partidos y títulos, y a las primeras de cambio ya ha dejado de hacerlo. Mientras tanto, allá por Barcelona, un monstruo anda suelto.

Modular la esencia de la personalidad de un ser humano supone una proeza, más épica aún si la persona en cuestión no tiene ninguna intención de lograrlo. El cuadro madridista jugó una magnífica primera mitad ante el Betis, disponiendo de numerosas y claras ocasiones que no materializó en gol. El conjunto verdiblanco, por su parte, tuvo apenas tres y metió una. Debe frustrar mucho, pero el fútbol es así desde tiempos inmemoriales y lo debería de saber bien Mourinho, que ha ganado cientos de partidos en su carrera haciendo precisamente eso.

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A buen seguro que frustrará aún más que las decisiones arbitrales no te favorezcan, aunque resulta que el fútbol avanza hacia minimizar cada vez más las interpretaciones del colegiado y ahí la falta de costumbre seguro que te puede jugar una mala pasada. Encontrarse con unos señores en el VAR que le dan valor a la maquinita y no les tiembla el pulso debe ser una verdadera putada. En Madrid se escuchaba desde antes del verano aquello de “me parece haber visto un lindo gatito”. Pero, qué va, era Mourinho disfrazado.