José Ignacio Navarro ha mostrado una personalidad discreta en su presentación; Del Nido Carrasco, que está encadenado al cargo
José Ignacio Navarro y su 'divorcio' de Cordón: "Yo entendía lo contrario"
Se han sentado este viernes en la sala de prensa del Ramón Sánchez-Pizjuán dos hombres. Uno, ilusionado con su ‘ascenso’ a director deportivo de uno de los equipos más laureados de Europa. Otro, encadenado, en cualquiera de los sentidos que se les quiera dar, al cargo de presidente del Sevilla FC, lanzando bengalas de SOS que nadie ve, o nadie quiere ver.
Igual que le pasa a Jon Guridi, por citar el nombre de su primer fichaje, José Ignacio Navarro nunca habría sido director deportivo del Sevilla en otras épocas. Solo ha hecho falta escucharle ante un micrófono para comprender que se ha sentido bien estas décadas en la sombra, aunque la de Antonio Cordón durante la temporada no ha sido precisamente alargada. Esa timidez que ha mostrado no le capacita ni incapacita para desempeñar un cargo que es una auténtica bomba de relojería siempre que el nombre que lo ocupa no es el de Ramón, es solo una característica más, llamativa eso sí en un gremio de grandes vendedores de motos.
Por la silla que dejó vacía Monchi han pasado todos los perfiles: más austero, más sevillista, más charlatán, más experimentado… y el resultado ha sido malo. Siempre. En las actuales circunstancias económicas, es aún más complicado desempeñar el papel de saco de boxeo que protagoniza cada director deportivo sevillista que nació en cualquier lugar que no sea San Fernando. Monchi puso altísimo el listón, ejerciendo de todo en el club, prácticamente inventando una figura que se fue popularizando hasta llegar a todos los clubes, menos uno, y todos los que han venido por detrás parecen meros imitadores y, por definición, diana de las críticas.
Monchi puso altísimo el listón, ejerciendo de todo en el club, y todos los que han venido por detrás parecen meros imitadores y, por definición, diana de las críticas.
De José Ignacio Navarro no se escucha una mala palabra desde dentro del club. Ni de otros clubes. Un buen trabajador ante la oportunidad de su vida. Un hombre que ante la decadencia de su mentor fue cogiendo galones para que un departamento otrora imitado en todo el mundo, no cayera en la dejadez, y que ha dado un paso adelante en un momento harto complicado. Ha firmado tres años, porque algo “hay que poner en el contrato”. Parece una utopía en una profesión de riesgo como es la de director deportivo del Sevilla FC, sin ser Monchi.

Las cadenas del presidente
Otra historia es la del presidente. Seguramente, José María del Nido Carrasco soñó de niño con ocupar la silla que acabaría ocupando su padre de manera exitosa, levantar títulos como él, y disfrutar de ser el primero de los sevillistas y la segunda personalidad más importante del mundo después del Papa. Pero no ha podido ser. La situación a la que han llevado a la entidad, tanto él como las familias que ostentan una propiedad que está en el Cambalache, le han convertido en uno de los presidentes más vilipendiados de la historia, solo superado si acaso por José María González de Caldas, la penúltima cara visible de la catástrofe sevillista.
Para los que han seguido en vivo la comparecencia, queda claro que Del Nido Carrasco está encadenado al cargo, y que solo una venta va a sacarlo de ahí. Ni una manifestación multitudinaria, ni un acuerdo de unos accionistas que prefieren que la cara la dé otro, van a sacarle del palco. Solo que el Sevilla cambie de manos le liberará de esas cadenas, que ya uno no sabe si son voluntarias u obligadas. “Me vincula un pacto de socios”, repetía una y otra vez ante cada cuestión relacionada con una continuidad que no cabe en cabeza humana. Maldito pacto entre los que nunca actuaron como socios, y que jamás fue por la gobernabilidad.


