Valverde también suena a Ruper
Ernesto Valverde descomprime del fútbol y se marca un bolo con su banda en Getxo
Iñaki Murua nos acerca a la figura más humana y musical de Ernesto Valverde en Bilbao
BilbaoHe terminado la temporada cansado del Athletic Club. Aburrido incluso algunos días en San Mamés, esperando ese punto de inflexión que nunca terminó de llegar. Y, aun así, creo que Ernesto Valverde merece unas líneas… y algo más de música. No sé si eso responde a un gran corazón zurigorri o a una alta dosis de “betizurekinismo”, que diría Asís Martín.
Pero también es cierto que he disfrutado en algunos de esos 504 partidos que ha dirigido el Txingurri. Entre cámaras de fotos, chuletas y canciones de Ruper Ordorika, el técnico rojiblanco deja una huella más ligada a la discreción que a las grandes estridencias.
Me hace gracia que mi nieto, con poco más de tres años, ya reconozca a Valverde en cuanto aparece en televisión. Sin embargo, debo admitir que ahora mismo yo no guardo recuerdos especialmente nítidos del Ernesto jugador ni siquiera de sus primeras etapas como entrenador.
Debe de ser que uno ya tiene el disco duro demasiado lleno. O quizá tenga que ver con esa discreción tan suya. Por no acordarme, no me acordaba ni de que antes de la final de Copa de 2024 ya había escrito una entrada dedicada a Ernesto, en aquel caso en forma de zortziko.
Quizá ahí esté precisamente la clave de todo. En que, después de tantos partidos como jugador y como entrenador, apenas queden grandes estridencias asociadas a él. Valverde siempre me ha parecido un hombre corriente en el mejor sentido de la palabra. De hecho, esa figura que recibió en su clásica posición de cuclillas lo resume bastante bien: pensativo, observador, casi más pendiente de entender el fútbol que de protagonizarlo.
Es así incluso cuando te lo encuentras tomando algo por Gorliz. O indicándole una dirección a cualquiera. O cuando aparece en tu txoko y actúa como uno más. Y ahí va una anécdota. Un día, antes de una comida, otro socio me avisó: “Hoy viene Valverde entre mis invitados”. Y yo le respondí que, mientras no me quitara la chuleta, para mí sería uno más. Y así fue.
Mientras yo intentaba defenderme con la carne de manera digna —que tampoco es tan sencillo— él andaba con una cámara diminuta fotografiándolo todo, otra de sus aficiones conocidas. Creo que hasta me pidió permiso antes de disparar alguna foto. Al final sí le pedí una con la familia para enviársela a alguien que ambos conocemos. Accedió con absoluta naturalidad.
Tampoco quiero terminar sin una referencia musical a Ernesto Valverde...
De hecho, acaba de recibir una guitarra como regalo especial en su despedida. Y en este punto, también, aparece Ruper Ordorika. No por la guitarra athleticaster que le entregó, sino por la trayectoria, por la conexión con Bilbao y por esa manera de hacer música sin estridencias. Uno podría elegir “Zaindu maite duzun hori”, porque tocará seguir cuidando del Athletic que queremos y él seguirá apareciendo por ahí, de una manera u otra.
Pero yo me quedo hoy con “Zenbait bertso xelebre”. Porque tiene ese punto travieso, irónico y algo socarrón que también le intuyo a Valverde. Y porque en un momento de la canción aparece una frase que le encaja bastante bien: tocar música en todas partes. Seguro que él lo hará con esa guitarra.
¿El resto de la letra? Quizá sea mejor dejarlo para otra temporada… u otro entrenador.
