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Kylian Mbappé sigue siendo uno de los mejores jugadores del mundo, pero en el fútbol actual ya no reinan solo las estrellas
Mbappé da la cara y responde a todo: sus vacaciones, pitos, Xabi Alonso, "cuarto delantero" e indirectas a Arbeloa
Cuando un joven Kylian Mbappé acaparaba todos los focos con 19 años en el Mundial de 2018, todo el mundo tuvo claro que ese jugador iba a dominar el juego durante décadas como lo hicieron Cristiano Ronaldo o Messi. Ocho años después, ese mismo jugador solo atesora ese Mundial como el máximo trofeo en su palmarés y, sorprendentemente, con 27 años todavía no ha ganado una Champions League ni el Balón de Oro. En un principio parecía que esto iba a cambiar cuando dio el salto al Real Madrid, un equipo que venía de ganar dos Champions en tres años. Pero ha sido el PSG el que ha conseguido conquistar su primera Champions de su historia y está camino de conseguir la segunda sin Mbappé.
¿Qué ha pasado? ¿Es que Kylian ya no es tan bueno como parecía cuando despuntó en ese Mundial de 2018? Viendo los números del francés, es imposible pensar que Mbappé no es uno de los mejores futbolistas del mundo. No es un problema de calidad, puesto que el ‘peor’ Mbappé en años está a punto de revalidar el Pichichi por segundo año consecutivo y en su primera temporada como merengue ya consiguió la Bota de Oro e igualó el récord de Cristiano Ronaldo como el jugador que más goles ha metido durante un año natural vistiendo la camiseta blanca.
Mbappé, un crack en un fútbol que ha cambiado
El problema no es que Mbappé haya empeorado. El problema para Mbappé es que el fútbol ha cambiado. Durante más de diez años nos hemos acostumbrado al nivel de Cristiano Ronaldo y Messi, dos astros que han competido entre ellos, marcando más de 50 goles por temporada, hasta convertirse en los mejores de la historia. Pero ese fútbol tan dependiente de una estrella ha dado paso a un fútbol más colectivo y grupal. Ya no importa tanto tener a una superestrella, ahora prima más tener una plantilla unida, que jueguen y se sacrifiquen por y para el equipo.
La prueba de ello es el propio PSG de Luis Enrique. Un equipo que, pese a perder a su mejor jugador, ha sabido convertirse en una maquina colectiva perfecta. Lucho ha conseguido que no haya una estrella que brille más que el resto. Desde Dembelé y Kvaratskhelia a Doué, Gonçalo Ramos o Barcola, el asturiano ha conseguido crear un bloque sin una estrella que despunte más que el resto. Algo que no pudo conseguir cuando aún estaba Mbappé en París, condicionando el juego del equipo para favorecer sus espectaculares cualidades. “La temporada que viene voy a controlarlo todo”, comentó Luis Enrique al saber que ya no tendría que encajar a Mbappé en un sistema que no le necesitaba... y vaya si lo ha hecho.
Este cambio de paradigma en el fútbol ha ocurrido casi sin darnos cuenta, aunque ahora sea evidente. Hemos pasado de los 73 goles de Messi en la temporada 2011/12 y los 61 goles de Cristiano Ronaldo en la 2014/15 a un reparto mucho más equitativo entre los atacantes. Ya no marca todos los goles un jugador por equipo, ahora se reparten los goles y el trabajo. Volviendo al ejemplo del PSG, esta temporada los parisinos tienen a cinco jugadores por encima de los 10 goles y ninguno de esos cinco apenas supera la veintena. Lo mismo sucede con otros equipos como FC Barcelona, Arsenal o Bayern Múnich, equipos donde no solo destaca un goleador por encima del resto (aunque el Bayern sí tiene a Harry Kane con 58 goles, también tienen a Luis Díaz, Olise, Nicolas Jackson y Gnabry por encima de los 10 goles).

Mbappé tiene que aportar al equipo y no al revés
Esto no ocurre en el Real Madrid de Mbappé. Lo cierto es que no se le puede reprochar nada al francés después de sus 43 goles en 45 partidos. Pero, a diferencia de los equipos anteriormente mencionados, en el conjunto blanco solo Mbappé y Vinicius superan los diez goles. Un dato que refleja a la perfección la dependencia que existe en el conjunto blanco de estos dos jugadores.
En un deporte en el que cada vez es más importante el trabajo en equipo frente a la calidad individual de los jugadores, este es un problema que el Real Madrid debe atajar para volver a lo más alto. Y la solución pasa por implicar a todos los jugadores en el trabajo colectivo, por muy estrellas que sean. No se trata de jugar para Mbappé, se trata de que Mbappé juegue para el Real Madrid.


