Dicen que sigue sin rendirse

Imagen del Villarreal - Sevilla. Europa Press
  • Oso, Kike Salas y Akor Adams remontaron los tantos iniciales del Villarreal

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El Sevilla consiguió una importantísima victoria este miércoles ante el Villarreal (2-3) remontando dos goles en contra a base de coraje, pasión y una serie de golazos que permiten, ahora sí, rozar la continuidad en LALIGA EA Sports. Dicen que sigue sin rendirse.

Dos realidades totalmente diferentes. El Villarreal, con prácticamente todos sus titulares, jugaba por dejar prácticamente certificada la Champions League; el Sevilla, con multitud de cambios, apostaba por dar un nuevo paso en esta agónica salvación. Y la calidad se notó prontito.

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Arrancaba de manera decente el equipo de García Plaza, con intención, con ánimo, con ilusión, pero con la poca calidad de costumbre. Incapaz de superar líneas con cierta claridad, el Sevilla tenía que esperar a algún error amarillo y en uno de ellos casi se encuentra un premio gigante.

Tras una buena subida de Carmona, Pedraza iría al suelo dentro del área y tocaría, aunque levemente, al sevillista. Inexplicablemente, pocos protestaban y el lateral blanquirrojo casi que parecía pedir perdón. El árbitro, que desafió más al que caía que al que tiraba, no pitó nada.

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A partir de ahí, el Villarreal reaccionó y se notó. Con el Sevilla paseándose en repliegue defensivo, entre Parejo, Mikautadze y Gerard Moreno, mucho más rápido que el resto, pondrían el primero en el marcador (1-0, m. 13).

No le sentó demasiado bien al Sevilla, que si antes tenía ánimo para suplir la calidad, ahora no tenía ni eso. Casi en la siguiente llegada amarilla, un gran pase al hueco presentaría a Moleiro ante Vlachodimos y, con la calidad de un tipo Champions, la cedería para que Mikautadze anotase el segundo (2-0, m. 20). Parecía todo listo.

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No habíamos llegado a la media hora de juego y el encuentro parecía sentenciado. Luis García Plaza se desesperaba en banda y el Sevilla, al menos, empezó a presionar. Dicen que nunca se rinde. Eso dicen.

Aumentó su ritmo, su intensidad y entonces apareció Oso. Tras un gran balón en largo de Sow, el joven lateral, extremo y espíritu de este equipo, firmó un control espectacular, se internó en el área, regateó y anotó con la derecha ante Arnau Tenas (2-1, m. 36).

Los allí sevillistas presentes no querían creérselo en demasía, pero el Sevilla insistía y cuando el reloj agonizaba, Vargas llegó a línea de fondo, la puso atrás y Kike Salas, con el alma, con el corazón, puso el empate (2-2, m. 45).

Akor Adams acerca al Sevilla al sueño

El paso por vestuarios no cambió demasiado la dinámica. El Villarreal, por calidad, por ideas, dominaba, lo intentaba, pero lo hacía a un ritmo inferior al que latía el corazón del Sevilla. Los sevillistas querían convertir el punto en tres, el empate en victoria y, de paso, rozar con los dedos la salvación.

Marcelino comenzó a meter cambios, refrescó mediocampo y bandas, intentó resucitar a su equipo, pero el Sevilla seguía apretando. Y apretó tanto que acabó encontrando resultado.

Tras fallar un par de ocasiones, Akor Adams recogió el balón dentro del área y, sin espacio, sin carrerilla ni oxígeno, se sacó un increíble disparo a la escuadra de Arnau Tenas (2-3, m. 72).

Quedarían 20' para el final y el corazón del Sevilla empezó a latir aún más rápido. Tras un año de desgracias, de derrotas, de caídas en el peor momento, de resbalones, de penaltis en el último minuto, tenía la salvación (o casi) en su mano.

El Villarreal apretó para borrar cualquier tipo de duda sobre su compromiso, Carmona sacaría un disparo en la línea, García Plaza acumulaba defensas y cuando el árbitro mostró los cinco de añadidos, 600 sevillistas apretaron los puños. Estaban ahí.

Suazo ganó la última, Odysseas la mandó arriba y el árbitro pitó el final. Las lágrimas de El Sadar llegan a La Cerámica. Ese día apestaban a Segunda; hoy huelen a Primera (o casi).