Opinión

La suerte del campeón

Periodista especializado en Sevilla y Betis.

Imagen del Sevilla - Real Sociedad. Kiko Hurtado
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Aquella mano del Cluj en el último suspiro, aquella final ante el Dnipro, encontrarte en tu primer histórico asalto europeo ante el Mainz, un gol del portero en el último minuto, otro gol del portero en Valladolid, ese penalti que nunca le pitaron a Mourinho, aquel gol que le anularon a Las Palmas, el inexplicable remate de Diomande sin guardameta, los niños del Atlético de Madrid y la apatía de la Real. Podríamos rellenar este artículo solo recordando deméritos del Sevilla en cada uno de sus triunfos, por pequeños que sean, por insignificantes que sean -porque lo de este lunes tendrá cero importancia si no gana el sábado-, pero igual el título de este artículo no debe ir por ahí.

Porque aunque al que escribe le resulte inexplicable encontrar, día sí, día también, un argumento, una excusa, un ápice de suerte o una explicación para cualquier victoria del Sevilla, no es precisamente día para detenerse en aficionados de otro color que no sean blanquirrojos. Porque la suerte del campeón no habla de coincidencias, polémicas ni camisetas rasgadas en cada esquina, sino de un manicomio que no mete goles, no, pero de vez en cuando sí gana partidos.

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No merecerían los pupilos de Luis García Plaza, viendo el ridículo curso que están firmando, un ambiente como el que se vivió este pasado lunes en el Sánchez-Pizjuán, pero ya saben que en esto del fútbol, la cordura a veces escasea y que en cada historia para el recuerdo existe un acto difícil de entender. Ese es el de esta afición. La suerte del campeón.

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Fue hace años cuando este público tan exigente como entregado se apoderó del insulto y se autoproclamó Yonki y Gitano cuando pocos lo entendían, cuando pocos comprendían que sintiesen orgullo por ello. Resultaba ser cosa de locos. Y ahora lo entenderán. Los Yonkis y Gitanos ahora presumen de vivir en un manicomio.

No todos lo entenderán, será cosa de locos. Pero qué locos.