Este 'manicomio' quiere ser de Primera

Imagen del Sevilla - Real Sociedad. Kiko Hurtado
Compartir

Este manicomio quiere seguir en Primera. El Sevilla consiguió un importantísimo triunfo ante la Real Sociedad (1-0) gracias al tanto de Alexis Sánchez, en un encuentro en el que los de Luis García Plaza, como si de una noche histórica en Europa se tratase, contaron con un ambiente increíble en el Sánchez-Pizjuán.

Si alguien tenía duda, la más mínima, sobre el corazón de la afición del Sevilla, no necesitó ni un solo minuto de juego para entender que este público, aunque las estadísticas no ayudan en demasía, aún tiene mucha esperanza en seguir en la élite.

PUEDE INTERESARTE

Pero ese sentimiento, esa pasión, por desgracia para los intereses blanquirrojos, aún no mete goles. Y a este Sevilla le cuesta un mundo hacerlos. Para prueba, la primera mitad.

PUEDE INTERESARTE

Sea por impulso, por nervios o por la necesidad, el Sevilla firmó una primera mitad en la que fue, en líneas generales, mucho mejor que su rival, pero el silencio, el miedo, la ansiedad, se apoderaba del ambiente cuando la Real, que iba a medio gas, se acercaba al área.

Disparó a puerta este Sevilla, sí, pero lo hizo, en casi todas las ocasiones, sin demasiado peligro, sin lo necesario para escapar del descenso, para escapar de ese fantasma que te atrapa y te deja sin aire. Hasta el corazón más puro, hasta al más sevillista.

PUEDE INTERESARTE

Alexis ofrece otra vida al Sevilla

El descanso calmó el ambiente y bajó revoluciones, tanto, tanto, que el Sevilla salió despistado, cometiendo esos errores que, tarde tras tarde, le habían hecho salir de su templo hundido. Y entonces explotó Nervión.

Tras un centro semifallido de Carmona, Neal Maupay se encontró el balón, lo bajó, lo calmó y como si la película no fuese con él, como si no llevase años jugando en la élite, como si no supiese que, después de levantar tantos títulos, una institución histórica dependía de él, Alexis reventaría la red de Remiro (1-0, m. 49). Lo más difícil se había conseguido.

Desde ese momento, el manicomio de Nervión perdió la poca cabeza que le quedaba y puso todo su corazón. Pitos sin descanso, cánticos, saltos y miradas al cielo pidiendo que Rubén Vargas acertase la siguiente, que Alexis empujase como fuese lo que pasase por el área pequeña y, especialmente, que el reloj pasase rápido.

La Real Sociedad, que había vivido relativamente tranquilo el encuentro, lo intentó. Apretó al Sevilla, ahogó el corazón blanquirrojo, metió a todos en el área y acabaría intentándolo, de manera desesperada, hasta que el 95' llegó, el pitido sonó y el Sánchez-Pizjuán volvió a ganar.

Nervión no mete goles, no; pero los acerca. La grada no mete centros, no; pero los empuja. El Sevilla sigue teniendo vida gracias a su gente, porque este manicomio quiere seguir siendo de Primera.