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Opinión

Judas, Pilatos, Barrabás…

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Manu Bueno se lamenta en el Oviedo-Sevilla
Manu Bueno se lamenta en el Oviedo-Sevilla. EFE
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Judas, Pilatos, Longinos, Barrabás, Gestas, sanedritas, sayones judíos… son los malos del sacro relato que hemos podido contemplar por las calles de Sevilla durante la fabulosa Semana Santa que ha cerrado la Resurrección en Santa Marina. El Señor triunfó sobre la cruz y la muerte, y unas horas después de que sonara Amarguras para cerrar el discurrir de la Virgen de la Aurora, el Sevilla FC, allá donde se encuentra el Santo Sudario y con el apoyo de mil sevillistas tan fieles como crédulos, empujó un poco más la piedra que cerrará su sepulcro, deportivo e institucional, dentro de un mes y medio si nada cambia.

José María del Nido Carrasco, José Castro, los Carrión, Alés, Guijarro y compañía son los antagonistas de esta película de terror en la que se ha convertido el Sevilla FC. Cambia todo, los futbolistas, los técnicos, los entrenadores, y el club sigue descomponiéndose hacia la podredumbre y la putrefacción con la Segunda División más cerca que nunca, en una cuarta temporada arrastrado el escudo por todos los campos de LALIGA EA Sports, incluido un Carlos Tartiere que durante todo el año ha sido una especie de ‘todo incluido’ para el que lo ha visitado. Traicionar por dinero, lavarse las manos ante lo injusto, pedir lo que no le pertenece y obtener lo que no le corresponde. ¿Les suena?

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El Sevilla sigue descomponiéndose hacia la podredumbre y la putrefacción con la Segunda División más cerca que nunca.

Si cambia todo menos una cosa, y todo va a peor, es evidente cuál es el problema. El palco no se mueve, el equipo es incapaz y los aficionados se han cansado, asumiendo que el descenso es inevitable para dar carpetazo de una manera penosa a la época más gloriosa de un club que avanza hacia los 136 años de historia.

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El sillón que no se mueve

Mientras José María del Nido Carrasco y su consejo de administración sigan sentados en el palco, este equipo y este club no tienen solución. Con ellos alrededor, todo apunta a ruina, y después de esquilmar a la entidad económicamente con una gestión que debería ser estudiada en Harvard como ejemplo de lo que no hay que hacer, quieren vender la burra a precio de pura sangre.

El Sevilla caía en Oviedo en una continuación del desastre de la temporada, con los de siempre aferrados a un palco que deben abandonar a la voz de ya, vendan o no vendan. Y mientras tanto, Sergio Ramos contemplaba en el callejón el enésimo triunfo de Morante de La Puebla en su regreso a los ruedos en La Maestranza. Cuestión de estrella. Abran paso y las ventanas, que se airee el Sevilla. Con ustedes, nada bueno le va a pasar a este club.