La temporada en la grada de uno de los pocos estadios que sigue oliendo a fútbol del bueno ha sido complicada
Ni la lluvia puede con el manicomio sevillista en Nervión
10 de mayo, mediodía, 12 de la mañana. Miles de sevillistas en la Plaza Markt de Eindhoven viviendo lo que jamás habían soñado, otros miles volando o esperando a que salieran sus aviones desde el Aeropuerto de San Pablo, y otros miles calentando motores desde la capital hispalense para vivir un momento que, probablemente, no volvería a repetirse.
10 de mayo, mediodía, pero 20 años después. El sevillismo respira, aún contenido, después de haber vivido decenas de noches inimaginables, solo por haber dado un penúltimo paso hacia la permanencia. En el camino, once títulos, una veintena de finales, años y años, generaciones enteras que han visto a su equipo codeándose con los más grandes de España y Europa, y un par de campeonatos ligueros de los que se le apartó con malas artes.
El 10 de mayo de 2006, salvando varias distancias, el Sevilla era una suerte de Rayo Vallecano de la actualidad. Ante un equipo medio inglés, a los que siempre damos por superiores, se jugaba el primer título europeo de su historia. Aquel era un auténtico equipazo, y también muchos de los que le sucedieron mirando desde la perspectiva que da el paso del tiempo, hasta que en los últimos años el equipo y el club se han ido deteriorando a la vez que la paz social y la bonanza económica saltaban, a la vez y una como consecuencia de otra, por los aires.
Escudo, bandera, estadio ¡y afición!
Cuatro puntos cardinales tiene el Sevilla FC, su escudo, su bandera, el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán y, sobre todo, el sevillismo. Una afición veterana, sabia, reconocida desde dentro y desde fuera, capaz de reconducir por sí sola la temporada de un equipo que olía a cadáver. Estaba en los buenos tiempos de la primera década del siglo XXI, y también están ahora.
La temporada en la grada de uno de los pocos estadios que sigue oliendo a fútbol del bueno ha sido complicada, hasta el punto de que muchos sevillistas señalaban a otros sevillistas que osaban desear que su equipo ganara. ¡Lo nunca visto! Muchos han criticado a un Gol Norte que ha demostrado con creces por qué es una de las gradas más veteranas del panorama europeo. Ha entendido a la perfección lo que se necesitaba, desde la jornada 1 a la 35, y así será a lo largo de los tiempos. Le demandaban lo que algunos querían que hicieran otros, pero han identificado y ejecutado -junto a la Federación de Peñas y muchos trabajadores del club- lo que necesitaba el Sevilla, la verdadera razón de ser de este amor por un club de fútbol que se responde al nombre de sevillismo.
Han pasado 20 años, pero el Sánchez-Pizjuán y, sobre todo, el sevillismo, siguen ganando partidos. Como el del gol de Puerta al Schalke, la final de Eindhoven, la del Camp Nou ante el Atlético de Madrid, la de Basilea o todo el camino hacia Budapest. Y también las 'finales por seguir viviendo' de Las Palmas, Real Sociedad y Espanyol. La permanencia, si se logra, será gracias a ellos. Queda una más, y allí estará otra vez la mejor banda.
