El Atleti está en la final de Copa y en cuartos de Champions. Fácil de decir, difícil de hacer
Rubén Uría y el único ‘pero’ a la temporada del Atleti
“Prometiste que este equipo iba a competir y lo está haciendo pero ¿hasta dónde puede competir este equipo?”. La pregunta de mi compañero Nacho Donado, alias ‘Donadoni’, en sala de prensa, sirvió para que Diego Simeone recitara un nuevo versículo del manual de ‘cholismo ilustrado’ que le ha acompañado durante tres lustros: “La realidad la tenemos en nuestra mente. Y somos los artífices de nuestra realidad”.
A esa realidad se aferró el Cholo para sobrevivir tras un comienzo de temporada durísimo, trufado de lesiones, errores del entrenador, resultados negativos y partidos infames fuera de casa. Todo eso sucedió mientras el Atleti decía adiós a casi 40 años de gilismo y abrazaba una nueva era, con una nueva propiedad. A duras penas, Simeone sacó el manual de supervivencia y permaneció de pie. Su equipo, irregular por bandera -capaz de firmar exhibiciones futbolísticas brillantes y bodrios insoportables-, sostenido por la unidad de un vestuario sano, ha ido creciendo poco a poco, resultado a resultado, partido a partido.
Coqueteó con el fracaso, porque el Atleti siempre es su peor enemigo, pero como le gusta a su entrenador, aceleró en las curvas y afrontará la primavera pisando su ‘ring’ favorito: molestando a los pesos pesados de siempre. Encelado en sus ideas que ha ido desechando y madurando durante el crudo invierno, Simeone ha trabajado la naturaleza del grupo con su vieja receta de siempre: potenciar las virtudes de los jugadores y esconder sus defectos. Y sorpresa. Una vez más, al Cholo le está yendo bien. Tardó más de la cuenta, pero en una temporada convulsa y sobre la marcha, ha reforzado el núcleo duro del vestuario, ha dado ‘bola’ a los nuevos, ha reforzado los galones de la ‘vieja guardia’ y ha encontrado su alineación tipo.
Todo el grupo está creciendo. Marcos Llorente, Hancko y Pubill han sostenido al equipo en la dificultad. Al convite se han unido, cuando más falta hacía, los demás. Julián, que no estaba, ya está. Griezmann, que se iba, se queda. Koke, al que iban a jubilar, jubila a sus detractores. Cardoso, del que se decía que era de cristal, empieza a parecer adamantium cuando defiende hacia adelante. Ruggeri, del que se dijo que la noche le confundía, ahora vive acertando de día. Sorloth, que parecía de hielo, empieza a mostrar que tiene fuego. Y qué decir de Juan Musso. Llegó para hacer grupo y está siendo líder.
El Atleti está yendo de menos a más y ahora llega la hora de la verdad. Superado el escollo de Londres, mi compañero Nacho Donado volvió a preguntar y Simeone volvió a demostrar que el verbo favorito de su vida es insistir: "Estoy donde quiero estar, en el lugar en el que trabajamos para estar. Hay mucha gente para que el equipo compita así. Ojalá el destino y Dios nos dé la posibilidad de llegar lo más lejos posible".
El Atleti está en la final de Copa y en cuartos de Champions. Fácil de decir, difícil de hacer. La duda es: ¿Hasta dónde va a llegar este Atleti? Simeone promete grabar en piedra su manera de afrontar la dificultad. Ya saben: “La realidad la tenemos en nuestra mente. Y somos los artífices de nuestra realidad”.
