Ford presiona a Renault y Citroën con un SUV que busca el equilibrio entre espacio, confort y dinamismo

Ford Kuga 2026
Ford. Ford
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Hay SUV que destacan especialmente por el maletero, otros que apuestan casi todo por el confort y algunos que intentan conservar cierto tacto de turismo. El Ford Kuga no lleva ninguno de esos extremos demasiado lejos. Precisamente ahí está buena parte de su gracia: hace casi todo bien y permite escoger entre diferentes niveles de electrificación.

Es una receta que lo mantiene perfectamente vigente frente a Renault y Citroën. El Austral ha hecho del sistema full hybrid uno de sus grandes argumentos y el C5 Aircross apuesta claramente por el confort. Ford responde con un Kuga espacioso, agradable para viajar y con una puesta a punto que todavía recuerda que esta marca sabe hacer coches que se conducen bien.

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Un SUV familiar que no resulta aparatoso al volante

El Kuga mide alrededor de 4,60 metros, así que hay espacio suficiente para afrontar viajes familiares sin entrar en el territorio de los SUV enormes. La segunda fila tiene además una característica especialmente útil: puede desplazarse longitudinalmente.

Moviendo la banqueta se decide si interesa dejar más espacio para las piernas o ganar capacidad de carga. Es una solución sencilla, pero bastante más útil en el día a día que muchas de las tecnologías que suelen protagonizar las fichas de equipamiento.

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Ford también ha cuidado la postura al volante. Se conduce más alto que en un turismo, naturalmente, pero no transmite esa sensación de llevar una carrocería enorme alrededor. La dirección es rápida y los movimientos están bien controlados, especialmente teniendo en cuenta que hablamos de un SUV pensado principalmente para familias.

No pretende convertirse en un deportivo. Simplemente mantiene un punto de agilidad que se agradece al salir de la autopista y encontrarse una carretera de curvas.

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El híbrido convencional tiene mucho sentido

Una de las versiones más interesantes es el Kuga Full Hybrid. Combina un motor de gasolina de 2,5 litros con propulsión eléctrica y ofrece alrededor de 180 CV, dependiendo de la configuración.

No necesita enchufarse y obtiene la etiqueta ECO. En ciudad puede aprovechar frecuentemente el motor eléctrico y recupera energía al frenar, mientras en carretera mantiene la facilidad de uso de cualquier gasolina.

Por encima queda el híbrido enchufable, que supera los 240 CV y permite realizar una parte considerable de los desplazamientos diarios utilizando únicamente electricidad si se carga con frecuencia.

Esta variedad es importante frente a rivales como el Austral o el C5 Aircross. Ford no obliga a elegir una única receta. Hay alternativas pensadas para quien no tiene cargador y otras que aprovechan mucho mejor disponer de uno en casa.

El equilibrio sigue siendo su mejor argumento

Dentro, el Kuga actualizado utiliza una gran pantalla central de 13,2 pulgadas con el sistema SYNC 4. Hay menos botones que antes, aunque las funciones principales siguen siendo relativamente sencillas de encontrar.

El diseño quizá no resulte tan espectacular como el del Peugeot 3008 ni tan peculiar como el de algunos SUV recién llegados de China. Tampoco parece buscarlo. El Kuga es uno de esos coches cuya lógica aparece después de utilizarlo durante varios días.

Hay espacio detrás, una banqueta que permite adaptar el habitáculo, motores electrificados y una conducción suficientemente agradable para que un viaje no resulte aburrido. Todo dentro de una carrocería grande, pero todavía manejable.

Renault tiene en el Austral uno de los híbridos más eficientes de la categoría. Citroën lleva el confort del nuevo C5 Aircross todavía más lejos. El Kuga responde colocándose aproximadamente entre ambos: cómodo para viajar, práctico para una familia y con ese punto de dinamismo que Ford lleva años intentando conservar en sus coches.

No gana por goleada en un apartado concreto. Lo interesante es que cuesta encontrar uno donde falle de manera clara.