El BMW más elegante de la historia de la marca es de 1972

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Antes de que BMW llenara su catálogo de SUV, grandes parrillas y versiones M de enorme potencia, fabricó un cupé cuya elegancia todavía sirve de referencia. El 3.0 CSL de 1972 combinaba un frontal afilado, pilares muy finos y una carrocería baja con el trabajo de aligeramiento necesario para competir en turismos.

Aquel coche no necesitaba parecer rápido mediante entradas de aire gigantescas. Sus proporciones y la ligereza explicaban su carácter. Incluso las unidades anteriores al célebre paquete aerodinámico “Batmóvil” tenían una presencia especial, más cercana a un gran turismo refinado que a una máquina de competición matriculada.

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La belleza de unas proporciones sencillas

El largo capó terminaba en el característico frontal inclinado de los BMW de la época. Los cuatro faros redondos y la parrilla de doble riñón ocupaban muy poco espacio en comparación con los diseños actuales. El paragolpes cromado añadía elegancia sin ocultar la anchura del coche.

De perfil, el 3.0 CSL mostraba una gran superficie acristalada y pilares especialmente delgados. La curva Hofmeister remataba la ventanilla posterior, mientras la línea de cintura recorría la carrocería sin interrupciones. Las puertas largas y el techo bajo daban al coche el aspecto de un auténtico cupé de viaje.

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La trasera era casi horizontal, con pilotos sencillos y un maletero bien definido. Las versiones posteriores añadirían aletas, apéndices y un enorme alerón para la homologación, pero la base de 1972 destacaba precisamente por su limpieza.

La letra L se tomó completamente en serio

CSL significa Coupé Sport Leichtbau, o cupé deportivo ligero. BMW recurrió al aluminio para las puertas, el capó y la tapa del maletero. También utilizó cristales más ligeros, redujo el aislamiento y eliminó parte del equipamiento.

El ahorro podía alcanzar unos 200 kilos respecto al 3.0 CS del que derivaba. Esa dieta mejoraba la aceleración, la frenada y la agilidad sin necesidad de instalar un motor desproporcionado. Es una filosofía que hoy resulta casi exótica, cuando cada nueva generación suele ser más pesada que la anterior.

En 1972 llegó la versión de inyección con un seis cilindros en línea de 3.003 centímetros cúbicos y 200 CV. BMW declaraba una velocidad máxima de 220 km/h, una cifra muy respetable para la época.

El coche que preparó el camino para BMW M

BMW Motorsport se fundó precisamente en 1972 y encontró en el 3.0 CSL la base perfecta para construir su reputación. Las versiones de carreras dominaron el Campeonato Europeo de Turismos y llegaron a desarrollar soluciones que después pasarían a otros modelos.

El CSL también quedó unido a los colores azul, violeta y rojo de la división deportiva. Más adelante se convirtió en el primer BMW Art Car gracias a la intervención de Alexander Calder, reforzando su relación con el diseño y la cultura.

Su elegancia procede de una época en la que la deportividad se expresaba mediante proporciones, ligereza y detalles discretos. Hay BMW más rápidos, caros y espectaculares, pero pocos poseen la claridad visual del 3.0 CSL de 1972. Incluso parado, parece ligero. Esa cualidad lo mantiene como uno de los diseños más logrados de toda la historia de la marca.