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Análisis

Star Wars: Galactic Racer - amor por las carreras ilegales del borde exterior de una galaxia muy, muy lejana

Periodista. Músico. Padre. Gamer.

Imagen promocional de Star Wars: Galactic Racer. Fuse Games
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Hace una buena tira de años, el que escribe este texto echó cientos de horas a aquel mítico Star Wars Racer en una flamante Sega Dreamcast, un título que permitía vivir la sensación de velocidad y espectáculo de las alucinantes carreras de vainas que disfrutamos en el cine con el estreno de Star Wars Episodio I. El lore, el espectáculo y toda la imaginería de las carreras ilegales de esta galaxia muy, muy lejana eran casi lo mejor de aquella película y los responsables de este videojuego lo sabían y se centraron en ello. Gran acierto.  

Guardo un increíble recuerdo de aquel juego que disfruté en la última consola de Sega y precisamente por eso he cogido este Star Wars: Galactic Racer con tantas ganas. ¡Y vaya si me han regalado un juegazo los chicos de Fuse Games! (en colaboración con Lucasfilm Games). Este título es mucho más que las viejas carreras de vainas, es un increíble juego de velocidad que homenajea a toda la saga cinematográfica y al universo Star Wars con varios vehículos míticos, distintos planetas y localizaciones y tantos modos, desafíos y opciones de juego que resulta abrumador.

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Pero sí, hay carreras de vainas. Y es que han calcado el mítico circuito de Moss Easly en Tatooine, el de la película y el de la primera carrera original de Star Wars Racer. Pero es que encima han recreado su secuencia de inicio, sus cinemáticas y su banda sonora. Un alucinante homenaje al título que lo comenzó todo y que me ha hecho saltar alguna lagrimilla.   

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La velocidad se abre paso en el Borde Exterior

La caída del Imperio ha dejado una galaxia en plena reorganización. Mientras la Nueva República intenta reconstruirla, en el Borde Exterior prospera un circuito clandestino alimentado por las apuestas, el espectáculo y las ganas de hacerse un nombre. Ahí se sitúa Star Wars: Galactic Racer, alrededor de una competición en la que los sindicatos patrocinan a los pilotos y las fortunas cambian de manos en cada curva. La velocidad tiene su propio negocio, sus propias estrellas y sus propias luchas de poder.

El responsable de poner todo esto en marcha es Darius Pax, un mecánico de vehículos repulsores y apasionado de las carreras que funda la Liga Galáctica con la intención de devolver al deporte su antiguo esplendor y acabar legitimándolo. El punto de partida es un campeonato sin autorización oficial, pero Pax aspira a convertirlo en algo más. El problema es que la creciente influencia de la familia Bool amenaza con arrebatarle el control de su creación.

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Nos ponemos en la piel de Shade, un piloto solitario que llega a la Liga con aspiraciones de gloria y una motivación de venganza. Su participación también responde a la petición de ayuda de Pax, un viejo amigo que necesita frenar al campeón actual, Kestar Bool. Para Shade, ascender en esta competición implica recuperar las riendas de su destino, establecer alianzas y sobrevivir a una rivalidad que se extiende más allá de la clasificación.

Galactic Racer organiza su propuesta alrededor de carreras por intentos, o runs, en las que vamos tomando decisiones y construyendo nuestro vehículo sobre la marcha. Cada recorrido combina pruebas, recompensas y riesgos, con una progresión persistente que prepara el siguiente intento cuando el anterior termina.

Pilotos, mecánicos y mafiosos al mando

Shade es humano y ejerce como piloto profesional, con talento para las competiciones de alto riesgo. Su invitación a la Liga tiene un objetivo concreto: destronar a un campeón corrupto y asestar un golpe al poder opresivo que representa. La campaña adopta su punto de vista para acercarnos a ese campeonato, a los personajes que lo rodean y a los vínculos que debemos tejer para avanzar.

En el otro extremo está Kestar Bool, de la especie caskadag. Es el orgulloso hijo de una familia tan poderosa como peligrosa y está dispuesto a hacer lo que sea para mantener su título. Su empeño en seguir siendo campeón también responde a la necesidad de obtener el respeto que considera que merece.

Darius Pax, por su parte, es un besalisk con experiencia como mecánico de vehículos repulsores y una afición de toda la vida por las carreras. Cree en la competición que ha fundado y quiere recuperar la emoción de este deporte, aunque la intervención de los Bool lo ha colocado en una situación que le viene grande. Esa combinación de fundador, mecánico y viejo conocido de Shade lo sitúa en el centro del conflicto.

A nuestro lado tendremos a Hibi, una ardenniana llena de energía y con un talento extraordinario para la ingeniería… y para hacer saltar cosas por los aires. Su ambición es dejar huella y convertirse en la mejor mecánica de la galaxia. A este reparto se suma Sebulba, el dug cuya fama como leyenda de las carreras de vainas se ha ido apagando con los años. Sigue vinculado a ese mundillo y se resiste a quedarse atrás, aportando una conexión con el universo de Star Wars y el aquel videojuego originario de los 2000.

Cada planeta cuenta con su propio paddock, un centro temporal que podemos explorar como Shade en una vista en tercera persona muy interesante. Aquí se reúnen los pilotos, circulan historias y encontramos un espacio para acercarnos a la vida que rodea la competición. Son las pausas entre pruebas, con tiempo para recorrer el entorno y conocer ese otro lado de la Liga Galáctica, el que continúa cuando los motores dejan de rugir.

El paddock también tiene una función práctica: permite mejorar los vehículos y comprar piezas a vendedores itinerantes. La preparación se integra así en lugares por los que pasan mecánicos, corredores y comerciantes, dentro de una competición que se mueve de planeta en planeta.

Recorridos, rutas y un vehículo que construimos sobre la marcha

La campaña para un jugador nos lleva a disputar la Liga a través de una estructura de Recorrido organizada en tres actos. El recorrido encadena eventos en distintos planetas y aumenta las exigencias a medida que progresamos. Entre sus pruebas aparecen carreras, eventos de eliminación, pruebas de campo y encuentros misteriosos. La posición que conseguimos o el cumplimiento de los criterios de éxito de cada evento determina las recompensas con las que seguimos preparando nuestro vehículo.

Cada intento reorganiza la estructura y la distribución de los eventos, incorporando bifurcaciones en las que elegimos por dónde continuar. El orden de los planetas dentro de cada acto permanece fijo, de modo que podemos aprender la secuencia de mundos que nos espera, aunque las decisiones del itinerario cambien. Conocer lo que viene y elegir una ruta que encaje con nuestra configuración forman parte de la preparación del tour.

Las distintas pruebas ofrecen recompensas diferentes, cuyo alcance crece en función del desafío. Por tanto, elegir un camino también significa valorar qué podemos conseguir y qué estamos dispuestos a arriesgar para obtenerlo. Puedes intentar arriesgar en una elección para obtener mayores recompensas, pero igual lo pagas y acabas saltando por los aires en una bola de fuego. Al terminar cada evento recogemos sus premios y tenemos la oportunidad de modificar el vehículo con mejoras, piezas, habilidades y cambios visuales.

Para competir necesitamos Fichas de la Liga, fichas de participación que también podemos recoger durante un intento. Acumular demasiados accidentes en un mismo evento o no terminar entre los tres primeros en determinadas pruebas provoca la pérdida de una ficha. Cuando nos quedamos sin ninguna, el recorrido termina y debemos empezar de nuevo. Esa reserva de fichas marca cuánto margen tenemos para seguir compitiendo.

La eliminación desguaza nuestra configuración y la convierte en moneda, mientras una parte del progreso se conserva para futuros intentos. Entre los recursos y desbloqueos persistentes están los créditos, los Tuning Points, los Kit Points, los Estilos de Piloto y los Favores. Ese sistema sitúa la campaña dentro de una estructura cercana al roguelite, aunque su funcionamiento se presenta como carreras por runs: avanzar, preparar una configuración, asumir las consecuencias y volver a intentarlo con lo que hayamos conseguido conservar.

Los Tuning Points se destinan a desbloquear vehículos o a mejorar las estadísticas base de los que ya tenemos. Los Kit Points permiten personalizar su aspecto. Los favores ofrecen efectos potentes que pueden ayudarnos tanto dentro como fuera de la pista y se consiguen ganándonos el respeto de amigos y adversarios de la Liga. La progresión también pasa, por tanto, por nuestra relación con las personas que participan en ella.

Antes de cada carrera se nos ofrece la posibilidad de elegir un contrato de un patrocinador. Estos contratos proponen objetivos que debemos cumplir durante la prueba y entregan recompensas al terminar si satisfacemos sus requisitos. A la lucha por la posición se añade así una tarea concreta que puede orientar lo que hacemos en pista y los premios que buscamos.

La construcción del vehículo se apoya en cuatro elementos: Mejoras, Piezas, Habilidades y Estilos de Piloto. Las mejoras elevan una de sus seis estadísticas base y contribuyen también a aumentar la velocidad global. Cinco de esos atributos son comunes: Cornering, relacionado con el paso por curva; Afterburner; Resilience, o resistencia; Ramjet; y Battery. El sexto depende de la clase elegida: Drift en los landspeeders, Kinetic Burst en las speeder bikes y Knife Edge en los skim speeders.

Las piezas son piezas que aportan efectos pasivos y modifican el comportamiento del vehículo en función de su estado y del entorno en el que corremos. Tienen distintos niveles de rareza, y una rareza superior corresponde a un efecto más fuerte. Al principio podemos instalar un máximo de cuatro piezas en cada speeder. Su funcionamiento se combina con el estilo de piloto, las condiciones planetarias y los efectos de estado, de modo que debemos considerar cómo encajan entre sí y con la carrera que tenemos por delante.

Las habilidades las activamos durante la competición para obtener una ventaja ofensiva o defensiva. Podemos descubrirlas y mejorarlas, con capacidad para equipar hasta cinco en el vehículo. Añaden herramientas de uso activo a la configuración, junto a los atributos que elevamos y los efectos pasivos de las piezas.

Por último, hay 14 Estilos de Piloto para desbloquear y probar, cada uno con rasgos y habilidades propios que modifican nuestra forma de competir. Esos estilos condicionan las oportunidades de construcción y la manera de aprovechar el resto de elementos. Una pieza puede reorientar la estrategia, y las sinergias entre componentes, habilidades, estados y condiciones del planeta permiten plantear diferentes formas de correr. La preparación consiste en decidir qué conjunto queremos llevar a la siguiente prueba y cómo vamos a utilizarlo.

Los otros modos: Arcade, ubicaciones y multijugador

El modo Arcade propone eventos preparados de antemano en los vehículos y localizaciones de la Liga, con el cronómetro como referencia. Superar los tiempos objetivo permite desbloquear nuevas pruebas y establecer marcas que nuestros amigos pueden intentar batir mediante eventos recomendados. Este modo también incluye distintas modalidades de carreras de vainas, entre ellas contrarrelojes y carreras con una configuración de evento prefijada.

Las ubicaciones son desafíos de mayor duración centrados en un personaje concreto. Comenzamos con una configuración adaptada a ese personaje, construida para reflejar su personalidad. Su desbloqueo está vinculado a la campaña: al conseguir un Estilo de Piloto se abre también su ubicación correspondiente. De esta manera, los estilos que obtenemos tienen una aplicación adicional en retos organizados alrededor de una identidad de piloto determinada.

El multijugador permite participar en carreras rápidas, carreras de vainas rápidas o en un Recorrido Multijugador. Las carreras rápidas facilitan entrar directamente en competición, mientras que el tour traslada al entorno online la preparación progresiva del vehículo. Todos los tipos de vehículos están disponibles: los landspeeders, las speeder bikes y los skim speeders comparten pruebas de hasta 12 jugadores; las vainas cuentan con carreras rápidas y tours específicos para un máximo de ocho participantes.

El Recorrido Multijugador recorre seis planetas y culmina en una Carrera de Campeonato. En la competición de speeders, la final se celebra en Derven Acos; en la de vainas, el desenlace tiene lugar en Tatooine. Las primeras cinco pruebas sirven para obtener recursos y construir la configuración que utilizaremos en esa carrera definitiva. Cada resultado influye en las posibilidades de preparación para el cierre del tour.

Al comenzar elegimos piloto y vehículo, y personalizamos este último. Cada personaje aporta rasgos, habilidades y un estilo de conducción propio, de modo que la elección del corredor también forma parte de la estrategia. Antes de los eventos podemos apostar por nuestra posición de llegada, señalar a pilotos rivales y aceptar contratos de patrocinadores. El resultado de la carrera y el éxito en estos objetivos proporcionan créditos y recompensas de piezas.

Las apuestas añaden otra decisión antes de salir: debemos anticipar dónde terminaremos y escoger el nivel de compromiso. Los premios dependen de la posición conseguida y de si acertamos la apuesta. Tras cada carrera podemos mejorar el vehículo mediante Mejoras, Piezas y Habilidades, utilizando las ganancias para preparar el siguiente evento y, en último término, la final.

Las recompensas posteriores combinan créditos, puntos de mejora y piezas. Los créditos se conceden en función de la posición, y todos los jugadores reciben una mejora de +3 para distribuir en su speeder. Acertar una apuesta básica otorga un pack de piezas raras con tres piezas entre las que elegir y al menos una rara. Si apostamos All In y acertamos, obtenemos un Legendary Part Pack con cinco opciones y al menos una legendaria.

El multijugador cuenta además con una progresión propia basada en la experiencia obtenida por nuestro rendimiento en los eventos de todos sus modos. Ascender de rango desbloquea personajes, insignias y fondos para el estandarte con el que nos identificamos, además de nuevas decoraciones para personalizar los speeders. Los pilotos disponibles se amplían mediante esa experiencia acumulada al competir.

El Ramjet: acelerar mientras vigilamos la temperatura

Galactic Racer incorpora dos sistemas de impulso. El primero es el Afterburner de toda la vida, con un funcionamiento reconocible para cualquiera que haya pasado unas horas en un juego de carreras: consumimos su reserva para acelerar, esperamos a que se recargue y volvemos a utilizarlo. Su disponibilidad depende de ese ciclo de gasto y recuperación.

Junto a él, los speeders de competición llevan el Ramjet. Para activarlo necesitamos alcanzar primero su velocidad de funcionamiento; a partir de ahí proporciona un gran aumento de velocidad, acompañado de un riesgo térmico. Mantenerlo en marcha durante mucho tiempo hace que la línea azul del indicador se vuelva roja. Entrar y permanecer en ese estado es peligroso.

Si abusamos el vehículo se está sobrecalentando y puede explotar. Sin embargo, determinadas habilidades y estilos de juego conceden beneficios adicionales mientras permanecemos en esa situación. Apurar el Ramjet puede formar parte de una estrategia deliberada, siempre con la posibilidad de que el intento termine en una explosión. La configuración del vehículo interviene en lo que podemos ganar al correr ese riesgo.

Alternar el Afterburner y el Ramjet permite mantener velocidades elevadas, y aprender cuándo recurrir a cada uno forma parte de la conducción. También hay que tener en cuenta el planeta: el calor de Jakku condiciona el uso del Ramjet, el agua de Lantaana ayuda a enfriarlo y el aire helado de Ando Prime permite mantenerlo activo durante más tiempo. La ruta y la gestión del impulso quedan conectadas por esas condiciones del entorno.

Los vehículos: cuatro familias con su propia forma de correr

Los speeders terrestres son los vehículos más directos de pilotar. Están concebidos para seguir la trazada y mantener velocidades altas con estabilidad frente a las dificultades de la carrera. En la galaxia se utilizan para funciones que van del ocio al transporte urbano, pero las versiones de la Liga están preparadas expresamente para una competición agresiva. Su mecánica específica es el derrape, que permite cerrar el giro y conservar velocidad al atravesar las curvas.

Las motos speeder son pequeñas y ágiles, con una gran aceleración y una tendencia a abrirse en las curvas. La velocidad viene acompañada de menor estabilidad, especialmente en giros cerrados y trazadas estrechas. Esta familia parte de un vehículo habitual en Star Wars, presente tanto en las motos flotantes infantiles como en los speeders militares, y lo adapta a las necesidades de la pista.

Su particularidad es el Kinetic Burst: la moto almacena energía al frenar para entrar en curvas cerradas y la transforma después en un gran impulso de velocidad. La frenada participa así en una secuencia de acumulación y aceleración. Ese recurso específico convive con sus características de manejo y exige tener presente cómo entramos y salimos de cada giro.

El speeder rasante se aproxima en su manera de moverse a un caza estelar. Se inclina al girar y puede colocarse de canto mediante el Knife Edge, una maniobra que le permite entrar y salir de curvas cerradas. Su diseño nació como vehículo de contrabandistas, y fue el propio Darius Pax quien lo introdujo en las carreras. La conducción utiliza ese balanceo y la posición de canto para realizar maniobras más avanzadas.

Las vainas, o podracers, representan el extremo de velocidad y peligro. Su potencia y su tamaño impiden que compitan junto a los otros vehículos repulsores, por lo que tienen pruebas separadas. Además de sus retos en Arcade y sus carreras y recorridos online para ocho participantes, desempeñan un papel decisivo en la campaña. Su presencia forma parte del desarrollo de la aventura, aunque el detalle de esa intervención queda reservado a la historia.

Las localizaciones: siete mundos y condiciones que entran en la carrera

Jakku nos lleva a un desierto abrasador convertido en cementerio de naves tras la batalla final del Imperio. Los restos de aquellas embarcaciones forman parte del espacio por el que debemos buscar la trazada. A ese recorrido entre chatarra se suma el calor, que obliga a tener presente la temperatura al utilizar el Ramjet. El pasado del planeta y sus condiciones actuales intervienen en la carrera.

Lantaana presenta un bosque tropical en las laderas de una isla volcánica. Es el hogar de los Taana, que veneran su mayor volcán como una deidad sagrada vinculada a la Fuerza. Entre la vegetación se oculta una instalación geotérmica imperial abandonada, y los ríos de agua y lava aportan condiciones distintas a la conducción: el agua permite enfriar el Ramjet, mientras que la lava puede provocar efectos de quemadura. Elegir por dónde pasar también afecta al estado del vehículo.

Ando Prime cambia el calor por una enorme tundra congelada. Su pequeña y variada población incluye mineros de vonium y antiguos monjes Dai Bendu. El aire gélido permite mantener el Ramjet funcionando durante más tiempo y acumular velocidad, pero el frío también puede alterar el control del vehículo. Las zonas expuestas requieren atención por ese efecto sobre el manejo, incluso cuando la temperatura favorece el impulso.

Sentinel One es un mundo inhóspito atravesado por ríos de ácido letal. Los skakoanos, protegidos por sus trajes presurizados, se atrevieron a levantar allí grandes puestos de escucha. Ahora los Bool extraen minerales de esas corrientes con propósitos que ni los observadores skakoanos conocen. Los mismos ríos que alimentan esa actividad representan una amenaza para los speeders durante las carreras.

Derven Acos comenzó como un refugio de contrabandistas y evolucionó hasta convertirse en un centro de carreras de grandes apuestas. Es la joya de la Liga Galáctica, aunque continúa en construcción, y reúne diversos desafíos ambientales para sus eventos principales. Ese papel dentro del campeonato se refleja también en el multijugador, donde acoge la carrera final del tour de speeders.

Crait combina vastas llanuras salinas, cristales rojizos de rodocrosita y estructuras misteriosas abandonadas. Sobre el planeta circulan rumores, pero pocos conocen realmente este rincón del Borde Exterior. Su aspecto lleva a muchos pilotos a subestimar un entorno traicionero, con peligros que forman parte de su identidad como escenario de competición.

Tatooine aporta la tradición de las carreras de vainas: fue hogar de grandes leyendas y sede de la clásica Boonta Eve del clan Hutt. Su presencia en este deporte ha disminuido tras el ascenso y la caída del Imperio y la muerte de Jabba, pero mantiene una historia ligada a la competición y garajes bien equipados que reciben tanto a veteranos como a aspirantes. Dentro del multijugador, es el destino de la carrera final del tour de vainas.

Una maravilla técnica y jugable

Nuestras sensaciones a los mandos de Star Wars: Galactic Racer no han podido ser mejores. A nivel técnico es una auténtica locura, con un nivel visual de entornos, vehículos y efectos que hacen de cada carrera un espectáculo maravilloso. Además, los comentarios de los diferentes pilotos, en sus diferentes lenguas extraterrestres, añaden un punto de realismo y emoción a la prueba. Y las animaciones que nos muestras como nos estrellamos o cómo hacemos que un rival muerda el polvo son ‘crema’. Y todo con una banda sonora propia de Star Wars que añade dramatismo y tensión a cada curva. El juego está en inglés (y en las múltiples lenguas galácticas) pero cuenta con subtítulos en castellano.

A nivel jugable las sensaciones son sobresalientes también. Hay cuatro modos de dificultad para ajustar el desafío a tu forma de jugar pero el juego aporta tantas mecánicas y modificadores que dominar este juego, tanto en los modos de un jugador como en los imprescindibles modos multijugador, requiere muchas horas pilotando. Los diferentes vehículos, las mecánicas de propulsión y de ‘derrapaje’, las habilidades (que añaden ese toque ‘Mario Kart’ al juego), la personalización, las piezas, los estilos de piloto… Hay tanto donde explorar que no acabamos. Además, hay un montón de circuitos y planetas y muchas cosas por desbloquear y recompensas por recoger. Un juego que nos devuelve cientos de horas para disfrutar de la velocidad más extrema y desafiante de la galaxia.      

Star Wars: Galactic Racer brilla por convertir la velocidad en algo que también se construye entre carreras. Su conducción arcade, las diferencias entre vehículos y la gestión del Ramjet dan forma a una propuesta en la que apurar una curva o unos segundos de impulso importa tanto como elegir las piezas de nuestra siguiente configuración. La campaña por intentos aporta personalidad y motivos para volver a competir, mientras que los recorridos multijugador trasladan esa mezcla de preparación, riesgo y rivalidad al terreno online. Todo ello aprovecha el universo de Star Wars para llevarnos a su vertiente más deportiva y clandestina, con una identidad que va mucho más allá de reconocer planetas y personajes. Un juego de carreras con ambición, carácter y mucho pique.

Valoración 90/100