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Análisis

Project Songbird tiene mucha alma en lo narrativo pero su jugabilidad está lejos de cumplir

Periodista. Siempre desmarcado.

Captura de Project Songbird. FYRE Games
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Project Songbird es un videojuego que trata de desmarcarse de la estela de survival horror modernos. Lo nuevo de FYRE Games crea una atmósfera inquietante y misteriosa gracias al aura de soledad que logra generar y los misterios que nos plantea. Sin embargo, el apartado jugable queda un poco lejos de su narrativa, la cual sí tiene mucha personalidad propia y toca temas como la crisis creativa y el duelo. Como thriller psicológico va de narices, pero a los mandos se despeña por un barranco. Vamos con su análisis.

En el apartado narrativo encarnamos a una artista musical de mucho éxito que atraviesa una crisis creativa. Sus últimas composiciones adquieren un tono lúgubre a causa de un suceso traumático del que no logra levantar cabeza. De este modo, sus creaciones más recientes distan mucho de los ritmos más pop que la llevaron al estrellato y que cautivaron a millones de fans. Por esta razón, decide recluirse en una cabaña en los montes Apalaches, lejos del mundanal ruido y de la sociedad, para experimentar con el sonido y reencontrarse consigo misma.

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Bajo esta premisa, muy pronto nos encontramos con sucesos paranormales que no entendemos y que nos sumergen en un entorno misterioso que poco o nada tiene que ver con el enclave natural al que nuestra protagonista se ha retirado. Conforme avanza el juego nos encontramos con ciertas criaturas que, en el fondo, son una manifestación de sus miedos más profundos y están estrechamente relacionadas con el trauma que sufrió tiempo atrás. Lo curioso es que estos enemigos funcionan bastante mejor como representación simbólica de ese dolor que como amenaza jugable. De este modo, nuestra protagonista dudará, pero seguirá adelante para tratar de desentrañar el misterio que se le ha presentado.

La jugabilidad de Project Songbird queda lejos de lo narrativo

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No diremos mucho más para no entrar en spoilers argumentales ni jugables, pero Project Songbird comienza bastante pronto a romper la cuarta pared. En determinados momentos deja de dirigirse únicamente a la protagonista y empieza a hablar directamente con el jugador, preguntándole qué le está pareciendo la experiencia o cuánto ha avanzado. Son pequeños detalles que desconciertan al principio, pero que terminan cobrando sentido conforme avanzamos.

Más adelante, el autor del juego, Conner Rush, nos habla directamente a nosotros mediante unas herramientas que… bueno, ya lo veréis si jugáis. El caso es que se trata de algo que, al menos yo personalmente, no había vivido nunca en ningún otro videojuego. Y es ahí donde el título demuestra tener mucha alma y personalidad. No hablamos de un videojuego que busque hacerse fuerte mediante unas mecánicas refinadas, sino a través de lo que te cuenta. Cuando atas cabos y entiendes un poco de qué va toda la película, descubres un título con un discurso muy personal y una manera muy poco habitual de relacionarse con el jugador.

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Bueno, para ser sincero, el juego te encandilaría si no fuera porque, para llegar a todo eso, tienes que atravesar un survival horror tosco, poco responsivo y con puzles más bien sencillos aunque poco explicados. El diseño de niveles, en cuanto se abre un poco, hace aguas ya que, aunque normalmente queda más o menos claro hacia dónde ir, a veces es bastante obtuso, por lo que corres el riesgo de deambular de un lado a otro de algún escenario moderadamente más abierto sin saber muy bien qué estás pasando por alto.

A esto se le suma el “sistema” de combate, si se le puede llamar así. Porque, entre las herramientas que usas, tienes un hacha que podrás usar para abrir caminos y también para combatir a enemigos. En el primer sentido, el funcionamiento es pobre pero efectivo. Contra enemigos le falta algo más de feeling. Es poco responsivo y rudimentario. A lo que más me recuerda es a los golpes con el pico de Minecraft. Por momentos da la sensación de que al juego le habría quedado mejor ser simplemente un walking simulator y haberse ahorrado este apartado. Una sensación que se refuerza en cuanto tienes acceso a un arma de fuego, ya que ni siquiera los combates a distancia consiguen aportar tensión o mejorar unas sensaciones a los mandos que nunca terminan de funcionar.

Y esa es probablemente la mayor paradoja de Project Songbird. Cuanto más intenta ser un survival horror tradicional, peor funciona. Los combates, los puzles e incluso parte de la exploración terminan convirtiéndose en un obstáculo entre el jugador y aquello que realmente merece la pena: su historia. Da la sensación de que el juego habría sido mucho más redondo si hubiera abrazado sin complejos la fórmula del walking simulator o la aventura narrativa y hubiera dejado que su narrativa llevase todo el peso de la experiencia.

Del apartado artístico al rendimiento del juego

En cuanto al apartado artístico, el juego Project Songbird apuesta por la primera persona para reforzar la sensación de inmersión. A nivel visual, el juego pasa de adoptar situaciones y entornos “realistas” a paisajes oscuros, entornos crípticos y elementos sobrenaturales para separarnos por completo de esa sensación de tranquilidad que nos da el bosque. Pese a todo, el acabado del juego dista un poco de esa calidad técnica que insinuaban los tráileres, hay un poco de downgrade gráfico, aunque bueno, eso les pasa a casi todos.

Aunque hay que decir que el mayor valor de este título es, precisamente, artístico. No es un juego que a nivel visual invente algo que no hayamos visto antes, pero sí que utiliza recursos narrativos, los cuales no voy a destripar para que quien quiera jugarlo los descubra por sí mismo, que son completamente novedosos. O, al menos, yo no los había visto antes en otros títulos. Aunque solo sea por eso, a nosotros nos ha merecido la pena la experiencia. Advertimos desde el primer momento que se hace difícil a los mandos, pero creemos que, a pesar de todo, el mensaje que hay de fondo funciona.

En cuanto a lo técnico, nosotros lo hemos jugado en una PS5 Pro, pero puedes jugarlo prácticamente en cualquier sitio, incluso en PCs de bajos recursos, ya que no es una experiencia muy demandante. Más allá de eso, Durante nuestra partida también hemos experimentado algunos tirones puntuales, nada especialmente grave, pero sí lo suficientemente frecuentes como para pensar que todavía hay margen de mejora en la optimización.

Conclusiones de Project Songbird

Project Songbird es un título difícil de explicar, porque el juego tiene todo el alma de su creador, pero es un auténtico engorro tener que pasar por unos controles toscos, un combate deficiente, puzles sencillos y escenarios que no se explican del todo bien a sí mismos para alcanzar el momento en el que el juego te hace “clic”. Tiene problemas evidentes, pero aun así abrimos una ventana a su recomendación.

No es para todo el mundo. A poco que hayas jugado alguna vez a algún survival horror, probablemente sus limitaciones te resulten muy evidentes y, para lo poco que dura (entre cuatro y cinco horas, según lo mucho o poco que te pierdas), pasarás buena parte del tiempo esperando a que empiece a descubrirse el pastel. Y este, por cierto, se hace bastante de rogar.

Sin embargo, una vez terminado, resulta curioso que apenas recuerdes los puzles o los combates. Lo que permanece son las ideas que plantea, las imágenes que propone y la forma en la que juega con el propio jugador. Y eso habla muy bien de su narrativa… aunque también deja claro que su mayor enemigo termina siendo el propio videojuego que intenta construir a su alrededor.

Plataforma para el análisis: PS5 Pro

Lo bueno:

  • Una narrativa con mucha personalidad que aborda el trauma, el duelo y la crisis creativa.
  • Rompe la cuarta pared de formas muy originales y poco habituales en el medio.
  • La atmósfera y el apartado artístico sostienen muy bien el tono de terror psicológico.
  • Algunas de sus ideas narrativas permanecen contigo una vez terminado.

Lo malo:

  • El combate es tosco, poco responsivo y con muy poco game feel.
  • Los puzles son demasiado sencillos y, en ocasiones, poco intuitivos.
  • El diseño de niveles puede resultar confuso cuando los escenarios ganan tamaño.
  • Da la sensación de que el survival horror lastra una experiencia que habría funcionado mejor como aventura narrativa o walking simulator.
  • Algunos tirones puntuales incluso en PS5 Pro.
Valoración 60/100