Pokémon Pokopia, una pradera insólita donde quedarse a vivir
Pokémon Pokopia ha sido durante todo este trayecto hasta probarlo en la Switch 2 como ese juego eternizado en la wishlist que siempre he querido sin esperarlo, porque en sí la vertiente cozy nunca ha sido de mi interés. Habla un enamorado de la saga Pokémon desde la salida del Pokémon Rojo y de saborear durante años el anime, una época donde las peleas no eran tan importantes como la conexión con las criaturas, algo que ensalza este juego entre otras tantas cosas hasta robarte media vida y un pedazo de tu corazón.
El planteamiento de Omega Force y Game Freak era en esta ocasión un punto de interés ocasional cuando hasta ahora todo lo que era crear huertos y decorar casas me parecía un pasatiempos destinado a otros. Ahora abrazo esa sensación de paz en Pokémon Pokopia por lo que significa el juego en sí, una ruptura con esa barrera habitual alejada de los grandes títulos numéricos que consigue pasar a algo tan infinitamente grande tanto en planteamiento como en experiencia.
Pokémon Pokopia es un lugar donde te puedes quedar a vivir. No hace falta tener claro ni lo que quieres hacer después de encender la Switch 2 y estar diez minutos dando vueltas hasta tomar una decisión entre las misiones diarias o los quehaceres de las rutinas. Quizás es echar un rato de recolección, otro de construcción, o simplemente de hablar con los Pokémon, esa última una de las mejores decisiones del juego.
Cómo desde el planteamiento un juego de Pokémon ha logrado ya no solo darle vida a las criaturas sino ensalzarlas con una personalidad tan clara y marcada merece mis respetos. Es algo que no se veía desde el anime o quizás en una perspectiva menor desde Mundo Misterioso, pero que además se incrementa con la magn ífica localización al español. Esa sensación de seguir sus directrices, mantener conversaciones o disfrutar de la interacción entre ellos lo es todo, y a veces el cuerpo me pide más de ese guion para dejar la tarea pendiente y conocer más de por qué ese Pinsir la tiene cruzada con Scyther.
Eso es para mí Pokémon Pokopia. Es el alma del Dragon Quest Builders pero con el latido del Ash Ketchum que enamoró a toda una generación, porque está presente en la personalidad de cada pokémon hasta el punto de construir tu propia historia con ellos dándole más o menos protagonismo según el momento. Y el fin de todo es estar, subir a lo más alto de una colina en una de las zonas y disfrutar la construcción, de todo lo que has hecho para sentirte en paz junto a una banda sonora que además te empuja a ello.
A veces me pregunto cómo medio mundo parece estar encerrado en construcciones imposibles mientras yo supero la historias mientras recupero de cualquier forma la primera zona para fluir con el juego. Porque los avances medidos pueden romper tu tiempo cuando, con dos hijos en casa, uno no encuentra horas en el día...pero luego pienso que hay tantas cosas en este Pokopia para hacerlos partícipes de la jugabilidad, que sólo quiero esperar a que crezcan. Lo que transmite el juego y el cómo lo hace, me recuerda a ese flechazo por la primera generación. A cuando era un acontecimiento ver por primera vez a Togepi en el anime y alucinar con descubrir quién era ese huevo que nadie conocía en el grupo de amigos porque no estaba ni en mi Pokémon Rojo ni en su Pokémon Azul.
Pokémon Pokopia es indudablemente un antes y un después; es lo que Pokémon puede llegar a ser desde esa otra visión, y lo va a hacer si mira en otras direcciones porque esto ha funcionado increíblemente bien. Es un acercamiento muy natural a la alegría, es esa conexión incluso a aquellos a los que no estaban pendientes de él. Porque Pokopia además de ser un "vende consolas" automático, es ese juego que puedes regalar en dos años; es un reinicio constante a sentirse completo, relajado y dentro de la saga como hace mucho que no estábamos.

