La mandíbula también corre en la Fórmula 1: qué les pasa a los dientes de los pilotos cuando compiten

Fernando Alonso conduce su Aston Martin durante un Gran Premio. Europa Press
Dra. Eugenia Cervantes
  • Fuerzas G, altas temperaturas, esfuerzo cardiovascular y una concentración extrema someten al cuerpo de un piloto a una enorme exigencia durante una carrera

  • Una reciente investigación realizada con pilotos profesionales pone ahora el foco en una parte de la que apenas se habla: la mandíbula

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Cuello, brazos, piernas, corazón… Cuando un piloto de Fórmula 1 se pone al volante, prácticamente todo su cuerpo entra en competición. Las altas velocidades, las frenadas, el calor y la necesidad de mantener una concentración máxima durante toda la carrera convierten este deporte en una prueba de enorme exigencia física y mental. Pero hay una parte del cuerpo de la que apenas se habla: la mandíbula.

Coincidiendo con la llegada de la Fórmula 1 a Madrid, una reciente investigación publicada en Dentistry Journal ha puesto el foco precisamente en ella. El trabajo, realizado con 20 pilotos y copilotos profesionales durante una competición de motor, monitorizó la actividad de los músculos de la mandíbula y el cuello y observó un predominio de los episodios de apretamiento mandibular frente al rechinamiento de los dientes durante la carrera. Los investigadores encontraron, además, una asociación entre la carga de la musculatura cervical y el número de episodios de apretamiento.

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“En Fórmula 1 hablamos muchísimo de cómo las fuerzas G afectan al cuello de los pilotos, pero muy poco de lo que puede ocurrir con su mandíbula. Ante una situación de máxima tensión y concentración podemos apretar los dientes de forma inconsciente y, si esa presión se repite constantemente, los dientes también pueden terminar absorbiendo parte de esa carga”, explica la Dra. Eugenia Cervantes, odontóloga especializada en estética dental avanzada y diseño de sonrisas.

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Más de 4 G en una curva y alrededor de 5 G en una frenada

La exigencia física a la que se enfrenta un piloto de Fórmula 1 está ampliamente documentada. Una revisión científica publicada en 2026 en British Journal of Sports Medicine recoge las elevadas demandas fisiológicas que implica este deporte. En determinadas situaciones, los pilotos pueden estar sometidos a fuerzas superiores a 4 G en curva y cercanas a 5 G durante algunas frenadas, lo que genera importantes cargas sobre la musculatura del cuello y los hombros. Una exigencia que se repite vuelta tras vuelta y a la que se añaden el estrés térmico, el esfuerzo cardiovascular y la necesidad de tomar decisiones a gran velocidad durante toda la competición.

“Un piloto entrena el cuello para soportar las fuerzas G, trabaja su resistencia cardiovascular y se prepara para competir bajo temperaturas extremas. Desde el punto de vista odontológico, la pregunta interesante es: ¿estamos prestando suficiente atención a otra estructura que también puede estar sometida a tensión durante la carrera, como la mandíbula?”, señala Cervantes.

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¿Qué puede ocurrir en los dientes cuando apretamos demasiado?

Apretar los dientes de manera puntual no significa necesariamente que exista un problema. Sin embargo, cuando la presión es excesiva, frecuente o mantenida en el tiempo, puede aumentar la carga que soportan tanto las piezas dentales como los músculos encargados de mover la mandíbula.

Entre las posibles consecuencias de un apretamiento intenso y repetido se encuentran el desgaste progresivo del esmalte y de los bordes dentales, sensibilidad, pequeñas fisuras o microfracturas en dientes vulnerables y sobrecarga de la musculatura mandibular

Una de las particularidades de este tipo de desgaste es que no siempre produce dolor desde el principio. Las señales pueden ir acumulándose progresivamente hasta que el paciente comienza a notar sensibilidad, molestias musculares o cambios visibles en los dientes. “Lo interesante del apretamiento dental es que no siempre avisa. Un piloto podría no sentir dolor y, sin embargo, ir acumulando pequeños desgastes, fisuras o sobrecarga muscular. Muchas veces son los propios dientes los que nos cuentan que existe un exceso de tensión antes de que el paciente sea consciente de ello”, explica la odontóloga.

El desgaste de los bordes dentales, la aparición de pequeñas fisuras, una mayor sensibilidad o despertarse con sensación de cansancio o rigidez en la mandíbula pueden ser algunas de las señales que hagan recomendable valorar si existe una sobrecarga.

De la Fórmula 1 al atasco de cada mañana

Aunque las condiciones físicas de un piloto profesional son extraordinarias, apretar los dientes de forma inconsciente no es algo exclusivo del deporte de élite.

El estrés y determinadas situaciones que requieren una elevada concentración pueden favorecer que mantengamos la mandíbula en tensión sin ser conscientes de ello. La diferencia está en la intensidad, frecuencia y duración de esa carga y en las circunstancias particulares de cada persona

Por eso, más allá de lo que ocurre dentro de un monoplaza, Cervantes recomienda prestar atención a las señales que pueden aparecer en la boca.

“Los dientes pueden darnos información sobre hábitos que realizamos de forma inconsciente. Detectar desgaste, fisuras o signos de sobrecarga no significa necesariamente que exista un problema grave, pero sí puede ser una pista para estudiar qué está ocurriendo y evitar que progrese”, concluye.