Vinicius se reivindica a lo grande: un golazo para acabar con una racha de tres meses

Vinicius marca su primer gol desde el 4 de octubre
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El Clásico no entiende de silencios prolongados ni de segundas oportunidades… salvo cuando aparece alguien dispuesto a romper su propia historia. Vinicius Junior llevaba tres meses sin marcar, cargando con la presión, las miradas y las dudas. Y justo cuando el Real Madrid caminaba por el alambre tras el golpe inicial del Barcelona, el brasileño eligió el mejor escenario posible para gritar que sigue aquí. Con un golazo, con rabia y con fútbol en la Supercopa de España.
Raphinha golpea primero
El Barcelona fue el primero en encontrar premio. En una fase del partido en la que el Madrid aún buscaba orden y precisión, Raphinha adelantó a los azulgranas, castigando una transición mal defendida y dando ventaja a un Barça que supo leer el contexto. El gol asentó al equipo de Flick, que empezó a manejar el ritmo del encuentro con más calma y personalidad.
El tanto obligó al Madrid a cambiar el plan. Los blancos asumieron riesgos, subieron líneas y empezaron a vivir más tiempo en campo rival, pero sin demasiado colmillo en los metros finales. El partido parecía caminar hacia el descanso con ventaja culé y con un Vinicius participativo, sí, pero todavía sin la chispa definitiva. Hasta que decidió romperlo todo.
Vinicius empata y se libera
Cuando el Madrid más necesitaba una respuesta, Vinicius apareció para firmar el 1-1. Y no fue un gol cualquiera. Fue una declaración. El brasileño recibió abierto, arrancó con potencia, destrozó a Koundé, amagó dentro del área, se fabricó el espacio ante Cubarsí y fusiló al fondo de la red con una acción tan eléctrica como liberadora.
Un golazo que igualaba el partido tras el tanto de Raphinha y que, además, ponía fin a una sequía que se alargaba desde el 4 de octubre. Tres meses después, Vinicius volvía a marcar… y lo hacía en un Clásico, en una final y cuando más falta hacía.
El empate cambió el guion. El Madrid se liberó mentalmente y el brasileño también. Su celebración, cargada de rabia y alivio, fue el reflejo de todo lo acumulado en este tiempo sin gol. A partir de ahí, Vinicius volvió a pedir el balón, a encarar y a ser ese futbolista diferencial que desequilibra partidos grandes.
El 1-1 no solo devolvió al Madrid al partido: reconectó a Vinicius consigo mismo. Y en un Clásico, eso siempre tiene consecuencias.
