La Supercopa como presagio: cuando el Clásico de enero marca al campeón de Liga

Cuarta final seguida de Supercopa entre Barça y Madrid
Joan Laporta y Florentino Pérez, obligados a verse tras un divorcio total entre Barça y Real Madrid
Enero dicta sentencia antes de tiempo. Al menos eso dice la tendencia. En los últimos años, levantar la Supercopa de España no ha sido solo un título más en la vitrina, sino una señal inequívoca de lo que acabaría ocurriendo en mayo. Barça y Real Madrid vuelven a cruzarse en una final que ya es costumbre, con un precedente inquietante: quien gana este Clásico, suele acabar gobernando la Liga.
El historial de las finales de la Supercopa de España
Esta será la cuarta final consecutiva de Supercopa entre Barça y Real Madrid, algo impensable hace solo una década. Y si algo han tenido todas, ha sido espectáculo. Mucho gol. Mucha narrativa.
La más reciente aún está fresca en la memoria culé: 5-2 del Barça, una exhibición con sabor a cambio de ciclo. Marcaron Lamine Yamal, Lewandowski y Raphinha por partida doble, en una final que pudo ser aún más amplia de no ser por la expulsión de Szczesny en el minuto 57.

Un año antes, el guion fue radicalmente opuesto. 4-1 del Real Madrid, con un Vinicius Junior desatado firmando un hat-trick que simbolizaba su punto más alto como líder blanco. Esa es la versión que el madridismo sueña con recuperar: un Vinicius decisivo, dominante y sin freno ante el Barça.

Y en 2023 llegó el anuncio solemne: “Empieza una nueva era”. Ronald Araujo lo dijo tras el 3-1 azulgrana, con Xavi Hernández en el banquillo y Gavi como símbolo de un Barça rejuvenecido. La historia, sin embargo, recordó después lo efímeras que pueden ser las eras.

Supercopa hoy, Liga mañana
El dato pesa como una losa: en las últimas finales de Supercopa, el campeón de enero acabó siendo campeón de Liga en mayo. No es una coincidencia menor. Es una tendencia que convierte esta final en algo más que un título.
La Supercopa se ha transformado en un termómetro competitivo. Marca estados de forma, refuerza liderazgos y deja heridas difíciles de cerrar. El equipo que gana no solo suma un trofeo: gana confianza, relato y ventaja psicológica.